viernes, 21 de septiembre de 2018

Smart Contracts, ¿el futuro de las relaciones contractuales entre empresas?

  • Escrito por Pedro Ramos Cueto, abogado de Cuatrecasas
La tecnología blockchain abre la puerta a los llamados 'smart contracts' La tecnología blockchain abre la puerta a los llamados 'smart contracts'

Para muchos, blockchain va a revolucionar el modo en que funcionan las empresas y las relaciones empresariales. Esta tecnología descentralizada democratizará el acceso a la información de forma transparente, rápida y sin intermediarios, haciendo todos los procesos más ágiles, eficientes y baratos.

Ello, a su vez, permitirá multiplicar las opciones de todos los intervinientes en el sector empresarial, a pequeñas empresas posicionarse y desarrollar líneas de negocio impensables hasta ahora e, incluso, tener una capacidad negociadora con grandes operadores y actores financieros desconocida hasta la fecha.

En este contexto, toman especial trascendencia los llamados contratos inteligentes (smart contracts). Estos, más que contratos, son programas informáticos (software) que se ejecutan y regulan autónomamente, permitiendo que el acuerdo de voluntades que subyace en estos se cumpla de manera automática, sin necesidad de las partes de intimarse. Reduciendo, por tanto, las posibilidades de que las partes puedan incumplir, suponiendo además una simplificación de procesos que conlleva, asimismo, un importante ahorro de costes.

En resumen, por medio de los contratos inteligentes, las partes de un contrato aceptan regular su relación jurídica (o las consecuencias de su relación jurídica) mediante un software informático que ejecuta automáticamente órdenes mutuas (por ejemplo, de pago) si se cumplen los hitos previstos en el propio contrato, teniendo éste la capacidad de comprobar el cumplimiento de dichos hitos de forma automática e independiente de las partes y, a partir de ese momento, ordenar también automáticamente la ejecución de las consecuencias del cumplimiento de dichos hitos.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos un agricultor y una empresa aseguradora que, por medio de un contrato inteligente, acuerdan el mecanismo de devengo y pago de la eventual indemnización que le pudiera corresponder al agricultor en caso de inundaciones. Asimismo, el contrato prevé que se determinará si existe o no inundación en función de la información que al respecto emita una torre meteorológica cercana a los terrenos cultivados. Si la torre meteorológica transmite al sistema que se dan los presupuestos para considerar que existe inundación (por ejemplo, litros por metro cuadrado en un determinado espacio de tiempo), el contrato, automáticamente, ordenará el pago de la indemnización al agricultor (por ejemplo, mediante orden de transferencia a la entidad bancaria de la aseguradora, que también sería parte del contrato inteligente), de manera que ni el agricultor tendría que reclamar el pago o probar el siniestro, ni la aseguradora comprobar el siniestro o dar orden de pago.

Como hemos visto, los contratos inteligentes tienen la capacidad de ejecutarse y hacerse cumplir por sí mismos, de manera autónoma y automática, sin necesidad de intermediarios ni mediadores. Además, no están sujetos a discusión en función de la voluntad de las partes, esto es, no necesitan ser interpretados ni puede discutirse acerca de la verdadera voluntad de las partes en supuestos de difícil interpretación, pues al ser códigos informáticos, sus términos son la propia programación que contienen y que se ejecuta automáticamente, sin que quepa interpretación al respecto.

Este autogobierno y autocumplimiento de contratos inteligentes conlleva que, en principio, las partes no pueden decidir incumplir. Una acción (judicial) para impedirlo sería inútil, reduciendo la litigiosidad por incumplimiento.

Otra característica de los contratos inteligentes es el hecho de que, a través de la tecnología blockchain, son inmutables, por lo que no es posible intentar modificar, posteriormente, la voluntad manifestada de las partes; esto es, a sus firmantes les permite, a futuro, tener una relación predecible, incorruptible, transparente y que asegura el cumplimiento mutuo de las prestaciones comprometidas.

No obstante todas las indudables ventajas que tienen, los contratos inteligentes también conllevan ciertos inconvenientes, entre otros los derivados de una deficiente elaboración del código, que puede conllevar la existencia de lagunas que no puedan subsanarse una vez implementado el contrato y añadido a la blockchain. Debe tenerse en cuenta que su propia sistemática dificulta o impide la aplicación de cláusulas y principios generales que se utilizan para restaurar o garantizar el equilibrio contractual: rebus sic stantibus, buena fe, integración de lagunas, equidad, etc., por lo que cualquier error en la elaboración o implementación del código, por ejemplo, sería difícilmente subsanable por las partes, con las graves consecuencias que ello podría conllevar.

En definitiva, estamos ante un instrumento que, tomando como base la tecnología blockchain, puede facilitar, agilizar y abaratar las relaciones jurídicas entre operadores, si bien requiere que la elaboración e implementación del contrato inteligente se haga por expertos (ingenieros y abogados) que tengan la capacidad de predecir y evitar la existencia de potenciales lagunas o errores que, al ser difícilmente subsanables por la propia sistemática de la blockchain, pudieran conllevar la imposibilidad del cumplimiento mutuo de las obligaciones contraídas y cuya ejecución se pretende automatizar y asegurar, con las graves consecuencias que ello podría conllevar.