sábado, 18 de agosto de 2018

Cambio Climático


Tribuna de opinión de Daniel Sorichetti, especialista en Marketing Internacional, Cambio Climático y Protocolo de Kyoto.


Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), tanto el agua como el aire y la tierra han sido las víctimas del accionar irracional del hombre. Este amplio análisis en el que trabajaron decenas de expertos abarcó diferentes puntos críticos del planeta, dibujando un mapa de la situación actual, recomendaciones políticas y proyecciones hacia el futuro para los cinco continentes. Sus autores resaltan evidencia visible e inequívoca de los efectos del cambio climático y destacan que las actividades humanas han sido decisivas en este cambio.

Desde 1906, la media de las temperaturas globales aumentó en unos 0,74º y se prevé que el cálculo más aproximado de aumento en ese siglo oscile entre 1,8º y 4º. Algunos científicos creen que un aumento de 2º en la temperatura media global por encima de los niveles preindustriales es un umbral a partir del cual la amenaza de un daño grave e irreversible es más verosímil. El informe del Pnuma indica que los núcleos glaciales muestran que los niveles de dióxido de carbono y de metano se encuentran muy lejos de su rango de variabilidad natural de los últimos 500.000 años: el clima de la Tierra ha entrado en una situación sin comparación en la prehistoria reciente. Las temperaturas medias en el Ártico están aumentando dos veces más rápido que en el resto del mundo. En tanto, la subida del nivel del mar provocada por la expansión térmica del agua y por el derretimiento de los glaciares y de los mantos de hielo continuará durante el futuro predecible y tendrá consecuencias enormes en potencia: más del 60% de la población en el mundo vive a una distancia de 100 kilómetros de la costa. Es posible que el aumento de la acidificación y de las temperaturas del océano afecten también a la seguridad alimentaria mundial. La diarrea y la malaria se extenderán más.

Por otra parte, las tendencias actuales no favorecen un proceso de estabilización de las emisiones de gas de efecto invernadero y algunos pueden continuar en la atmósfera durante 50.000 años. Por último, se indica que las catástrofes naturales afectan a más de 250 millones de personas al año alrededor del mundo. La foto de esta realidad movilizó a los países industrializados, que se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero tras la firma del Protocolo de Kyoto. Además, a las cuestiones medioambientales se suma la dependencia de algunos países del suministro externo. Por ejemplo, de no tomarse medidas, en 2030 la Unión Europea (UE) deberá importar el 70% de la energía que necesita.

Estamos en el comienzo: el camino posible conduce a  programas de uso racional de la energía y a la utilización de fuentes de energía renovables. El Plan de Acción 2008-2012 de la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética de España se propone generar un ahorro de 87,9 millones de toneladas equivalentes de petróleo (el equivalente al 60% del consumo de energía primaria en España durante 2006) y permitirá una reducción de emisiones  de CO2 a la atmósfera de 238 millones de toneladas.

El Plan involucra al sector privado, ya que concentra sus esfuerzos en siete sectores (Industria, Transporte, Edificación, Servicios Públicos, Equipamiento Residencial y Ofimático, Agricultura y Transformación de Energía) y especifica medidas concretas para cada uno de ellos. Su puesta en marcha esgrime varias razones, como la elevada dependencia energética exterior de España, superior al 80%, frente al 50% medio de la UE, y las altas tasas anuales de crecimiento de la demanda energética, por encima del crecimiento del PBI, lo que indica una tendencia creciente de la intensidad energética, contraria a la tendencia media decreciente existente en el conjunto de la región. Las inversiones realizadas para desarrollarlo serán compensadas por los beneficios derivados por ahorro de energía y menor importación (fundamentalmente de derivados del petróleo) y por los beneficios por emisiones de CO2 evitadas y el consecuente menor recurso a los mercados internacionales de créditos de carbono.

En octubre de 2007, la Organización Mundial de Turismo (OMT) realizó la Segunda Conferencia  Internacional sobre Turismo y Cambio Climático en Davos (Suiza), donde se expusieron los estudios realizados al respecto y se propusieron medidas políticas que permitan al turismo responder a los retos del cambio climático y, a la vez, reducir su propia contribución al calentamiento global. Entre otras alternativas se recomienda que se adopte el compromiso de instalar un Código de Buenas Prácticas y de certificar normas de calidad, como la ISO 14000 o similares. También, se sugiere a los gobernantes disminuir el impuesto a las ganancias de aquellas empresas que demuestren fehacientemente apostar por una gestión sostenible y aumentar los gravámenes a las actividades que lesionan el medio ambiente. Se promueve la elaboración de una cartilla destinada al viajero con el objeto de impulsar comportamientos y actitudes sustentables. La OMT también propone priorizar en una primera etapa los trabajos en las actividades económicas potencialmente más contaminantes, como transporte, hostelería y gastronomía, puertos, estaciones de esquí, balnearios, terminales de transporte y polos de atracciones naturales y culturales de gran concentración de personas. La contribución de estas actividades hacia el consumo eficiente es importante si se tiene en cuenta que en 2007 se contabilizaron más de 800 millones actuales de llegadas internacionales, que se transformarán en 2020 en 1.600 millones de llegadas. A esta cifra se suman los viajes realizados por el mercado doméstico, que superarán los 4.000 millones de desplazamientos.

En lo que respecta al sector hotelero y restaurantes, la Federación Empresarial Hotelera Gastronómica de la República Argentina (Fehgra) tomó cartas en el asunto y editó el Manual de Uso Racional de Energía para Establecimientos Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina. Mediante consejos sencillos y posibles, se impulsa la reducción del consumo de energía eléctrica y de combustibles, se promueve el cambio de hábitos y actitudes de uso para lograr una mayor eficiencia en su utilización, se conciencia en el uso racional de los recursos energéticos y la preservación del medio ambiente a huéspedes y personal hostelero y se informa sobre las tecnologías limpias y/o alternativas para la generación de energía. A su vez, el uso eficiente, racional y sostenible de la energía beneficiará económicamente a las empresas del sector, ya que supone el segundo rubro en los costos empresariales, sólo superado por los salariales. Especialmente los establecimientos hoteleros utilizan una notable cantidad de energía para suministrar sus servicios. En la actividad, la energía eléctrica se usa sobre todo para iluminación, refrigeración del ambiente, lavandería, mantenimiento y climatización de piscinas y cocina. En el campo del gas natural, se cuentan calefacción del ambiente, lavandería, obtención de agua caliente sanitaria y cocina.

El uso de otros combustibles, como el gasoil o el fueloil, es variado y depende del área geográfica, del precio y del sistema de redes. Los sistemas que consumen más energía en las empresas hoteleras son la climatización y la iluminación superando el 70% del consumo total. El Manual de Uso Racional de Energía indica que los empresarios del sector deben controlar periódicamente que todas las ventanas, puertas y persianas estén bien ajustadas para que no se produzcan corrientes de aire; instalar toldos en las ventanas orientadas al Este y al Oeste para eliminar en verano la radiación solar, con lo que disminuirán las necesidades de climatización; aislar paredes y techos para proteger tanto del frío como del calor y de los ruidos; ventilar las habitaciones durante sólo 15 minutos y luego cerrar las ventanas para ahorrar refrigeración o calor; comprar electrodomésticos de bajo consumo en agua y electricidad; instalar restrictores de flujo para ducha e inodoro para ahorrar agua, cuyo bombeo, purificación y transporte consume energía; mantener en óptimas condiciones los sistemas de iluminación, refrigeración, ventilación y motores para evitar una disminución en su eficiencia; automatizar el horario de encendido y apagado de las luces en parques, jardines, vidrieras, etcétera.

En Argentina, los prestadores de servicios turísticos en los dos atractivos monumentales, los Glaciares (Santa Cruz) y las Cataratas (Misiones) certificaron Normas ISO 14000 para garantizar una gestión sostenible. En el sur, San Martín de los Andes (Neuquén) certificó normas OMT-Sbest Escelencia a la Gobernanza Turística, que ostentan pocas ciudades en el mundo, entre ellas, Blackstone River Valley (Estados Unidos), el estado de Tabasco (México), Durabn Kwa-Zulu-Natal (Sudáfrica), la ciudad de Valencia (España) y Cancún (México). Por otra parte, algunas cadenas hoteleras líderes en el mundo destacan entre sus valores la posesión de etiquetas de “emisión cero de carbono”, a través de la utilización de tecnologías alternativas para refrigeración, calefacción, lavandería y demás aplicaciones; o mencionan el reciclado biológico de agua para el riego de ciertas especies de flora y la contribución para preservar algunas especies animales que habitan en las cercanías en peligro de extinción. En los países desarrollados, los empresarios que siguen estos consejos son denominados “ambientalmente amigables”. Ésta es la tendencia.