martes, 21 de agosto de 2018

TAX Manager 2.0

  • Escrito por Almudena Sánchez García-Lomas, Directora Región Sur Finance & Innovation de Ayming

ALMUDENASANCHEZGARCIA-LOMAS-AYMINGLa figura del Responsable Fiscal resultará clave en la toma de decisiones de las compañías de manera imperativa. En una coyuntura cada vez más compleja, volátil y regulada, los departamentos de fiscalidad han de dar respuesta de forma proactiva a este contexto tan cambiante, tanto a nivel doméstico como internacional.

Aquellas compañías que no evolucionen en este sentido dejarán de ser competitivas e inclusive atractivas para los consumidores e inversores. Por tanto, resulta imprescindible (obligatorio para algunas) que la función fiscal esté involucrada en la planificación de la estrategia de la empresa, aporte beneficios concretos en las decisiones que acompañan al negocio, resulte ágil y cuide la transparencia fiscal e imagen de la compañía.

Es un hecho cierto que la función fiscal está inmersa en un profundo cambio que los propios fiscalistas deben abanderar si quieren culminarlo resultando un activo estratégico de la compañía. Pero, ¿están preparados los departamentos de fiscalidad para responder de manera ágil a los retos a los que se enfrentan las compañías?

A día de hoy, el Responsable Fiscal emplea hasta el 70% de su tiempo en funciones tradicionales como el cumplimiento de las obligaciones tributarias y la elaboración de reportes de información para uso interno y externo. En el futuro, cobrará protagonismo su participación en la definición de la estrategia y se producirán cambios significativos en la manera de abordar otras tareas tradicionales como las relaciones con la Administración tributaria, cada vez más colaborativas en aras a la transparencia o en el asesoramiento de las transacciones del día a día, que debe tornarse proactivo, anticipado e integrado.

Entre los distintos propulsores de esta evolución cabe destacar, además de la transparencia, el buen gobierno y el control y gestión del riesgo, la internacionalización, la complejidad normativa, las ingentes obligaciones tributarias y la optimización de recursos, resultando que la conversión de la función fiscal está integrada en la de las demás funciones de la empresa.

El denominador común de todos estos aspectos es la necesidad de gestionar muchos datos para generar información de distinta índole (lo que algunos expertos han denominado el data flow), lo que implica automáticamente una necesidad de emplear de manera efectiva la tecnología hoy en día disponible. En consecuencia, el proceso que hay que acometer de manera inexorable para triunfar en la transformación es el de la automatización tecnológica, base del director fiscal del futuro.

Responsable fiscal que tendrá también, por tanto, que ser o contar en su equipo con un experto analista y de las Tecnologías de la Información. En definitiva, la transformación digital de la función fiscal resultará imprescindible para llegar al Tax Manager 2.0.