sábado, 22 de septiembre de 2018

Posicionar primero, exportar después

  • Escrito por Miguel Ángel García, director de Marketing y Promoción del Consorcio del Jamón Serrano Español

Nuestro país se caracteriza por su variedad de productos gastronómicos, que nos definen fuera de nuestras fronteras: jamón serrano, aceite de oliva, turrón, chorizo... Una lista innumerable de artículos, que han conseguido hacerse un hueco en otros mercados gracias a su posicionamiento en España. Si nos paramos a pensar unos segundos, ¿quién no se siente orgulloso de nuestro jamón serrano y lo define positivamente allá donde vaya?, ¿quién no ha comprado este producto para que sus amigos extranjeros lo prueben?, ¿cuántos ciudadanos foráneos conocemos que compran jamón serrano de alta calidad en su país? Ese es el resultado.

Las empresas autóctonas han trabajado durante muchos años para asentar su producto en España. Es cierto que hay productos que no necesitan publicidad aquí, pero sí fuera y no hay mejor estrategia de marketing que el posicionamiento en el país de origen. Nos facilita la extensa labor que supone viajar con un producto bajo el brazo, darlo a conocer, conseguir que los distribuidores lo adquieran y, por supuesto, que los consumidores del país lo quieran incluir en su cesta de la compra. Un largo proceso cuyo punto de partida comienza en nuestro terreno.

Los profesionales del sector de la alimentación, en concreto, somos conscientes de que la cultura y la tradición influyen en el posicionamiento del producto, pero debemos mantenerlo a lo largo de los años. Es necesario que lo cuidemos y aseguremos su proceso de elaboración, su calidad, su textura, su sabor y su presentación ante el consumidor. Si así lo hacemos, podemos confirmar que el posicionamiento se mantendrá. Pongamos un pequeño ejemplo, el jamón serrano. Un producto muy conocido en España, muy popular y muy querido. La mayoría de los consumidores lo consideramos como plato fundamental en la mesa, ya sea de aperitivo, para cenar con unos amigos o para celebrar una buena noticia. Eso es lo que todos los productores quieren: conseguir que su producto tenga un hueco en cada casa y que no se pueda sustituir por ningún otro.

Por tanto, el proceso es sencillo, pues si la mente del consumidor lo conoce, lo considera, finalmente lo adquirirá y lo incluirá de forma habitual en su vida diaria. Esta es la principal señal de que nuestra estrategia de posicionamiento está teniendo éxito, pero para ello, en primer lugar debemos buscar una ventaja competitiva de nuestro producto. Este es el objetivo y el resultado de cualquier compañía.

Después de muchos años de trabajo, ya hemos conseguido posicionarlo y ahora ya sí estamos preparados para exportarlo. De hecho, los profesionales del sector de la alimentación somos conscientes de la importancia que tiene el reconocimiento de un producto y, sobre todo, aquellos que nos dedicamos a la exportación. Por ello, es importante rodearse de compañías sólidas, de expertos y, sin lugar a dudas, de un producto único y de alta calidad. Tener un producto con una ventaja competitiva es un factor imprescindible a la hora de abrir nuevos mercados.

En definitiva, el posicionamiento del producto debe de estar presente en la mentalidad de cualquier compañía y si ésta busca abrirse camino en el mundo de la exportación, mucho más. Primero debemos posicionar, después, con ventaja competitiva, cierta dimensión y estrategia, exportar. Esa es la clave de un trabajo con éxito.