miércoles, 23 de mayo de 2018

El peligro ya no está a la vuelta de la esquina, está en casa

  • Escrito por Luis Ojeda Sánchez, director de desarrollo de negocio de Always On

Wearables, Internet de las cosas o terminales smart son palabras que se están incorporando poco a poco al vocabulario habitual y condicionan decisiones del día a día de los usuarios. Pensamientos como: – ¿Qué me pongo hoy? Voy a ver el tiempo. ¿Qué almuerzo? A ver cuantas calorías quemé ayer ¿Me lo compro o no? Voy a comprobar el saldo de mi tarjeta – aparecen continuamente en las mentes de los usuarios de equipos interconectados.

Realizar trabajos que conlleven forzar la memoria para intentar recordar un dato concreto como un número de teléfono o una dirección no siempre es fácil cuando se tiene al alcance de la mano o en forma de reloj inteligente. Este aspecto era una de las principales preocupaciones que se preveía que ocurriría en los inicios de la vida tecnológica, el cambio del usuario en la forma de pensar. Pero los usuarios de aparatos interconectados no son conscientes de los peligros que conlleva su utilización, la forma en que controlan su forma de vida y en como recopilan la información de sus hábitos, los sitios que frecuentan.

Los dispositivos se han convertido en una necesidad vital que mejora los hábitos de vida más comunes. Un fenómeno tan simple como era "ir a correr" ya ha sobrepasado el sencillo objetivo de hacer deporte para convertirse en todo un proceso de múltiples conexiones. Un amante de la conectividad de las cosas llevará su Smartphone equipado con una aplicación móvil que medirá la distancia recorrida y el promedio de tiempo que ha realizado deporte, un reloj inteligente que supervisará las pulsaciones y el control de los pasos dados, y cabe destacar la conexión con la báscula para que la aplicación móvil registre el peso y haga una gráfica con el promedio de peso más reciente.

Para realizar todo este proceso es necesario contar con un sistema de ciberseguridad que proteja toda la información que se ha recopilado y almacenado en internet. La cantidad de datos que se facilitan desde un único dispositivo mediante una aplicación es inmensa. Los usuarios no son conscientes de que esta información no se mantiene protegida en el Smartphone o en el reloj, sino que se transmite a todos los dispositivos conectados a través de la misma aplicación.

El año pasado diversos estudios concluyeron que un 70% de los dispositivos más comunes dotados del sistema de conectividad del internet de las cosas tiene debilidades significativas en su sistema de seguridad. Esto significa que el sistema de protección de contraseñas, el cifrado y la información a la que se le concede permiso de acceso se puede ver comprometida ante un ataque de índole digital.

Los usuarios de estos objetos con internet de las cosas que piensan que toda la información está a salvo porque ellos gestionan sus aparatos con cuidado nunca estarán completamente seguros. Los dispositivos conectados son mucho más fáciles de hackear de lo que se piensa. Aproximadamente, un 50% de las aplicaciones de dispositivitos móviles no encriptan sus comunicaciones, por lo que, ante un hackeo del dispositivo, toda la información facilitada a la aplicación está expuesta. Al igual ocurre con los objetos inteligentes que están interconectados en una casa, es posible conseguir la contraseña WiFi si cualquier electrodoméstico está conectado a la red y no encripta la información que transmite.

Cualquier persona con acceso a estos objetos interconectados es víctima potencial de sufrir un ciberataque, cabe destacar la cantidad de entornos que ya utilizan la conectividad para el trabajo, como la sanidad, el sistema educativo o una casa particular entre los miembros de la familia. Es importante advertir los peligros que conlleva esta súper conectividad y aplicar medidas de prevención para evitar la pérdida de información, filtración de datos o incluso espionaje, siempre confiando en equipos profesionales, expertos en ciberseguridad.