martes, 11 de diciembre de 2018

Los retos de la empresa española para 2019

  • Escrito por Gonzalo García, responsable de Economía de Analistas Financieros Internacionales
Imagen de Gonzalo García de AFI Imagen de Gonzalo García de AFI

Ya han pasado cinco años desde el inicio de la fase expansiva del ciclo económico actual. Tras un período excepcionalmente negativo para las empresas, marcado por la restricción financiera en precios y cantidades y el desplome de la actividad doméstica, las condiciones mejoraron de manera sustancial a partir de 2013.

La reactivación del consumo y de la creación de empleo, junto con descensos en el coste de la financiación han apoyado la mejora del desempeño económico de las empresas, al tiempo que reducían su endeudamiento. El resultado ha sido un aumento del excedente bruto de explotación, una mejora paulatina del margen y una generación de capacidad de financiación que ha permitido a las empresas reforzar su posición financiera. En los gráficos 1 y 2 se puede observar cómo, a medida que se consolidaba la recuperación, la renta empresarial crecía, aumentaba la inversión y se reducían los pasivos acumulados.

 Gráfico1. Uso de la renta empresarial (miles de millones de euros)

Renta empresarial

 

Gráfico2. Margen y ratio de inversión de sociedades no financieras

 Margen de inversión

Los datos más recientes de la contabilidad nacional indican que la formación bruta de capital es el componente más dinámico de la demanda agregada tanto en el segundo como en el tercer trimestre de 2018. Este dinamismo inversor ha sido resistente hasta el momento al empeoramiento en el entorno exterior, que ha hecho que los vientos de cola que impulsaron a la economía española durante 2017 pasen a soplar de cara. La subida del precio del petróleo, las tensiones comerciales, la amenaza del Brexit, el agotamiento del desvío de demanda turística y las perturbaciones en la industria del automóvil por la entrada en vigor de la nueva regulación europea de pruebas de emisiones han hecho que la economía entre en una marcha más corta de expansión.

El entorno para 2019 será en principio menos favorable desde el punto de vista de la coyuntura, aunque nuestra previsión es que continúe el proceso de crecimiento a un ritmo cercano al 2,5% (nuestra previsión para el conjunto del año es de 2,3%) acompañado de creación de empleo y de bajadas adicionales en la tasa de paro. Más allá de la coyuntura, las empresas españolas deberán prestar atención a los desafíos de carácter más estructural que todavía atenazan su capacidad de competir en el mercado global.

Partiendo de esta situación, destacaríamos los siguientes retos para la empresa española en 2019:

Mantener los avances en la internacionalización en un entorno de subidas de costes

El volumen de exportaciones de bienes y servicios de las empresas españolas alcanzó en 2017 el 34,3% del PIB, casi diez puntos porcentuales por encima del valor que prevalecía antes de la crisis. Al mismo tiempo, la inversión directa de las empresas en el exterior ha seguido creciendo hasta acercarse al 50% del PIB. Este mejor desempeño en el sector exterior indica una mayor capacidad de nuestras empresas para competir y aprovechar las oportunidades del mercado global.

Tras un 2017 excepcional, las cifras de 2018 están siendo modestas, lo que ha reducido de manera significativa el superávit en la cuenta corriente. La imposición de aranceles al aluminio y al acero por parte de Estados Unidos, los efectos de anticipación del Brexit y la incertidumbre asociada a una posible escalada de la guerra comercial han complicado el panorama para las empresas más internacionalizadas. En 2019 tendrán que lidiar con este entorno más difícil, ajustando sus estrategias de producción y de comercialización.

Elevar la eficiencia y la productividad

Las empresas españolas de tamaño medio y grande han alcanzado niveles de excelencia en la gestión y de productividad que son comparables a las de las competidoras de países como Alemania o Estados Unidos. El problema es que en nuestra estructura productiva, este tipo de empresas pesa menos que las de tamaño más reducido. El reto es pues el crecimiento de las empresas, que se enfrenta a obstáculos tanto de naturaleza institucional como relacionados con las propias capacidades internas de las empresas. Es necesario suprimir barreras regulatorias y fiscales que generan un umbral de resistencia al crecimiento que a las empresas les cuesta superar. Pero también es necesario hacer un esfuerzo por profesionalizar la gestión en aquellas empresas que salen al exterior y que necesitan enfrentarse a las oportunidades y los riesgos de la internacionalización.

Aprovechar la digitalización

Vivimos una etapa de progreso tecnológico acelerado que está transformando la naturaleza de los mercados y las relaciones de las empresas con sus clientes, proveedores e inversores. Estos cambios constituyen oportunidades de negocio para aquellas empresas que consigan adaptarse, innovar y entender la digitalización. Pero suponen también una amenaza para algunos modelos de negocio que se asientan en la ausencia de competencia o en la explotación de rentas informativas o de localización. Las empresas tienen que integrarse en la economía de los datos, tomando las medidas necesarias para almacenarlos, tratarlos y darles utilidad, respetando al mismo tiempo de manera escrupulosa la privacidad de los clientes.

Avanzar en la igualdad salarial y en la conciliación

El impacto de la crisis sobre el tejido empresarial y sobre las condiciones de vida de los trabajadores fue enorme y sus consecuencias no se han superado todavía, a pesar del crecimiento y de la creación de empleo. Las empresas españolas tienen que ser agentes activos de un proceso que consiga hacer compatible el progreso económico con mejoras en la calidad de vida y con un modelo basado en trabajar mejor.

La brecha salarial entre hombres y mujeres se ha reducido en los últimos años pero se sitúa todavía en torno al 15%, de manera que queda todavía margen para conseguir la igualdad que demanda la sociedad. Por otra parte, las empresas españolas todavía están retrasadas respecto a los países europeos más avanzados, en la gestión flexible y eficiente del tiempo de trabajo para facilitar la conciliación. Lejos de afectar negativamente al desempeño económico de la empresa, estas medidas son parte esencial del compromiso con la sostenibilidad que cada vez más empresas suscriben a través del Pacto Mundial de Naciones Unidas o de los Principios de Conducta Empresarial Responsable de la OCDE.

La reactivación del consumo y de la creación de empleo, junto con descensos en el coste de la financiación han apoyado la mejora del desempeño económico de las empresas, al tiempo que reducían su endeudamiento. El resultado ha sido un aumento del excedente bruto de explotación, una mejora paulatina del margen y una generación de capacidad de financiación que ha permitido a las empresas reforzar su posición financiera. En los gráficos 1 y 2 se puede observar cómo, a medida que se consolidaba la recuperación, la renta empresarial crecía, aumentaba la inversión y se reducían los pasivos acumulados.