viernes, 17 de agosto de 2018

La gallina ciega

Por Michael Leinster, country manager de ShoppyDoo

“Gallinita, gallinita, ¿qué se te ha perdido en el pajar? Una aguja y un dedal. Da tres vueltas y lo encontrarás”. Así comienza el tradicional juego que el maestro Goya inmortalizó en el siglo XVIII. Este histórico pasatiempo nos sirve como símil para ilustrar lo que, desde hace casi un año, se está viviendo en comercio online con la ley de cookies.

Hasta el pasado año, las empresas empleaban programas que leían las cookies de los internautas, una huella digital que permite rastrear los hábitos de navegación de manera completamente anónima. ¿Para qué servía esta información? Los datos de navegación han ayudado a hacer multitud de estudios sociológicos sobre el empleo de internet: los hábitos de navegación, las relaciones sociales a través de la red, los hábitos de compra online, etc.

Por otro, las empresas de consumo han mejorado sus productos gracias a las cookies. Ahora saben qué, cómo, cuándo y dónde ofrecer sus bienes. Han mejorado sus servicios, hecho que beneficia a ambas partes, el consumidor recibe un bien mejorado y la empresa aumenta sus ventas. La red es de los pocos sectores que están sorteando la crisis, la inversión publicitaria no se ha reducido, las empresas han aumentado sus ventas online e incluso el sector servicios ha encontrado un enorme escaparate en el que exhibirse, así que, ¿por qué poner trabas?. Ahora, cual gallina ciega buscando su aguja y su dedal, nos encontramos perdidos. La ley de cookies ha pretendido vendar los ojos a las empresas, que han visto afectado su principal canal de contacto con el consumidor.

La nueva norma reza lo siguiente en referencia a captación de información a través de cookies: “Los prestadores de servicios podrán utilizar dispositivos de almacenamiento y recuperación de datos en equipos terminales de los destinatarios a condición de que los mismos hayan dado su consentimiento después de que se les haya facilitado información clara y completa sobre su utilización, en particular, sobre los fines del tratamiento de los datos”. ¿Qué significa esto? Que cada vez que una página web intenta rastrear información mediante una cookie debe informar primero al usuario y explicarle qué va a hacer con ello. ¿Cómo? He aquí el vacío legal aún sin definir.

Las lagunas legales suelen tener una cara oculta y en este caso las empresas se han beneficiado de este vacío. A día de hoy, por suerte para las empresas y en beneficio de los consumidores, las cookies se siguen empleando. ¿Cuándo nos avisan de su uso y utilización? La respuesta es sencilla: cuando se instala el navegador. Internet Explorer, Safari, Google Chrome… llevan premarcada la opción de empleo de cookies al aceptar unas condiciones con las que todos estamos de acuerdo. En resumen, parece que esta gallinita, pese a llevar vendados los ojos, sigue viendo por debajo de su pañuelo.