jueves, 02 de julio de 2020

"Para el nuevo curso vamos a implantar un modelo presencial en el campus pero con máxima seguridad"

Gabriel Pérez Alcalá, rector de la Universidad Loyola Gabriel Pérez Alcalá, rector de la Universidad Loyola

La Universidad Loyola está preparada para afrontar el próximo curso ante cualquier escenario que se pueda presentar. Hablamos con su rector, Gabriel Pérez Alcalá, de cómo ha sido el proceso de pasar la universidad al modo virtual, y, sobre todo, cuáles son las perspectivas a partir de ahora. Han apostado por iniciar el nuevo curso de forma presencial en el campus, "pero garantizando la máxima seguridad a toda la comunidad universitaria". Hemos aprovechado la ocasión para conocer el análisis de las consecuencias económicas de la crisis sanitaria que hace el rector, en su condición de economista.

El Covid y la declaración del estado de alarma han cambiado durante estos meses la manera de operar de todos los sectores. Y, uno de los que mayor impacto ha sufrido, ha sido el educativo, con el confinamiento total de los alumnos. ¿Cómo ha organizado el final de curso la Universidad Loyola?

La Universidad Loyola ha encarado el desafío del virus con una cierta preparación y previsión. A finales de febrero nos adelantamos e hicimos un plan de contingencia, de modo que cuando llegó el confinamiento pudimos pasar, en un solo fin de semana, toda la universidad al modo off campus. Por lo que a la semana siguiente estábamos dando clases con el mismo profesorado, con los mismos alumnos y con los mismos horarios de cualquier semana con clases presenciales. Antes de Semana Santa, adaptamos las asignaturas para el nuevo modo. Esta rapidez y agilidad en la respuesta nos ha permitido desarrollar un cuatrimestre sin dificultades reseñables, incluida la realización de los exámenes con normalidad.

¿Y cuáles han sido las claves de ese plan de contingencia para lograr esa normalidad?

En primer lugar, trabajamos con grupos pequeños de alumnos, porque en Loyola creemos firmemente en una pedagogía muy personalizada, en la que el profesorado conoce las circunstancias de cada alumno. Trabajar con grupos reducidos nos ha permitido afrontar con agilidad las exigencias derivadas de la pandemia. En segundo lugar, Loyola es una universidad del siglo XXI. En nuestro caso, la juventud y nuestra apuesta por la tecnología, se ha convertido en un factor diferencial. Y, por último, me gustaría resaltar la buena coordinación interna. Gestionamos la universidad a través de un sistema de centralidad flexible, con una gran capacidad de delegación. Todo esto, sumado al esfuerzo, a la adaptación y el entusiasmo que han mostrado los estudiantes, los profesores y el personal de los distintos servicios de la universidad ante una experiencia como esta, ha hecho posible un tránsito exitoso a la nueva situación. La han entendido como una oportunidad de reinventarse. Estamos muy satisfechos de cómo se ha comportado toda la comunidad universitaria y de los resultados obtenidos.

Por lo que nos comenta, la Universidad Loyola está más que preparada de cara al curso que viene, más allá de las condiciones en el que tenga que iniciarse.

En materia educativa hay que tener los objetivos claros. Y en la Universidad Loyola tenemos dos cosas muy claras. La primera, que la seguridad sanitaria de toda la comunidad universitaria y de las personas que conviven con ella es un valor que está por encima de cualquier otro. Es lo que nos ha guiado y nos seguirá guiando en todas nuestras decisiones. Y la segunda, que en todo momento vamos a cumplir nuestra misión docente y académica. Es decir, nuestros estudiantes tienen que seguir la marcha normal sin perder ni un solo día de sus procesos de aprendizaje. Tenemos un compromiso con ellos de formación que hemos cumplido y que vamos a seguir cumpliendo. Con estas dos premisas, hemos barajado distintas opciones, y el modelo que vamos a seguir es de presencialidad en el campus pero con máxima seguridad, activando las medidas necesarias para ello. Y, en caso de que fuese necesario, preparados y con capacidad para que en menos de ocho horas pasemos de nuevo a modo virtual sin pérdida de ninguna clase.

Ser una universidad del siglo XXI nos ha permitido afrontar con agilidad los desafíos del Covid19 y pasar con rapidez al modo off campus

¿Cómo vais a lograr esa presencialidad segura?

Vuelvo a resaltar el hecho de que tenemos grupos pequeños, lo que favorece la seguridad de las personas. Al disponer de un campus grande como el de Sevilla, con 30.000 metros, contamos con una de las ratios más grandes de cualquier campus de España, lo que nos lleva a garantizar medidas de seguridad y distanciamiento social. Otro tanto ocurre con nuestro campus en Córdoba. A tenor de esta ratio de espacio, vamos a regular las zonas comunes, su uso y horarios. Y siempre lo haremos con la red de seguridad que supone ser una universidad preparada para cualquier incidencia o complicación epidemiológica que se pudiera producir.

El virus ha supuesto un acelerador exponencial de la digitalización. ¿Está preparada la comunidad educativa para ello?

En efecto, la digitalización es imparable y es la que nos ha permito pasar al modo off campus. Hay que tener en cuenta que la generación de estudiantes que está por llegar, la que va de Primaria hasta el Bachillerato, está viviendo esta situación excepcional. El coronavirus les va a marcar. Y en este escenario, debemos reparar en un hecho: a pesar de ser una generación tan digital, el uso que ha hecho de las tecnologías ha sido superficial. Se ha centrado sobre todo en el entretenimiento y en la interacción a través de las redes sociales; redes que, por cierto, ya habían creado antes en el mundo físico. Pero, sin embargo, no han incorporado totalmente la tecnología al ámbito del aprendizaje. Una incorporación que el mundo universitario también tiene que hacer con mayor profunidad. Y, en gran medida tiene que ser así, porque el teletrabajo se va a quedar y hay que aprender a teletrabajar. Entre otras cosas, aprender las reglas de cortesía y comportamiento en el teletrabajo, de cumplimiento de horarios, desconexión, hitos de cumplimiento y productividad, etc. Con el objetivo de que el teletrabajo esté bien regulado y se incorpore a la vida diaria de una forma equilibrada.

La crisis sanitaria y su derivada económica, ¿qué incidencia puede tener en los planes de futuro de la Universidad Loyola?

Al pertenecer a la Compañía de Jesús, somos una universidad misional, y no cambiamos nuestros objetivos de misión bajo ninguna circunstancia. Nos encontraremos en escenarios mejores o peores, pero nuestros grandes objetivos no cambian. Ahora bien, ¿altera la crisis el ritmo al que alcanzamos determinadas metas? Creo que los objetivos fundamentales no se van a ver especialmente afectados. La única pata de nuestra estrategia que se retrasará y entrará en un pequeño standby es la expansión internacional. Íbamos a empezar el reclutamiento de estudiantes internacionales en países latinoamericanos y asiáticos, y es evidente que con la coyuntara internacional y las restricciones en los vuelos el proceso se va a retrasar. En cuanto al reclutamiento nacional y de nuestro mercado natural en Andalucía, estoy convencido de que no va a alterar nuestros planes y plazos. En lo que sí vamos a seguir haciendo mucho hincapié es en la digitalización de la que venimos hablando, tanto en la organización interna y los procesos, como de cara al exterior.

Por lo tanto, ¿todos las nuevas materias y programas previstos siguen adelante?

De hecho, en el próximo curso comenzamos una nueva carrera que es muy novedosa y pionera de Matemáticas Aplicadas, que en estos momentos es la gran joya de la empleabilidad en grado. También hacemos un despliegue muy importante en masteres en el ámbito business. Lo que denominamos masteres MiM, es decir, management en el mundo empresarial. Ya hemos presentado el de Sport Business con el Betis, y también lanzamos otros en sectores como Logística, una actividad de gran proyección y crecimiento, Moda, Digital Business y Real Estate. Son masteres impartidos por profesionales y muy orientados al mercado y la empleabilidad. Junto a esto, ponemos en marcha el Neuropsicología y todo el despliegue que haremos en Executive Education.

Rector Loyola interior

Con estas perspectivas, ¿con qué número de alumnos comenzaréis el nuevo curso?

Para el nuevo curso tendremos más de 3.000 alumnos de grados en total, entre los de nuevo ingreso y los de renovación. En el Campus de Sevilla aproximadamente 2.300 alumnos y, en el de Córdoba, alrededor de 900. En masteres estaremos en torno a los 400 estudiantes, además de los que vayan participando en Executive Education. También continuamos con nuestros programas de idiomas y que vamos a reforzar. Para el próximo curso tendremos una gran novedad: incorporamos a la Universidad Loyola la Facultad de Teología de Granada, por lo que contaremos con campus en esta ciudad. Será nuestro tercer campus.

En caso de necesidad, estamos preparados para que en menos de ocho horas pasemos de nuevo al modo virtual sin pérdida de clases

Siendo economista, y en la situación en la que nos encontramos, no podemos dejar pasar la oportunidad. Así que le lanzo: ¿cuál sería una previsión realista de caída del PIB para este año?

La caída va a ser muy dura y no hay más que usar el sentido común. El consumo ha caído un 3,5% cada mes de confinamiento, y lo lógico es que el resto de meses lo haga a razón del 0,8%, lo cual supone un total del 6,8% por la parte de la demanda. A este porcentaje hay que sumar un descenso de alrededor del 30% de la inversión, que son otros cuatro puntos largo de PIB. Solo con esto ya estamos por encima del 10%. También hay que tener en cuenta la aportación negativa del sector exterior, en la que incluyo la caída del consumo interno por una menor llegada de turistas internacionales, más un claro retroceso de ventas de bienes duraderos. Es dedir, otro 10% por el lado de la oferta. Así que las cuentas son claras.

Sobre la reactivación o recuperación hay opiniones de todo tipo...

La recuperación o reactivación económica va a depender, en gran medida, de la credibilidad que el Gobierno sea capaz de generar y de su capacidad de respuesta, que por ahora no ha sido mucha. Que hasta finales de junio y julio no se vayan a cobrar las rentas aprobadas, cuando llevamos tres meses de emergencia, es porque la agilidad no ha sido precisamente el valor más destacable. El año que viene creceremos alrededor de un 4,5%, y no recuperaremos los niveles anteriores de PIB encadenado hasta 2023. Y estas previsiones están sujetas a que haya una cierta sensatez en el Gobierno, porque, si no es así, no habrá financiación para la política económica. España no tiene dinero para absorber la deuda que tendremos que asumir. Por lo que estoy convencido de que la UE nos va a exigir una cierta ortodoxia para devolver aquella parte de los créditos que no sean a fondo perdido.

¿Cómo valora el papel que ha desempeñado la UE en la crisis?

Europa no ha sabido reaccionar a la pandemia. Realmente, ningún Gobierno ha sabido reaccionar a ella, con las salvedades de Alemania y Portugal y, en cierto sentido, Holanda y Francia. Europa reaccionó mal al principio, fundamentalmente porque la dimensión sanitaria no está dentro de los tratados. Al igual que ocurre con la dimensión educativa. En caso como éste, es cuando se echa de menos la constitución europea. Sin embargo, en un segundo momento, se han tomado medidas razonables. Creo que, al final, la Unión saldrá de esto fortalecida.