lunes, 06 de julio de 2020

"La función principal de la empresa es hacer bien su trabajo y garantizar su desarrollo y continuidad"

Francisco José Sánchez-Montesinos, profesor de la escuela de negocios ESIC Francisco José Sánchez-Montesinos, profesor de la escuela de negocios ESIC

¿Cuál es la función de la empresa en la nueva economía? ¿Se ha distorsionado el concepto de RSC? Hablamos de todo ello con un reputado experto, el profesor de Dirección Estratégica y Estructura de la Organización en la escuela de negocios ESIC, Francisco José Sánchez-Montesinos, con motivo de su conferencia "Objetivos y retos empresariales de hoy y de siempre", que se va a celebrar el jueves 23 de 18:30 a 20:30, en el edificio Siglo XXI de Badajoz. Un evento impulsado por Ibercaja, la Asociación Extremeña de la Empresa Familiar (AEEF), ESIC, y que cuenta con el respaldo como medio colaborador de Mercados21. Encuentro en el que los asistentes podrán conocer, además, de primera mano el Programa Superior de Dirección y Gestión Empresarial (PSDGE).

 Permítame profesor empezar sin rodeos y por ir al grano. En su opinión, la Responsabilidad Social Corporativa o cierta visión de la RSC, ¿ha desviado o desvirtuado la función social primordial de la empresa?

La función principal de toda empresa es hacer bien su trabajo, prestar servicios o producir bienes de forma honesta que solucionen necesidades o aporten valor a sus clientes, y hacerlo de tal manera que garantice su viabilidad, desarrollo y crecimiento. Las organizaciones que no tienen esta responsabilidad como prioritaria, o no son empresa o dejarán de serlo. Considero que somos muchos los que andamos despistados con lo que es la auténtica Responsabilidad Social Corporativa de la empresa.

¿Hablar de los objetivos fundamentales de la empresa con la sencillez, honestidad y transparencia que usted lo hace se ha convertido en algo "políticamente incorrecto"?

No hay mayor responsabilidad social de la empresa que la que tiene que ver con la honestidad antes mencionada o con atender adecuadamente a sus colaboradores o con pagar sus impuestos. Una vez conseguido esto, ¿pueden y deben hacer otras cosas las empresas? Pues sí, pero sin olvidar o dejar de lado lo primero. De nada sirve llenarse la boca de RSC, si se paga tarde y mal a los trabajadores o a los proveedores. Esgrimir de este modo la Responsabilidad Social de la Empresa es hacer un uso torticero y retorcido, poco transparente, del verdadero sentido que la función empresarial ha tenido, tiene hoy, y seguro que tendrá a lo largo del tiempo.

Se trata, por tanto, de poner los pies en la tierra y llamar a las cosas por su nombre.

Muchos conceptos que surgen legítimamente en el ámbito académico para explicar mejor o acotar nuevas realidades acaban perdiendo su significado con su manoseo o uso desmedido, prácticamente demagógico. Debemos desmitificar lo que se ha montado alrededor de la RSC mal entendida. Yo prefiero hablar de valores compartidos entre la empresa y su entorno, en ese equilibrio que solo es posible con el Buen Gobierno Corporativo. Es decir, aquella empresa que se conduce con criterios razonables, sostenibles y éticos. Porque al igual que ocurre con la RSC, otro tanto está pasando con el concepto de sostenibilidad.

¿Se refiere a cargar las tintas solo sobre un aspecto del concepto de sostenibilidad?

Cuando hablamos de sostenibilidad hay que hacerlo con un enfoque transversal. La sostenibilidad en la empresa, y también en la sociedad, tiene que ser económica, social, ambiental, etc. Todo ayuda a la sostenibilidad temporal de la empresa y de su entorno. O de lo contrario, su propia existencia estaría en peligro. Por supuesto que es esencial la sostenibilidad ambiental pero debe serlo en equilibrio con las demás aristas del concepto. Un equilibrio que no puede quedar oculto o apagado.

No hay mayor reponsabilidad social de la empresa que prestar servicios honestos, atender bien a sus colaboradores y pagar sus impuestos

De todos modos, se ha avanzado mucho en los últimos años en esa gestión de buen gobierno que señala, de empresas que llevan en su ADN ese comportamiento sostenible y de impulso a la RSC.

Claro que sí. Estoy convencido de que a ello aspiran todas las empresas: unas con más posibilidades que otras, o con más medios que otras. Incluso muchas de ellas ya nacen con esos valores sociales compartidos de los que hablo dentro de su propio modelo de negocio, bien con una intención reputacional, siendo muy conscientes de ello, o bien formando parte de sus propios productos y servicios. Esta es una realidad de la nueva economía que hay que resaltar. De hecho, muchos sectores, pongamos el caso del agrolimentario en relación con la salud y el bienestar personal, buscan dar respuestas a las nuevas demandas y preocupaciones sociales que, en definitiva, no es otra cosa que estar alineados con lo que piden los clientes. No debemos olvidar que el principal objetivo de una empresa es ganar dinero. Y la misión del empresario es hacer lo que tiene que hacer para conseguirlo, eso sí, de una manera responsable.

En su opinión, ¿han afectado las distintas burbujas del sector tecnológico en esa visión desvirtuada de la RSC empresarial?

Los avances del sector TIC están produciendo cambios y transformaciones de dimensiones extraordinarias, además de ser un motor económico de primer orden. Estamos inmersos en la transformación digital de la economía y la empresa. Pero también es cierto que en las últimas dos décadas han aparecido y siguen apareciendo empresas del sector tecnológico o de su entorno demasiado volátiles, sin objetivos ni servicios bien definidos. Sin que en muchos casos haya un fin o propósito claro y verdadero en lo que hacen.

¿Qué aporta un Programa Superior como el de Dirección y Gestión Empresarial de ESIC, que va ser presentado este jueves en Badajoz en colaboración con AEEF e Ibercaja, para cumplir con los objetivos que ha explicado de forma cada vez más profesional?

La formación es básica para que las empresas evolucionen, más aún teniendo en cuenta el peso de las pymes y las empresas familiares en el tejido productivo español, en general, y el extremeño en particular. La profesionalización de la estructura empresarial a través de la formación garantiza y robustece su configuración institucional en las generaciones futuras. Es decir, es un salvoconducto para que la empresa sobreviva o supere a la propia gestión familiar, consolidando su organización y creciendo más allá incluso del primer círculo familiar de los fundadores.

¿Necesitamos más referentes empresariales que sean iconos y modelos sociales, como ocurre en otros países, sobre todo los anglosajones?

Lo que sucede en España no es un asunto meramente empresarial, sino cultural y político. Opino que somos una sociedad acomplejada, y que nos cuesta compartir y colaborar con el que tenemos al lado. En relación con esto, de nuevo la formación es el activo que puede ayudarnos a cambiar esta situación. Somos demasiado humildes con nuestros logros, si lo comparamos con otras sociedades de nuestro entorno. Hacemos más cosas bien de las que creemos, y nos valoran en el exterior más de lo que pensamos. No estamos tan lejos de nadie, y menos en el ámbito empresarial. Contamos con muy buenas empresas y con muy buenos empresarios.

Es decir, nos encontramos en una situación que está directamente ligada con nuestra visión social del emprendimiento...

Desde luego. El emprendimiento y el mundo de la empresa hay que inculcarlos desde las etapas básicas de la educación. Los chicos tienen que entrar en contacto con ello desde pequeños. Debemos cambiar de enfoque cuanto antes, para que los niños aprendan cosas como trabajar en equipo, colaborar en proyectos, gestionar emociones, puesto que es con lo que se van a encontrar en la vida y en la empresa. Todo esto cambia bastante y mejora bastante en la formación de postgrado, cuando ya hay una trayectoria vital y profesional detrás de cada cual. Pero tenemos que incidir e insistir en las primeras etapas.

Y todo este entorno ¿cómo afecta después al perfil y al desempeño de nuestros directivos?

Contamos con estupendos directivos y empresarios en España. Pero es verdad que en el mundo empresarial, y en general, debemos desterrar lo que yo llamo "miedo al talento". En muchas empresas se da un liderazgo excesivamente paternalista, en el que el empresario o responsable suele hacer de todo o aun peor tomar la mayoría de las decisiones él solo. Por eso es tan importante trabajar en la profesionalización de la gestión de la empresa: para que no todo dependa de las mismas personas, para que las empresas crezcan, se consoliden y perduren. En la que los equipos sean más importantes que las individualidades. En mi opinión, el nuevo líder debe cultivar y trabajar el arte de ser prescindible.