miércoles, 20 de septiembre de 2017

Valentí Pich: "La industria en España debería suponer el 20% del PIB en 2020"

Valentí Pich, presidente del Consejo General de Economistas Valentí Pich, presidente del Consejo General de Economistas

Mucho más peso de la industria, mayor fortaleza y tamaño de las pymes, inversión inteligente en innovación -más allá de la puramente tecnológica- son las propuestas del presidente del Consejo General de Economistas (CGE), Valentí Pich, para un modelo económico sostenible y más robusto para España. Con más vitaminas en el sistema para hacer frente a los contagios de crisis globales como la última. Pero como no solo de recetas vive la economía, y bien que lo saben los economistas en carne propia con sus predicciones incumplidas, en esta entrevista aporta análisis de campo y sobre el terreno. Ese terreno tan escurridizo llamado realidad.

Los datos de PIB reflejan un crecimiento superior al 3% para 2016 y casi del 3,4% en términos Per Cápita. En su opinión, ¿constatan estos indicadores una salida definitiva de la crisis?

En 2016 hemos tenido un crecimiento del 3,2% gracias a la demanda interna. Eso está muy bien, pero nos queda mucho terreno por recorrer. Tenemos el problema del desempleo; la deuda que sigue creciendo; tenemos que ser más competitivos, para lo que debemos cambiar nuestro modelo productivo y marcarnos una hoja de ruta con el objetivo de que la industria pase del 15,5% del PIB a aportar como mínimo un peso del 20% como objetivo para 2020, en línea con la media de la zona euro. De hecho, sin una industria fuerte es muy difícil sobrevivir, ya que la industria mantiene el nivel de empleo más estable y con mayor productividad, además de ser un gran motor para potenciar la I+D. Todavía nos queda mucho por hacer, sobre todo ante la incertidumbre que nos acecha por factores exógenos derivados del actual clima internacional. También necesitamos desarrollar la innovación, para lo que hay que estrechar la brecha existente entre la formación y las necesidades del mercado.

Hay otras cifras que también muestran una mejoría de la economía. Recaudación por IVA e IRPF en valores previos a la recesión. Sin embargo, el que no acaba de recuperarse es el Impuesto de Sociedades. ¿Subyace bajo estos datos una recuperación desigual de la actividad económica?

La recaudación por Impuesto sobre Sociedades está en línea con el resto de países de nuestro entorno, un 2,5% del PIB. Es un error comparar la recaudación actual con la anecdótica de 2007, de casi 45.000 millones euros, cuando lo razonable sería conseguir unos 25.000 millones por este impuesto. Hay que tener en cuenta, además, los créditos fiscales que acumulan las empresas por bases imponibles negativas pendientes de compensar, y que buena parte de los beneficios que obtienen nuestras grandes empresas se generan en el extranjero, con lo cual la tributación de los mismos no recala en las arcas de la Hacienda española.

El empleo ha cerrado el ejercicio con los datos brutos más relevantes de toda la serie histórica, aunque la contratación a tiempo parcial sigue siendo la fórmula mayoritaria. ¿Ha respondido de forma adecuada la Reforma Laboral a los desafíos que ha tenido España en los años más duros de la crisis?

Durante la crisis, el desempleo superó al 27% de la población activa, cuando antes de la crisis habíamos logrado un mínimo del 8%. Las reformas se deben plantear para resolver problemas, y, en el caso de la reforma laboral, lo que se pretendía era frenar la sangría de puestos de trabajo que nos supuso más de 6.000.000 parados. Hay que tener en cuenta que durante la crisis se han destruido más de 300.000 empresas, y que con esta reforma hemos logrado una competitividad importante, gracias a la cual se están creando nuevas empresas y nuevas contrataciones.
En cuanto al empleo a tiempo parcial, es un problema que se podrá resolver si mantenemos un buen ritmo de competitividad y crecimiento. Lo ideal sería lograr una estabilidad laboral y buenas remuneraciones acordes a la productividad, con el objetivo de reducir el paro por debajo del 10% y, así, garantizar también las pensiones.

La estabilidad laboral y las remuneraciones deben ir acordes a la productividad

Desde economistas y expertos hasta distintas fuerzas políticas, apuntan a la necesidad de cambiar, reformar e incluso derogar la Reforma Laboral del PP. En el actual escenario económico, ¿considera que ha llegado el momento de introducir nuevos cambios?

Deberíamos hacer algunas modificaciones, pero también tenemos que ser realistas antes de poner en entredicho la reforma en sí misma y demonizarla en su conjunto, porque hay que tener en cuenta que tanto el FMI como la OCDE están también planteando lo contrario y están pidiendo que se endurezcan las medidas que introdujo la reforma laboral.

La revolución tecnológica está produciendo transformaciones radicales en prácticamente todos los sectores de actividad y en todas las áreas o departamentos empresariales, lo que afecta también al empleo. ¿Está nuestro mercado laboral preparado para los nuevos retos y desafíos?

En España nos falta espíritu innovador, y eso también enlaza con lo antes indicado. Tenemos que insistir en desarrollar una formación cualificada en los campos que demandan las empresas. Si queremos ser competitivos, tenemos que innovar.

El sector que actúa de motor del crecimiento económico español es el sector servicios, con una incidencia muy destacada del turismo. Mientras este sector se muestra robusto y saludable, la inversión en I+D+i tanto pública como privada ha caído a porcentajes negativos en comparación con el PIB en los últimos años. ¿Es viable un modelo de crecimiento sostenible basado en estos pilares estructurales?

No, nuestro modelo económico debe ser más diverso. Los economistas llevamos muchos años insistiendo en que tenemos que cambiar el modelo productivo, ya que tenemos importantes debilidades como el bajo esfuerzo en investigación y desarrollo, agravado por la escasa y mejorable relación entre la Universidad y las empresas. También debemos considerar la gran dependencia del capital externo, que ha reducido el desarrollo de más multinacionales autóctonas. En nuestra estructura empresarial predomina un tejido de pymes que por sus características experimenta un lento crecimiento de la productividad. Para corregir esta situación podríamos apuntar cuatro vectores sobre los que quizá debería pivotar el cuadro de mando de la industria española: en primer lugar, la innovación tecnológica, tanto de producto como de proceso, así como la innovación no tecnológica; en segundo lugar, el conocimiento, impulsando la contribución de la formación en todos sus niveles como valor añadido por parte del capital humano; en tercer lugar, la internacionalización de nuestras empresas, aspecto este que ha recibido un gran apoyo institucional en esta última etapa, pero en el que hay que seguir insistiendo, y, por último, la sostenibilidad, que suponga no derrochar los recursos disponibles y garantizar el acceso a ellos en buenas condiciones de cantidad y de coste, así como fomentar la eficiencia en el uso de las materias primas y de la energía, respetando, en todo momento, el medio ambiente.

Valentí Pich 02

Las filiales de empresas extranjeras han tenido un volumen de facturación en 2016 de casi 380.000 millones de euros, el 28% del total nacional. Ha señalado el peso de las pymes en el tejido empresarial como factor que merma el ritmo de la productividad. Sin embargo, ¿los avances tecnológicos hacen que esta variable sea menos determinante?

Las pymes representan el 65% del PIB de nuestro país y generan el 66% de los puestos de trabajo, pero, sin embargo, se alejan de los niveles de eficiencia de sus homólogas en los países más avanzados y muestran debilidades a la hora de sortear obstáculos coyunturales. Las pymes españolas necesitan, por tanto, introducir mecanismos que les permitan ser más sostenibles y ganar en competitividad para afrontar una economía globalizada. Estos mecanismos habrán de pivotar necesariamente sobre dos factores: aumentar la dimensión e internacionalizarse.
No se trata de excluir a nadie, sino de articular medidas para favorecer el crecimiento empresarial y que permitan incorporar economías de escala, así como un umbral mínimo de facturación que les ayude a internacionalizarse e innovar.

Nuestra dependencia del capital externo ha reducido la creación de más multinacionales españolas

¿Quiere decir que el tamaño es casi el mejor signo de supervivencia empresarial?

Las empresas de mayor tamaño tienen mayores tasas de supervivencia, porque, entre otras cuestiones, generan mayores ingresos, incrementan su productividad, aumentan sus posibilidades de acceso a la financiación y mejoran su capacidad exportadora. Por su parte, la internacionalización se revela más que nunca como un motor clave del crecimiento económico a largo plazo de la economía española por su relación con la competitividad. Prueba de ello es que muchas de las empresas que han ido bien en estos últimos años tan complicados han sido aquellas que están internacionalizadas, ya que han suplido la caída en el consumo interior con más demanda del exterior. Por todo ello, se considera conveniente una política de pymes orientada a la ampliación de la dimensión media de la empresa española de una manera ordenada.

Ya que aboga por una estrategia de reindustrialización de la economía española, ¿a qué criterios debería responder si se tiene en cuenta el papel cada vez más protagonista de lo digital y de la inteligencia artificial en la actividad productiva?

Es necesario trasladar a la sociedad la denominada "cultura industrial" para facilitar el camino a una nueva generación de "emprendedores industriales" y convencernos a nosotros mismos de que la industria garantizará el desarrollo económico del país. El modelo industrial ha cambiado. Hoy en día ya no pivota exclusivamente sobre enormes conglomerados empresariales, sino también sobre factorías de un tamaño más manejable que les prestan servicios de apoyo, permitiéndoles producir series más cortas, personalizadas y con una gran especialización técnica. Un país avanzado como el nuestro podría jugar un importante papel en esta nueva realidad y no deberíamos perder esta oportunidad que se nos brinda.

Con este escenario, ¿qué previsiones económicas manejáis los economistas para este 2017 en el ámbito español y europeo?

Como ya he señalado, estamos en un periodo de incertidumbre que probablemente se vaya aclarando a lo largo del segundo semestre del año. Las expectativas para España son buenas, aunque debemos insistir en ser más competitivos y potenciar la internacionalización de las empresas, sobre todo de las pymes. Y respecto a Europa, como he indicado, tenemos que esperar a la segunda mitad del año, aunque los pronósticos son positivos.