domingo, 27 de mayo de 2018

Pilar Gómez Acebo: “Es básico pasar de la denuncia a la iniciativa”

Fue miembro del primer equipo que ‘importó’ a España el outplacement, el marketing aplicado a la persona en relación al mercado laboral, un ámbito en el que trabajó 18 años y que ha compaginado con el coaching. Ha pasado también por multinacionales y se ha dedicado a los estudios de mercado, de ahí que posea “una amplia panorámica” para abordar todo tipo de cuestiones. Además, nunca ha abandonado los campos de la formación y el asesoramiento, gracias a los que crece y hace crecer. Es una luchadora nata, una característica que forma parte de su esencia desde que nació, con muy poco peso. Abandonó una gran compañía porque no coincidía con su filosofía y a continuación montó la suya en el maletero de su coche. Desde entonces, no ha hecho más que progresar. Actualmente, preside Placement Center, con programas de asesoramiento estratégico a directivos y coaching de alta dirección, así como gestiones de procesos de cambio en empresas e instituciones.

 

Al relatar su experiencia laboral, destaca la óptica plural que le ha proporcionado trabajar en varios sectores de actividad. ¿Cree que por fin se valora esta circunstancia frente a una trayectoria de décadas en el mismo lugar?

Es algo que está cambiando, pero lo bueno no es pasar por muchas empresas y no encajar en ninguna, sino decidir si lo que uno quiere es jugar a título propio o a título de una marca. Yo opté por lo primero y eso me permite compaginar varios frentes a la vez que se enriquecen unos con otros. Es una clave de futuro para mí. Aunque uno esté en un determinado segmento de mercado, debe asomarse a todo lo que pueda. Hay que saber, por ejemplo, qué se hace en la NASA y también en una fábrica de corchos de Extremadura porque esas visiones mejorarán la actividad principal del sujeto y le proporcionarán una pluralidad de planteamientos que le permita aportar en todas las esferas y no tener miedo, algo que le ocurre a mucha gente en estos momentos, el miedo a perder lo que uno tiene, cuando si diversificamos sin desviarnos de la línea principal ni de nuestra parte vocacional, tenemos mucho que ganar y nada que temer.

 

En el ensayo que ha realizado para el volumen ‘Gestionar sin dinero’ (Lid Editorial), titulado ‘Gestionar el ego para gestionar el dinero’, subraya la importancia de quitar trabas al emprendedor en vez de subvencionarle.

 

Siempre digo que no hay que regalar al ser humano ni la hora. Creo que hay que pedir algo a cambio, porque ofrecer las cosas sin más, en especial a los jóvenes, pasa factura ya que esas personas no tendrán más tarde resortes para salir de situaciones duras. Sin embargo, si se reclama algo, que puede ser un apoyo a otro o una mano tendida que fomente las relaciones entre las personas, aparece también la vertiente económica, porque la economía no la ha inventado el ser humano, sino que está dentro de él. Funcionamos unos con otros por oferta y demanda y si solamente hay una de las dos, las relaciones se rompen.

 

¿Y está dando resultado en España la apuesta por tender la mano al emprendedor o es demasiada la abundancia de iniciativas desde instituciones públicas, empresas y banca: incubadoras, aceleradoras de proyectos, certámenes… cuyo efecto real no se determina?

 

Depende. Querámoslo o no, somos mucho más emocionales que racionales. Si apoyamos el ámbito emocional en lo que respecta a estos proyectos, las cosas funcionarán. Si los racionalizamos, nos los cargaremos. Lo racional es el corto plazo: te doy un crédito o te cambio la estrategia y te las tienes que apañar. En cambio, los buenos frutos derivan de la conexión con las personas.

 

¿Se potencia acaso esa inteligencia emocional desde la educación?

 

Tenemos que mirar a los países que han apostado por educar en habilidades y emprendimiento y ver qué hacen bien. Por ejemplo, la enseñanza británica tiende a formar a las personas en lo que son como tales, algo que genera una autoestima y una seguridad que permite tomar decisiones y en consecuencia tener muchas más posibilidades de éxito. Así como una fuerte capacidad de iniciativa, en España también hay mucho quijotismo. El éxito depende de priorizar los puntos fuertes, nunca es casualidad, sino causalidad, que surge cuando se prioriza a lo que responde nuestro ser en esencia. Hay personas con una gran mentalidad espacial, otras con inteligencia matemática o capacidad de relacionar… La clave del éxito de cada uno está en las cosas que se le dan bien desde pequeño. Hay que aprovechar nuestro mejor diferencial y, sin embargo, nos enseñan a defendernos unos de otros y a homogeneizarnos. La economía anglosajona manda por algo.

 

Relata en el texto al que aludía en la segunda pregunta los inicios de su aventura como empresaria. ¿Cuáles son las principales cualidades del emprendedor?

Nunca me he planteado, ni ha sido la pregunta que me ha guiado, qué quiero ser de mayor. Pienso que es necesario ir dejando poso en aquello que te sale bien. Si lo que te gusta, además, triunfa, eso te proporciona un grado de autoestima y una solidez muy importantes. Dicen los magos que damos de sí para un 6% de la realidad que vivimos en cada momento. Ellos juegan con el resto y por eso hacen magia. Todos tenemos capacidad de hacer magia. En cambio, nos peleamos por ese 6% y hay mucha gente frustrada.

 

Ahora están de moda herramientas para poder desarrollar las capacidades personales, como el coaching, el mentoring, el mindfulness… 

 

Hubo una época en la que se vendía todo lo acabado en -ent, como outplacement o recruitment y ahora estamos en el tiempo de los -ing. Si racionalizamos los sentimientos, que es lo mejor que tiene el ser humano, nos cargamos todo. Y lo hemos hecho. El raciocinio como causa y prioridad no sirve. Los españoles estamos mucho más en el deber ser que en el ser. El mensaje lo tenemos muy claro, es muy grandilocuente, pero, a la hora de la verdad, nada de nada. Lo que sentimos es lo prioritario. Pienso que nos va a aportar muchas claves la neurociencia y el entender a la persona como generadora de riqueza. Tendiendo a que seamos todos iguales estamos repartiendo pobreza y así todo el mundo va a tener miedo de que otro le quite el puesto. Priorizar lo diferencial y canalizarlo significa generar riqueza porque no hay dos seres humanos iguales. Los sectores que hoy más facturan en el mundo no existían hace 15 ó 20 años. Un ejemplo, la telefonía móvil, aunque aún esté ‘en mantillas’.

 

Una de las claves que sugiere para resituar las empresas es apoyarse en el trabajo en equipo. ¿Es una práctica arraigada en España? ¿No cree que a veces se sobrevalora?

 

Las ideas parten de la individualidad, está claro. Desde ahí, la cuestión es el cómo y no el qué. Las ideas se pueden ofrecer a otros para que crezcan; el problema es cuando se ponen en el mercado pasando a los demás factura por nuestro ego. O arrogándonos el éxito. Pero que quede claro que no me refiero a regalarlas y colgarlas sin más en redes sociales, por ejemplo, una práctica que me parece más resultado de exceso de ego o de carencia afectiva que otra cosa. Por lo que sí apuesto es por ofrecérselas a quiénes me las vayan a devolver enriquecidas. No dar nada por nada, como decía antes. Y, desde luego, confío en la gestión del pensamiento y no del conocimiento porque es la que permite ir más allá y aumentar precisamente el conocimiento, que es la consecuencia. La causa siempre es el pensamiento, lo vivo, y eso, que parte de la individualidad, se desarrolla y prospera gracias a los demás.

 

Volvemos al tema de la educación entonces. En los países anglosajones se potencia lo que hacen bien los niños y aquí es más habitual regañar por las malas acciones.

 

En general, sí. Los presupuestos de formación de las empresas van destinados a preparar a la gente en lo que la compañía quiere, no en lo que los empleados quieren y, encima, se les pide implicación. Igual es que la selección de trabajadores no ha sido buena… Hemos manipulado de forma interesada al ser humano como generador de riqueza y deberíamos empezar a hacer buenos filtros de selección para los negocios y para la política. Porque líder solamente es el que se rodea de personas mejores que él mismo y es tan fácil ver quiénes hacen lo contrario… Existen individuos con enormes carencias emocionales que se convierten en mentirosos compulsivos para sobrevivir. Lo vemos a diario. Por ejemplo, en cuanto al número de asistentes a una manifestación. Unos dicen que 100.000 y otros que un millón. Nos empeñamos en querer tener razón y eso da exactamente igual. Hay que optar: o tienes razón o quieres cambiar las cosas. Lo primero te sube el ego; lo segundo, en cambio, significa ceder y eso escuece, pero hay que entrenarse en que ceder es ganar. Cuando cedes, ganas en primer lugar perspectiva y visión y dar un paso atrás en una negociación a menudo significa volver a la carga y llevarse ‘el gato al agua’.

 

¿Qué hay que hacer entonces para triunfar y ser feliz?

Pertenecer al 15% de los mejores en lo que cada uno sea bueno, ya sea jugar a las chapas o vender limones. Y, desde ahí, no salvar a nadie, pero sí tener la puerta abierta para que entre el que quiera. Si estás en ese 15% no tendrás que esperar a la salida de la crisis ni emplear disculpas, estarás prosperando. La microeconomía funciona hoy en día. El sistema ha cambiado y en esa esfera sí que hay trabajo, sobre todo si uno tiene claro el 15% en el que se quiere mover. Ahí se generarán las grandes empresas, porque las actuales no nos van a sacar de la crisis sino que van a seguir destruyendo empleo. Yo confío sobre todo en dos sectores, los relacionados con la Red y los servicios a las personas. Desde ellos se rehará el tejido empresarial. Pero la gente está descolocada. El problema es de mentalidad, no de realidad, sino de enfoque.

¿Caminamos hacia una ciudadanía más activa y preocupada por influir en las decisiones políticas? 

No sirve de nada enfrentarse a lo que ya hay, es engordarlo. En cambio, es básico pasar de la denuncia a la iniciativa. La denuncia sola significa que alguien saca tajada y no cambia nada. Ofrecer alternativas es lo que funciona. He creído durante muchos años que de lo que se trataba era de denunciar cosas como la corrupción, pero no es así. La maldad en el mundo triunfa por el silencio de las buenas personas, no por los malos. La corrupción es de tontos mentales porque, cuando no funciona la justicia social, la individual no perdona. No perdona. Y nadie se va sin pasar por caja. El que quiera ser corrupto, sabe lo que le espera, por lo que no deberíamos dedicarle ni un pensamiento.

¿Está convencida de que todos pasan por caja? 

Todos y no me refiero a si son juzgados, van a la cárcel o devuelven lo que han robado. Están hechos polvo, añicos. Tienen solamente tres salidas: psiquiatra, manicomio o cementerio. La cuenta corriente existencial es la que no perdona y es mucho más cara que la económica.

Como directiva de asociaciones empresariales y en particular de colectivos de mujeres empresarias, ¿opina que sigue existiendo el tristemente célebre techo de cristal?

El problema es que las mujeres tienen que jugar en el sistema que hay y no va con ellas, porque lo han creado los hombres. Las dos grandes asignaturas de la mujer para cambiar el sistema son la autoestima y la solidaridad. Ninguna basta sin la otra. Muchas quieren llegar sin más y se olvidan después de mejorar el sistema.

Hay una frase suya que me encanta y es que el entusiasmo cotiza más que la liquidez…

Cuando uno tiene ilusión, que es el verdadero motor interno, es porque ha dado con una clave interior y eso no puede fallar, a corto, medio o largo plazo, como valor diferencial único, exclusivo e irrepetible. Es algo que siempre va a estar al alza y no la pelea por lo que es igual a los demás.

¿Y cuál es su ilusión en este momento?

Cambiar el sistema de gestión empresarial y dar a conocer otro posible, viable y rentable para que, quien quiera, lo compre.