viernes, 17 de agosto de 2018

"En España falta un debate claro de qué modelo queremos para el futuro"

Orencio Vázquez, Coordinador del Observatorio de RSC Orencio Vázquez, Coordinador del Observatorio de RSC

El Coordinador del Observatorio de RSC se muestra escéptico sobre los avances que se pueden producir a corto plazo en la Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas. Y advierte que se ha dejado de lado un debate serio sobre cómo queremos que sea nuestro futuro.

En el mes de julio del año pasado se daba carta de naturaleza a la Estrategia Española de la Responsabilidad Social de las Empresas. Con casi un año vista, ¿qué valoración puede hacernos de esta iniciativa?

Todo lo que sea promover la participación de diferentes actores relacionados con la Responsabilidad Social Corporativa y llegar a consensos es un hecho positivo, supone dar un paso adelante. Lo que hay que pedir es que no se convierta en un documento más, de los que ya se han presentado en los últimos años y de los que prácticamente apenas se han producido avances. Para eso debe haber voluntad política para hacer una planificación real de lo que se propone en la Estrategia. Y lo que es más importante: que haya asignaciones presupuestarias concretas para ejecutar las distintas líneas que contiene el documento.

Ha hablado sobre las líneas de actuación que contempla la Estrategia. En concreto, se recogen diez que van desde la promoción de la RSE, a su integración en la educación, el buen gobierno y la gestión responsable de los recursos. ¿Espera que puedan ponerse en marcha algunas de estas líneas a corto plazo?

La verdad es que la experiencia y lo que ha venido sucediendo en la realidad no deja espacio a muchas esperanzas. Es lógico que tendamos a desconfiar de que puedan ponerse en marcha las líneas que propone la Estrategia Española de la Responsabilidad Social Empresarial en un periodo de tiempo relativamente corto. Al menos hasta que no se demuestre lo contrario. Más aún, ahora que estamos en un año electoral. Va a ser difícil que se lleve a cabo cualquier acción en este sentido. Por el contexto político, no creo que vaya a haber grandes novedades.

Los últimos años han sido de dura y compleja crisis. Financiera, económica y también social. ¿Pero está siendo esta una crisis sobre todo de ausencia de RSE? ¿Está sirviendo la crisis de coartada para obviar y olvidar los postulados de la RSC?

Como todo análisis general, las grandes conclusiones siempre dejan algo fuera. Para poder acercarnos todo lo posible a la realidad es preciso hacer un diagnóstico serio sobre la sostenibilidad del sistema actual. Y después estudiar qué medidas hay que incorporar desde la perspectiva de la RSE a una nueva estrategia global. De todos modos, lo que si echo en falta en España es un debate interno en los ámbitos políticos y de la sociedad civil de qué modelo queremos para el futuro. Un modelo que sea de verdad sostenible, porque de lo contrario ya hemos comprobado hasta qué punto puede llegar el deterioro económico de una sociedad. Aunque en la fase más virulenta de la crisis parecía que la discusión sobre la necesidad de cambiar el modelo de desarrollo parecía muy vivo, lo cierto es que ha decaído y considero que caminamos de nuevo en la misma dirección de lo que nos ha traído hasta aquí, hasta la situación que vivimos.

Con el escenario como país que dibuja, ¿en qué situación nos encontramos con respecto a los países de nuestro entorno, o de aquellos más avanzados en cuanto a Responsabilidad social?

No cabe duda de que aún estamos lejos de los países europeos con mayor arraigo y avance en RSC. Estamos lejos desde el punto de vista cultural, social y de buen gobierno con respecto a aquello países más críticos con todo lo que contraviene criterios y postulados de Responsabilidad Social.

Por ejemplo, ¿con los casos de corrupción que se están destapando?

Como decía, tiene mucho que ver con la mentalidad y la cultural de cada sociedad. Pero evidentemente también es extrapolable a las esferas política e institucional. Y en este país hay una fuerte sensación de impunidad, en relación con otros países.

¿La globalización es la vía de desarrollo de la RSE o la vía de escape para un sistema desregulado? ¿Es suficiente con una RSC entendida como un ejercicio de voluntarismo de cada cual?

La cuestión importante no estriba en si estamos en una economía globalizada o regionalizada, sino si se produce una actitud reactiva más que proactiva ante posibles cuestiones de dejadez de las obligaciones empresariales, o incluso de incumplimiento flagrantes de derechos. El cumplimiento voluntario es a todas luces ineficiente. Las autoridades y la sociedad no puede estar de espaldas, cerrar los ojos cuando hablamos de la vida o calidad de vida de las personas, de su seguridad, de eludir impuestos cuando se produce una situación de posición dominante o de dumping social o medioambiental. Esto lleva a un dibujo naïf de la RSE, de un mundo maravilloso. Y esto no es así. Es necesario exigir retornos, cumplimientos concretos a gestores y propietarios.

¿Son aplicables los mismos criterios de Responsabilidad Social a las pymes que a las corporaciones?

En la medida en que no se concreta, se tiende a generalizar. Y es lo que está pasando cuando de RSE se trata. Por ejemplo, en mi opinión, hablar del Pacto Mundial en las pymes no tiene mucho sentido. Lo que una pyme debe preguntarse es: dentro de mi ámbito de influencia qué puedo aportar en mi territorio, qué puedo ofrecer con mis productos y servicios, qué medidas puedo llevar a cabo para cuidar a mis empleados, a mí entorno... No podemos emplear la misma vara de medir a una gran corporación que a una pyme, ni pedirle que utilice las mismas herramientas o instrumentos.

¿Las nuevas tecnologías actúan como armas en favor de la RSC, como medios para lograr una mayor transparencia?

Esto debe ser tomado como expresión de algo mayor. Y las empresas son conscientes de ello. El crecimiento de las redes sociales está trayendo consigo cambios notables en el comportamiento de las organizaciones, de las empresas. Ahora hay una nueva libertad, gracias a que las nuevas tecnologías permiten que las empresas no puedan encubrirlo todo. Hay espacios que se escapan de su control.

Por su propia naturaleza, ¿un modelo social y económico basado en la competencia choca con la naturaleza misma de la RSE? ¿Es más lógico pensar en la afinidad entre la Responsabilidad Social y un modelo socioeconómico colaborativo?

Depende de la visión que se quiera aplicar. Ahí está la teoría instrumental de la RSE, que defiende su valor como instrumento cuando se produce beneficio. Para mí esto no ataja los problemas cruciales e importantes. Aquellos que tienen que ver con el impacto en los derechos humanos, en el medio ambiente, en la responsabilidad de la propiedad y la gestión. A mi juicio, hay que procurar armonizar una normativa internacional, aunque no es ni mucho menos fácil. Lo que se debe exigir es obligar a ofrecer el máximo de información en relación con la operativa de las empresas.

¿En el fondo cuando hablamos de RSC lo estamos haciendo de la ética de siempre? ¿Es un nuevo término para un concepto casi tan antiguo como el hombre?

El comportamiento ético siempre debe estar presente. Lo que ocurre es que cuando se habla de ética no se suele concretar mucho. Al revés, se tiende a concretar poco o muy poco. Los grandes conceptos hay que trasladarlos a procedimientos, hay que bajarlos y aterrizarlos a ras de suelo. Hay que crear mecanismos que prevengan los potenciales riesgos, que actúen de cortafuegos ante conductas no admisibles. Y aquí es donde se encuentra una de las claves más importantes.