lunes, 12 de abril de 2021

"Estamos obligados a avanzar hacia un nuevo modelo de producción y negociación porque no tenemos un planeta B"

Un momento del encuentro digital sobre Slowbalisation con Pilar Sánchez Un momento del encuentro digital sobre Slowbalisation con Pilar Sánchez

Parar, reflexionar y, como consecuencia de ello, actuar. Una tríada recogida en el libro 'Negociación Comercial: Hacia la Slowbalisation', de las profesoras de la escuela de negocios ESIC Business&Marteking School, Pilar Sánchez González y Ruth Fernández Hernández. Pilar Sánchez explicó, hace pocas fechas, los intríngulis del libro y sus postulados en una sesión telemática organizada por la sede de la escuela en Sevilla. Aprovechamos la ocasión para hablar con ella y conocer más en profundidad el porqué de este movimiento slow.

¿Es la slowbalisation un movimiento, una evolución lógica y necesaria de la globalización, o no deja de ser una moda?

La slowbalisation es un movimiento, una tendencia que viene produciéndose desde hace ya años. Parte de la idea, del convencimiento, de que el mundo de los negocios tiene que cambiar. Y evoluciona en paralelo con un consumidor más concienciado, más exigente, que se preocupa por la trazabilidad de lo que compra y de lo que consume. Esto implica concebir la negociación comercial de un modo distinto, dando cabida a la interculturalidad, a lo glocal, a un análisis de todo el proceso más autocrítico. Más que una moda, es una tendencia que está ahí.

¿La pandemia es una muestra, una constatación de que las cosas deben hacerse de forma diferente?

Tal y como lo expone, puede considerarse así. El planteamiento de base es hacer negocios de otra manera. Partiendo de las propuestas de Davos, y con las nuevas vías y canales que proporciona la digitalización, se hace evidente que ha surgido una nueva tipología de comprador. Un consumidor que representa una alternativa al usuario consumista per se. Un consumidor más informado, más comprometido con el cuidado ambiental, preocupado por su bienestar y salud, y que, por esto mismo, exige de las empresas nuevas estrategias e instrumentos de fidelización, de proximidad y acercamiento a través del marketing relacional.

Sin embargo, hay muchos economistas, directivos y empresarios no que no dejan de subrayar que lo importante es ser competitivos, más productivos y crecer más.

Claro que sí, y debe ser así. El objetivo prioritario de cualquier empresa tiene que ser su rentabilidad. Esto tiene que quedar muy claro. Ahora bien, hay formas y formas de hacer dinero. Yo los clasifico en dos tipos. Aquellos que lo buscan a toda costa, en el menor tiempo posible, olvidando o descuidando otros aspectos importantes del negocio, en una especie de guerra de tierra quemada. Y los que lo consiguen como consecuencia de un proceso y un trabajo desarrollado en el tiempo, como quien corre una maratón. En cualquier caso, los consumidores cada vez están mejor informados de cómo hace cada cual las cosas.

Pienso que las cosas están cambiando para mejor. La sociedad y los negocios son como la energía: cambian y se transforman, pero no desaparecen

De alguna manera, ¿por lo que está abogando es por un concepto integral de sostenibilidad?

Hay una evidencia que está transformando las conciencias, y con ello el comportamiento de muchas personas: no tenemos un planeta B. Algo tan elemental como esto, tiene unas enormes implicaciones en la economía, en las empresas, en la operativa de los negocios. Aunque los pasos que se están dando puedan ser aún lentos, vamos hacia un nuevo modelo de producción y un nuevo modelo de negociación. La economía verde y circular por la que aboga la Unión Europea para salir de la crisis provocada por la Covid19 es una buena muestra de ello.

Y ante un escenario como éste, ¿qué nombre hay que ponerle al cliente?

No creo que sea cuestión de nombres. El cliente siempre es el cliente, tiene que estar en el centro, porque sin clientes no hay dinero. Pero también es verdad que ya podemos hablar de un cliente diferente. Y las marcas que tienen como objetivo crecer y perdurar, se están viendo obligadas a acercarse a ellos de un modo también diferente. Con mayor transparencia y con mayor inclusividad.

Pero, precisamente, esta pandemia está poniendo en evidencia una nueva brecha entre el consumidor concienciado con todo lo que comenta, de aquellos que apenas están pudiendo subsistir.

Pues esto que indica es una razón más para hacer un stop, parar un poco y reflexionar. Las empresas han tenido durante esta pandemia un papel social fundamental, tanto en el mantenimiento del empleo, como en la colaboración con las autoridades sanitarias donando material. Un compromiso social que, poco a poco, será más grande, tanto por el lado de las empresas como de los consumidores. Es un proceso gradual, pero que estoy convencida llegará cada vez a más capas sociales y empresariales. Los comportamientos de casi todos están cambiando. Una evolución que puede verse ralentizada por la pandemia, pero que en ningún caso se detendrá.

¿Es la suya, entonces, una visión optimista del futuro?

Confieso que soy optimista por naturaleza. Pienso que las cosas están cambiando para mejor. La sociedad y los negocios son como la energía: cambian y se transforman, pero no desaparecen. Soy de las que cree que sprintar continuamente y sin orden no funciona. Mi visión es más maratoniana, más a largo plazo. Seguramente porque procedo del mundo de la filosofía y la ética. De todos modos, el futuro no será mañana, sino que ya está aquí.