martes, 22 de mayo de 2018

"No toda la digitalización va a ser Big Data, para las pymes lo útil es el Small Data"

El profesor Gay de Liébana durante la entrevista El profesor Gay de Liébana durante la entrevista

Economista, profesor, doctor, catedrático, José María Gay de Liébana es sobre todo un conversador, un comunicador de primera. Su verbo fácil, su agilidad de pensamiento y su capacidad para desentrañar los conceptos económicos más complejos con ejemplos del día a día, lo han convertido en predilecto de programas televisivos, de congresos y eventos. Con motivo de un acto organizado por la multinacional Ricoh, Mercados21 habla con este experto en Economía y Contabilidad de los profundos cambios provocados por la revolución tecnológica.

En un tejido empresarial como el español y el andaluz, en el que las protagonistas son las pymes, ¿de qué depende en realidad el proceso de digitalización?

En este momento, el gran reto de las empresas es saber adónde vas y cómo vas. No se puede estar de espaldas a la ola digital. Hay que distinguir entre las startup, empresas creadoras, sean de lo que sean, y de otra parte las pequeñas y medianas empresas de otros sectores. Las pymes deben entender que la digitalización, la incorporación de nuevas tecnologías y la inteligencia artificial son herramientas clave.

Pero no todas buscan lo mismo o hacen el mismo uso de las TICs.

No todo tiene que ser ruptura total. La transformación digital aporta mucho valor en la mejora de la gestión de los negocios, de los procesos y de la propia organización de la empresa. Y esto repercute en la relación con los clientes y en la cuenta de resultados. No todo va a ser Big Data, también está el Small Data. Lo que sí es diferencial es que ahora las empresas pueden conocer muy bien a su cliente: quiénes son, cómo se comportan, qué gustos tienen y qué les interesa.

En el fondo, ¿lo que se está produciendo es un cambio radical de modelo empresarial?

Hasta ahora la industria ha ido por un lado y los servicios por otro. Pero estamos asistiendo a una fusión entre ambas, creando lo que llamo servindustria. Ahí están empresas como Apple, que es una compañía que crea, diseña, desarrolla, piensa, vende, aunque en realidad no fabrica. La que fabrica es Foxconn. Podemos ver que esta servindustria es un mix, una alianza de fuerzas que es lo que te da potencia. La pyme tiene que estar por fuerza dentro de este proceso. Es más, tiene que aprovecharlo para potenciar su capacidad productiva y competitiva.

¿Y el que no llegue a este proceso, o el que no lo consiga, morirá?

Con seguridad. Estamos en una parrilla de salida. Y estás ahí o no estás. Unos podrán partir de la pole position y otros tendrán que hacerlo desde posiciones más retrasadas.

Siguiendo con su comparación, la variable velocidad y tiempo son fundamentales. ¿Cómo cala esto en empresas que han dominado en su sector sin necesidad de correr demasiado?

Ha llegado el momento de que las empresas piensen seriamente que estamos inmersos en un cambio brutal que se produce a un ritmo vertiginoso. O las empresas entran ahora o luego van a estar un poco fuera de juego. Vivimos en un tiempo que es inmediato, el presente es continuo, y eso tiene que formar parte de la médula de la empresa. La gente joven es nativa digital y, en nada, será la que cope el mercado por completo. De ahí la importancia de que empresas de sectores más tradicionales cooperen y se apoyen en otras para avanzar en este cambio.

Un salto que requiere de nuevos perfiles profesionales. ¿Cómo estamos en España con respecto a los demás?

No estamos nada bien. Estamos en un nuevo tiempo en el que priman sobre todo las habilidades digitales. Y para ello debemos pensar en cuáles son los habilitadores digitales necesarios (economía digital, nube, impresión 3D, manejo de aplicaciones, etc). Por tanto, es más necesario que nunca equilibrar la formación con las habilidades. Hay que trabajar en los dos frentes. En España tenemos un problema de formación en general. El desempleo está también relacionado con este aspecto. El problema se encuentra en que tampoco hemos trabajado adecuadamente las habilidades. No es la generación mejor formada, como tanto se dice, es la generación que tiene más habilidades.

¿Qué lograríamos si mejorásemos en esta faceta?

El objetivo debe ser estar a la vanguardia del mundo. Ahora bien, tenemos unos niveles de I+D+i que dejan mucho que desear. Sólo estamos en el 1,29%, cuando un país con la población de Islandia destina más a este capítulo sobre PIB. Y estamos muy por debajo de países como Corea o nuestro entorno más inmediato. Esto supone que Italia tenga un PIB un 60% mayor que el nuestro.

Gay de Liebana interior

¿En qué sentido paliaría la reindustrilización de España esta situación?

Tendríamos que estar pensando en la cuarta revolución industrial, que supondría reindustrializar la economía desde lo tecnológico. Nos interesa un Apple, un Microsoft, Ricoh. Aquellas que marcan la pauta y que son las que pilotan y comandan la nueva economía. De la mano de este tipo de empresas nuestra industria mejorará. No estamos hablando ya de industria contaminante, sino de una industria sostenible. Y la gente que necesitará este tipo de industria son personas preparadas, que se quedarían en casa y no se irían fuera.

¿Trabajo e inteligencia artificial, cómo va a casar este binomio dentro del mercado laboral de aquí a muy pocos años?

Qué duda cabe que cada vez más habrá robot trabajando por personas. Entramos francamente en una nueva era, y esto hay que abordarlo con una estrategia global. Desaparecerá una parte de los empleos actuales, y surgirán otros nuevos que requerirán formación y habilidades, como he comentado. ¿Se está pensando en quién van a pagar las pensiones? Se puede dar el caso de robots tendrán que contribuir para sostener el sistema de las personas. Si tuviéramos un objetivo, una estrategia bien marcada de mejora real del empleo, quizá no estaríamos ahora hablando tanto de las pensiones.

¿La digitalización va a ser el arma efectiva para recuperar economía real frente a lo financiero?

Vamos a una economía real digitalizada. Lo digital nos está ayudando mucho a volver a la economía real. Aunque esa parte de real se componga ya mucho de intangibles. Es más, la digitalización está eclosionando al propio sector financiero.

¿En qué país podríamos mirarnos como modelo?

Sin duda en Irlanda. Es un país digno de mirar, aunque desde otros países de la Unión Europea no se vea con buenos ojos. Un país intervenido que ha decidido facilitar las cosas a las empresas cobrando menos impuestos. El gobierno irlandés prefiere que contraten a sus universitarios y jóvenes preparados a conseguir financiación pública vía impuestos. Este es el camino que debemos seguir.

¿Estamos en condiciones de aprovechar el 'Brexit' como señalan algunos economistas y directivos?

Precisamente en Irlanda, con Dublín a 40 minutos de Londres, sí que pueden estar en condiciones de atraer a empresas que quieran salir del Reino Unido. De hecho, Citigroup ya ha anunciado que desplaza a 900 trabajadores a la capital irlandesa.

En este escenario, ¿cómo hay que afrontar o reorientar el término internacionalización de la empresa?

La globalización está cambiando prácticamente todas las formas de operar de las empresas. Ya no hay barreras, por mucho que algunos estén empeñados en lo contrario. El mundo está tan interconectado que va ser difícil volver a construir murallas. Las relaciones y ventas desde cualquier parte del mundo son hoy perfectamente posibles. Estés en Sevilla o en Australia. Ahí está el recadero del siglo XXI: Amazon.

¿Dónde quedan entonces las propuestas de Trump?

Trump es un personaje que tiene 70 años, chapada a la antigua. Un voceras tremendo. Ya en sus primeras entrevistas ha rebajado bastante el tono, con respecto a lo que dijo en campaña. Trump vive en su mundo, pero no le va a quedar otra que acompasar el paso. El mayor peligro está en el efecto contagio que pueda tener, por ejemplo, en Europa.