sábado, 24 de febrero de 2018

‘Smart City’, el nuevo tablero de juego

Análisis de Eduardo Bustillo Holgado, geógrafo y socio consultor en GEOCyL

Los territorios evolucionan y las empresas han de ser conscientes de los cambios que ocurren en ellos. Pymes y autónomos son piezas involucradas en la transformación del espacio y han de desarrollar una capacidad adaptativa a los nuevos paradigmas espaciales que cambian el territorio sobre el que se desarrolla su actividad.

Las medidas VELID impulsadas por el Ayuntamiento de Valladolid pretenden favorecer la implantación del uso del vehículo eléctrico de limitadas dimensiones entre empresas y particulares.

El concepto Smart City, más que limitarse a un nuevo tipo de ciudad, define una línea de políticas y actuaciones, en buena medida soportadas por avances tecnológicos, encaminadas a lograr una mayor eficacia y eficiencia territorial que revierta en el bienestar de los ciudadanos. Es un error circunscribir este tipo de políticas solo al ámbito urbano, dejando de lado al medio rural, por lo que es más preciso hablar de municipalidades inteligentes o, acaso, de espacios o territorios inteligentes.

En España, varios municipios han apostado por emprender políticas inteligentes a través de diversas líneas de actuación. La innovación en movilidad, las medidas de eficiencia energética, las mejoras de habitabilidad y accesibilidad, una administración electrónica o la especial protección del medio ambiente son solo algunas de esas líneas de actuación en las que están trabajando los municipios españoles, fundamentalmente aquellos con poblaciones superiores a los 80.000 habitantes.

Escribió el geógrafo brasileño Milton Santos: “Cada sistema temporal, el espacio muda sus características”. Pues bien, en estos momentos nos encontramos en un tiempo de ruptura de paradigma. Los avances tecnológicos han servido para dar nuevas soluciones a los problemas planteados por las ciudades y las empresas, como elementos esenciales en la creación de ciudad, deben adoptar medidas que las sitúen favorablemente en el nuevo tablero de juego.

Uno de los cambios más importantes en el ámbito territorial es la forma de entender la movilidad urbana. Las empresas que antes vendían vehículos, ahora venden soluciones de movilidad. Las ciudades desarrollan sus planes municipales de movilidad sostenible en torno a los nuevos avances en el sector y las empresas han de tomar decisiones en consonancia para que mejoren sus necesidades de transporte.

Es dentro del ámbito urbano donde se produce el mayor número de desplazamientos, ya sea de personas o de bienes, algo que guarda una estrecha relación con la habitabilidad, la competitividad y la sostenibilidad empresarial. La manera en que los trabajadores se desplazan, la forma de conectarse con proveedores y clientes son elementos a tener muy en cuenta.

Las administraciones locales implantan medidas que favorecen los transportes públicos eléctricos menos contaminantes, el uso de la bicicleta, el car sharing, las nuevas soluciones de aparcamiento inteligente que reducen la intensidad del tráfico… Los centros urbanos se abren a vehículos eléctricos, implantan infraestructuras estándar de recarga que reducen el range anxiety, aprueban incentivos fiscales para vehículos eléctricos e incluso medidas singulares para vehículos de eléctricos de limitadas dimensiones, pensados para un uso estrictamente urbano.

Empresas y autónomos han de plantearse la eficacia de su movilidad, contribuyendo a un entorno más saludable y racional. ¿El desplazamiento de sus trabajadores y bienes puede ser más eficiente? ¿Cómo estas nuevas oportunidades de movilidad van a ayudar a reducir tiempo y costes? Opción modal más eficiente, car sharing, car polling, geomarketing o flotas verdes son términos que han de introducirse de lleno en la gestión empresarial.

Pero no solo hemos de plantearnos iniciativas Smart City en términos de movilidad porque existen políticas que reducen las necesidades de desplazamiento, como la administración electrónica. Las empresas, cada vez más, pueden realizar gran parte de sus trámites con la administración de forma online y, de igual manera, deben alinearse con estas políticas favoreciendo el teletrabajo, la multiconferencia, la racionalización de horarios y una mejor relación con los clientes sin necesidad de desplazamientos no obligados. Movilidad o administración electrónica son solo dos ejemplos de las políticas inteligentes que se están llevando a cabo por parte de muchos municipios españoles y que influyen sobre el espacio en el que las empresas desarrollan su actividad.

Los territorios inteligentes, de ámbito urbano o rural, se mueven en dinámicas que están impulsadas por la propia ciudadanía. Son sensibles y responsables ambientalmente y saben establecer vínculos con lo próximo, así como adquirir conocimiento de territorios separados físicamente, pero con los que comparten proyectos comunes, territorios que innovan y son capaces de crear diferencias competitivas. Las empresas que quieran aprovechar las bondades del nuevo modelo Smart City han de comprometerse con la visión territorial de allí donde se encuentren, ser responsables con el entorno, no solo en términos ambientales o de sostenibilidad, luchar para buscar la cohesión y el equilibrio de todos los ciudadanos y ser partícipes de la transformación del espacio público y de la ciudad.