sábado, 23 de junio de 2018

Proxima Systems apuesta por la reinversión de beneficios para desarrollar productos y tecnología

Una de sus principales ventajas competitivas reside en que su producto estrella, iProx, integra la monitorización de todo el proceso productivo y hace posible su control en un único punto.

M. Martínez García   I    Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I    Sigue al autor en @m_pinciana   I    16/05/2013

Del afán por mejorar la eficiencia y la rentabilidad de máquinas y también de instalaciones y edificios nace en 2004 Proxima Systems, una empresa vallisoletana que comercializa sistemas para el control y la monitorización de procesos basados en la medición de su funcionamiento, el análisis de la información obtenida y la identificación de las oportunidades de mejora. La compañía, como señala su director, Emiliano Muñoz, buscó desde el inicio desarrollar tecnología propia, incluso, a medida del cliente. Los recursos generados en los años de actividad se han reinvertido en su totalidad hasta llegar a contar, hoy, con un amplio catálogo de productos y cuatro patentes registradas.

Emiliano Muñoz -sentado- y Borja Rodríguez -a la derecha- en Boecillo.

Ubicada en Boecillo, en unas instalaciones que se han ido ampliando, Proxima Systems cuenta en estos momentos con seis personas en plantilla. Borja Rodríguez, socio junto a Emiliano, se incorporó en los comienzos a un proyecto cuya primera fase puso en marcha el director con recursos propios desde el punto de vista financiero y que contó para una segunda etapa con la ayuda a través de un préstamo de Iberaval.

El trabajo con los clientes comienza, en general, con una primera implantación a pequeña escala en sus máquinas, procesos, líneas de producción o edificios. Una monitorización que se va ampliando a otros dispositivos de esa línea y, finalmente, a todas. “En cuanto ve la tecnología, el control y las mejoras, el cliente se fideliza”, señala Borja “y acaba queriendo ampliar el control a toda la instalación”.

Su producto estrella, iProx, tiene una unidad remota instalada en la fábrica, en el lugar del proceso, y un software en la nube que hace cálculos. Las funcionalidades de ambas unidades se han ido ampliando. Un desembolso inicial y una cuota recurrente por el servicio de monitorización suele ser la forma de venta. Sus primeros clientes pertenecían al sector agropecuario, necesitado de monitorización de sistemas de riego, algo que les ha permitido más tarde crear nuevos productos dirigidos, entre otras, a instalaciones fotovoltaicas para evolucionar a continuación hacia los otros generadores de energía, desde biomasa a centrales hidroeléctricas. Ahora, se dirigen a cualquier tipo de industria.

Al apreciar, como apunta Borja, que un 90% de las necesidades era común para las diferentes soluciones (registro de datos, representación gráfica, alertas e informes, entre otras), se decidió desarrollar iProx, que cuenta con alrededor de un 20% de personalización para cada sector. La plataforma dispone de dos componentes, explica Emiliano, un equipo electrónico que se instala junto a la máquina en la fábrica y recoge de manera continua las variables que impactan en la rentabilidad –que puede depender, en función de la industria de que se trate, de la calidad de la materia prima, el consumo de plásticos u otros componentes, agua o energía…– gracias a sensores. La información se envía a un software en la nube que analiza los datos e identifica las ineficiencias y se las presenta a quien ha de tomar decisiones. El hardware se vende en renting y la suma de este más la cuota mensual del software es menor que el ahorro, cuyo porcentaje suele variar en función de la antigüedad de la tecnología que emplee el cliente y oscila entre un 10 y un 30%.

En un contexto de reducción de costes como el actual, la mejora de la productividad y la eficiencia es básica, de ahí la importancia de iProx, que puede estar distribuido en varias plantas en diferentes localizaciones y países y es capaz de generar información en una pantalla en tiempo real e informes y alertas de todo lo que está sucediendo en el proceso integral. Su estrategia de diferenciación está en ofrecer una herramienta que resuelve todas las necesidades del control y telegestión a los clientes sin necesidad de desplazamientos para encauzar los procesos gracias a la incorporación de vídeos, sin olvidar la radiofrecuencia y la tecnología de lectura de tarjetas, que permite integrar en ese análisis la presencia o ausencia de personal, el control de asistencia… y, en consecuencia, la seguridad. “Una gran ventaja competitiva frente a otros sistemas del mercado es integrar todos los dispositivos del proceso productivo para controlarlos en un único punto”, apunta Emiliano.

“Para nuestro producto, la clave está en variabilizar el coste de su uso. Algunos de nuestros mejores clientes comenzaron comprando una unidad básica de monitorización cuyo servicio de análisis de datos costaba 16 euros al mes. Gracias a la progresividad y al pago por uso, en estos momentos utilizan iProx en miles de instalaciones. Les acompañamos fuera de España. La compra inicial no les supuso un desembolso gravoso y van pagando lo que van utilizando, por eso después de cinco años seguimos con ellos en momentos como los actuales”, continúa. “Hace ocho años no pensábamos llegar a las funcionalidades que ofrece hoy un equipo”, añade Borja.

La empresa, además, puede presumir de una carrera de fondo continua sin relajarse para ir innovando. “Está en nuestro ADN, no queremos nada más que resolver problemas de nuestros clientes para que ellos ahorren dinero y nosotros ganemos con ello. Es un continuo perseguir el problema. Nunca vamos a conseguir el 100% de eficiencia, pero se solucionan dificultades que, con la tecnología del pasado, parecían muy complejas. Lo que vendemos tiene que ser rentable, que el cliente perciba ese valor y pague por ello”. Con su catálogo de productos, en buena medida gracias a las inversiones en su mejora desde que nació la empresa, están preparados para salir a otros mercados y ya tienen proyectos fuera de España. En Uruguay se usa el producto para vigilancia de incendios con cámaras móviles e inalámbricas desde un puesto de control. Monitorizan también repetidores de telefonía en Dubai que funcionan con gasoil para ver el combustible disponible en los tanques, controlar los accesos y las posibles intrusiones en esas zonas y comprobar que los equipos funcionan de forma correcta.

El balance es positivo, a pesar de la crudeza de los últimos tres años, señala Emiliano, que repetiría una experiencia que le permite hacer lo que más le gusta, tratar de evitar despilfarros, buscar la eficiencia y desarrollar productos y patentes. En 2008 les entregaron e Premio a la Mejor Aplicación de Monitorización y Telegestión que otorgan varios gigantes de las telecomunicaciones. “Se te pasan entonces por la cabeza todos los esfuerzos, fracasos, noches sin dormir… hasta tener iProx. Que se fijen en él con todo lo que ha costado, es una satisfacción”, comenta Emiliano antes de aconsejar a los emprendedores empezar a vender en paralelo a la puesta en marcha de la empresa. Para él, el mayor obstáculo sigue siendo lo poco que se valora el conocimiento en comparación por ejemplo con la construcción de una nave industrial en términos de conseguir financiación. A Borja, apunta él mismo, le ha ayudado mucho una visión global de la empresa desde la parte tecnológica a la de programación, pasando por la venta y la postventa. “No pensé al inicio que íbamos a manejar los terabytes de información que manejamos ahora y que cada vez hacemos más con menos recursos. Para vender hay que diferenciarse e innovar y yo estoy especialmente orgulloso de nuestros logros en tecnología”, concluye.