domingo, 23 de septiembre de 2018

Juan Casado Canales: "Queremos que el conocimiento sea un activo relevante de la economía de Castilla y León"

Entrevista a Juan Casado Canales, Comisionado para la Ciencia y la Tecnología en Castilla y León 

M. Martínez García   I   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I   03/10/2012

Entre 2008 y 2011, las universidades de Castilla y León apoyaron la creación de 59 compañías, 35 de ellas de base tecnológica. Es sólo un dato, pero el hecho de que la media anual de nuevas empresas que responden a este perfil se haya multiplicado respecto a la de años anteriores da cuenta de la importancia del Programa de Transferencia de Conocimiento Universidad-Empresa, conocido como TCUE, que tiene en este aspecto uno de sus principales objetivos.

Detrás está un equipo que lidera el director de la Fundación de Universidades de Castilla y León y Secretario General de la Consejería de Educación, Juan Casado Canales. Físico, ingeniero aeronáutico y máster en Tecnologías de los Materiales y Procesos Industriales, ha trabajado en organismos públicos relacionados con la promoción tecnológica industrial de la Administración del Estado y de Castilla y León y, en la actualidad, en su papel de Comisionado para la Ciencia y la Tecnología, se encarga de impulsar la transversalidad de la política de ciencia, tecnología e innovación del Gobierno regional y de asegurar la coordinación y coherencia de las estrategias autonómicas de I+D+i y de Sociedad Digital del Conocimiento.

Juan Casado en la sede de la Fundación de Universidades de Castilla y León en Valladolid. FOTOS: M. Martínez

¿Dónde está el germen del Programa de Transferencia de Conocimiento Universidad-Empresa puesto en marcha en 2008 en Castilla y León?

La gestación del proyecto es paralela al proceso de diseño de la Estrategia Universidad-Empresa de la Comunidad durante el año 2008, un momento en el que la situación venía caracterizada por que existía, y sigue existiendo, un sistema universitario con un elevado nivel académico e investigador, con una potencial oferta tecnológica que, al menos sobre el papel, le permitía desarrollar una serie de actividades de alto valor añadido en cooperación con las empresas, como programas y proyectos de I+D+i de interés para el tejido productivo, servicios científico-tecnológicos especializados, formación especializada, incorporación de personal especializado a la empresa mediante movilidad de personal investigador y creación y desarrollo de empresas de base tecnológica (EBT). No obstante, pese a esa situación teórica y a los importantes avances de años anteriores en el contexto global de la evolución de la I+D+i, la interacción entre universidades y empresas dentro del sistema regional era claramente insuficiente, especialmente en comparación con otras zonas y países de nuestro entorno, que deben ser nuestros referentes y que son nuestros competidores a nivel europeo e internacional.

El análisis realizado en la primera mitad de 2008, durante la preparación de la Estrategia Universidad-Empresa de Castilla y León, puso de manifiesto algunos desequilibrios muy significativos al comparar el peso relativo de la actividad de transferencia de nuestros investigadores universitarios con el conjunto de los españoles. En ese contexto, una vez diagnosticado el problema, con el objetivo de paliarlo y en el marco específico de la Estrategia Regional de I+D+i de Castilla y León (ERIDI) se diseñó y presentó la Estrategia Universidad-Empresa de Castilla y León 2008-2011, cuyo fin es reforzar la conexión en materia de transferencia de conocimiento y de educación entre los ámbitos de la Universidad y de la empresa y que, actualmente y tras la actualización de la ERIDI 2007-2013, se encuentra integrada en esta última y, por tanto, prorrogada hasta 2013. La Consejería de Educación ha concentrado el grueso de sus actuaciones en materia de transferencia de conocimiento desde la Universidad hacia la empresa en un programa específico que se ha conocido a través de sus siglas, TCUE.

¿En qué consiste a grandes rasgos, cuáles son sus objetivos y cómo se articula?

Su propósito general es aumentar la relación entre el mundo de la Universidad y el de la empresa para alentar la incorporación del conocimiento como activo relevante de la economía regional. Tradicionalmente, investigación y docencia han sido consideradas como las dos principales misiones de la Universidad. Pero, hoy, nadie cuestiona la importancia de la denominada tercera misión, que consiste en la contribución de la Universidad al desarrollo tecnológico y económico mediante la transferencia del conocimiento. Las universidades han de asumir su papel en la economía, siendo capaces de responder mejor y más rápido a las demandas del mercado y de desarrollar alianzas para aprovechar el conocimiento científico-técnico que poseen.

TCUE es un proyecto impulsado y financiado al 100% por la Junta de Castilla y León a través de la Consejería de Educación, en el que participan todas las universidades de la región, tanto públicas como privadas. Es decir, Burgos, León, Salamanca, Valladolid, Pontificia de Salamanca, IE Universidad de Segovia, Europea Miguel de Cervantes de Valladolid y Católica de Ávila. Coordina los trabajos la Fundación Universidades de Castilla y León (FUNIVCYL), entidad adscrita a la Consejería de Educación. Las universidades, a través de sus oficinas de transferencia de conocimiento (OTC), ejecutan su actividad conforme a seis grandes medidas: consolidación de las estructuras de transferencia de conocimiento universitarias, identificación y consolidación de la demanda y la oferta tecnológica, promoción e impulso a la I+D+i cooperativa –esto es, promover proyectos colaborativos entre las universidades y las empresas, tanto en el ámbito nacional como en el europeo–, protección y explotación del conocimiento generado, impulso a la actividad emprendedora y creación de empresas de base tecnológica desde la Universidad, a través de un servicio continuo de asesoría personalizada a emprendedores, y difusión de las actividades científicas y técnicas al ámbito empresarial y fomento de la cultura favorable a la innovación en la sociedad. Uno de los principales logros de TCUE es haber puesto a trabajar de forma coordinada a nuestras ocho universidades, compartiendo información, recursos e incluso una imagen de marca que se formaliza en lo que se ha denominado Red TCUE, en la que cada Universidad aporta un impulso importante en función de su tamaño, trayectoria y características.

¿Qué actividades ha desarrollado esta Red?

Se ha creado un grupo de trabajo estable sobre gestión de la transferencia de conocimiento, un foro de debate sobre cuestiones clave en materia de transferencia de conocimiento desde la Universidad hacia la empresa, en el que participan activamente los equipos responsables de TCUE en cada centro. Los trabajos se desarrollan fundamentalmente a través de jornadas o reuniones con temas como los instrumentos y modelos para la creación de empresas a partir del conocimiento universitario, las herramientas de financiación para emprendedores, la vigilancia tecnológica y la comercialización de patentes y de derechos de propiedad intelectual, las buenas prácticas en transferencia de conocimiento y la evaluación y el registro de alimentos funcionales y de medicamentos y productos sanitarios, entre otros. También se han organizado actividades formativas conjuntas para los técnicos implicados en las tareas de transferencia y, en colaboración con la consejería de Economía y Empleo, a través de la Agencia de Inversiones y Servicios (ADE) y del Centro de Empresas e Innovación (CEICALSA), se han organizado tres ediciones del concurso de fomento del espíritu emprendedor en la Universidad Campus Emprende. Cabe destacar, por otro lado, los esfuerzos de la FUNIVCYL por captar financiación externa a través de proyectos financiados bien por el Ministerio, bien por las instituciones europeas. Me llena de orgullo que el proyecto TCUE, en sus inicios cofinanciado por FEDER, haya resultado finalista en los Premios RegioStars, que convoca anualmente la Comisión Europea. El proyecto será defendido en unos días en Bruselas y competirá con otros cinco finalistas procedentes de Alemania, Austria, Portugal, Reino Unido y Suecia. El objetivo de estos galardones es identificar buenas prácticas de desarrollo regional y destacar los proyectos innovadores y originales que pueden resultar atractivos y servir de ejemplo para ser desarrollados en otras regiones de Europa.

Una de las medidas de TCUE es la identificación y consolidación de la oferta científica y tecnológica de las universidades. ¿En qué destacan las más importantes de la Comunidad?

En relación con la identificación y consolidación de la demanda y oferta tecnológica, dentro de TCUE se ha impulsado la identificación y comunicación de la oferta, incluyendo la elaboración de catálogos específicos en cada una de las ocho universidades y su puesta a disposición de las empresas. Esa oferta, que desde 2010 también incluye la cartera de patentes y de registros de la propiedad, se ha distribuido y difundido en diferentes formatos y canales y hoy se sigue manteniendo actualizada en la web de cada una de las universidades. También se puede acceder a la versión más actual de estos catálogos a través de la página del proyecto: www.redtcue.es. En esta misma línea, la FUNIVCYL ha publicado un catálogo impreso con la oferta tecnológica y científica conjunta de las universidades que expone, de forma sucinta y bajo el formato de sencillas fichas individuales, la actividad científica y tecnológica de posible interés para las empresas. Las fichas contienen toda la información aportada directamente por cada grupo universitario de investigación a la OTC de su respectiva Universidad. Se han distribuido en cuatro grandes áreas, en las que nuestras universidades son fuertes y tienen mucho que ofrecer: Ingenierías y Tecnologías, Ciencias Básicas, Ciencias de la Vida y de la Salud y Ciencias Sociales y Humanidades. Además, se ha prestado una atención individualizada a los grupos e investigadores con mayor potencial en términos de colaboración con empresas y sectores concretos y se han adaptado fichas de estos grupos a los formatos en inglés de Galactea Plus, al objeto de lograr una mayor presencia en programas europeos.

La iniciativa ha incluido un trabajo transversal con la consejería de Economía con encuentros entre grupos de investigación de las universidades y empresas que forman parte de los clústeres impulsados desde Economía. ¿Qué resultados se han obtenido de estos encuentros? ¿Cuál es la importancia del trabajo en red, también en la Administración Pública, en estos tiempos?

Hemos propiciado una serie de encuentros bilaterales (partnerings) entre las universidades y las empresas pertenecientes a los diferentes clústeres al objeto de explorar posibilidades de colaboración en materia de I+D+i. Aunque es temprano para su evaluación y en muchos casos se trata de datos confidenciales, sí nos consta que los resultados son esperanzadores, están siendo positivos y en algunos casos han supuesto el inicio de fructíferas colaboraciones.

El esfuerzo por divulgar TCUE en las universidades ha sido grande, en especial gracias a las OTC, pero, ¿cómo valora su grado de conocimiento por parte de las empresas? ¿Qué suelen requerir o demandar las compañías cuando se acercan proyecto y qué valoran más?

Los trabajos de difusión del proyecto han sido enormes y complejos, pero gracias a ello hoy tenemos ya consolidada una imagen de marca y podemos decir que en el entorno de aplicación del mismo todos los actores (universitarios y empresariales) identifican inequívocamente las siglas TCUE. Respecto a las empresas que se acercan al programa, no hay un perfil concreto, ya que se llega tanto a firmas de nuestra región como de fuera de ella, grandes y medianas. Lo que sí tienen todas en común es la necesidad de resolver una carencia tecnológica o científica concreta y son conocedoras de que la Universidad les aportará lo que buscan.

La financiación a las ocho Universidades de la región para desarrollar TCUE ha evolucionado de una cantidad fija a un fijo y un variable según resultados como el número anual de patentes y los convenios firmados con empresas. ¿Se incidirá más en el apartado variable en el futuro?

La ejecución del proyecto entre el año 2008 y el 2011 ha supuesto más de 10 millones de euros. Si contamos la actual fase de ejecución, que comprende desde el 1 de noviembre de 2011 al 31 de octubre de 2012, la cifra prevista asciende a 12,5 millones de euros. De éstos, aproximadamente el 27,5% tiene como destino el fomento del emprendimiento universitario, el 19% se dirige al impulso de proyectos en cooperación con empresas y casi el 16% se dedica a fomentar el registro y la comercialización de patentes universitarias. El resto se deriva a la consolidación de las oficinas de transferencia de conocimiento de las ocho universidades de la región y a la especialización de los profesionales que las integran, así como a la difusión. A partir de la segunda fase de ejecución del proyecto en la financiación se distinguen dos tramos: uno fijo en función de los resultados obtenidos en años precedentes y otro variable, en función de los objetivos que se vayan consiguiendo.

Para el éxito de un proyecto como TCUE es fundamental la colaboración de los órganos de Gobierno de las universidades. ¿Cómo valora este extremo?

Así es, a lo largo de su ejecución hemos constatado que, cuando los órganos de Gobierno de la Universidad se han implicado de verdad, se han obtenido resultados mucho mejores. De hecho, la evolución de los resultados obtenidos por cada centro ha sufrido claramente los avatares de los cambios rectorales producto del sistema de Gobierno característico de las universidades. Cuando el nuevo rector ha hecho propio el proyecto, éste ha despegado; cuando no ha sido así, los resultados se han resentido. Por tanto, hemos identificado esta forma de involucrarse en el proyecto como uno de los factores clave del éxito del mismo.

¿Cuáles son las perspectivas de futuro del programa?

Aunque ha habido progresos sustanciales y, en materia de transferencia de conocimiento, nuestras universidades convergen con el resto de las españolas, aumentando de una manera notable sus logros en los últimos años, todavía queda mucho camino por recorrer. En este campo estamos hablando de un cambio cultural, que saque a la Universidad de sus aulas y laboratorios para encontrarse con las empresas, que apueste por el emprendimiento... Y los cambios culturales sólo pueden plantearse a medio o largo plazo. Son una carrera de fondo en la que es necesario persistir, apartar las decepciones, superar el desánimo que provocan los obstáculos y las actitudes resistentes al cambio y evitar la tentación de rendirse, de arrojar la toalla. Los datos globales y algunos brillantes ejemplos individuales confirman que, aunque lentamente, se avanza en la dirección correcta. Ahora bien, las circunstancias económicas son muy diferentes hoy de las existentes cuando comenzó TCUE (en la práctica, a mediados de 2008) y la experiencia adquirida debe servirnos también para evolucionar hacia nuevas herramientas, más eficientes y que sean sostenibles en el tiempo. En un escenario como el actual, con menos recursos públicos, se hace más necesario que nunca su optimización, coordinando los esfuerzos no ya sólo de las diferentes consejerías de la Junta de Castilla y León, sino también con otras administraciones (estatales, locales e incluso de otras regiones). En esa misma línea de optimización de los recursos, parece imprescindible acometer con urgencia aquellas modificaciones legales que supongan remover los obstáculos que se opongan a lo que se pretende impulsar. Por ejemplo, sería muy interesante modificar el marco retributivo del personal investigador para favorecer las actividades de transferencia. Dicho esto y dados los excelentes resultados del proyecto TCUE, éste tendrá, sin duda alguna, continuidad en el tiempo durante el próximo año, aunque todavía no se pueden dar cifras definitivas relativas a su partida presupuestaria.

¿Supondrá la actual situación económica un cambio en el modelo de financiación?

Manteniendo su mensaje y su identidad, el programa evolucionará porque ya no habrá un gran proyecto central que asegure la supervivencia de las OTC de las ocho universidades. Este gran proyecto será sustituido por proyectos menores, con plazos y objetivos definidos. Las OTC deberán acostumbrarse a vivir sin el respaldo constante de los fondos regionales. Habrán de buscar fuentes de financiación alternativas y plantear actuaciones puntuales a la Administración regional que, en cada caso,  negociará su apoyo individual. Además, para que esa actuación pueda ser apoyada, deberá comportar algún tipo de cofinanciación (propia o de terceros, pública o privada, nacional o europea) y su financiación será proporcional al logro de objetivos.Desde la Fundación Universidades de Castilla y León se organizarán actividades conjuntas, en red, que den cierta continuidad a lo puesto en marcha por TCUE. De manera concreta, entre otras cosas, se mantendrán las bases de datos con la oferta tecnológica o la cartera de patentes conjunta, el concurso Campus Emprende... Además, se continuará apostando por el concepto de red de universidades de Castilla y León y, en la medida de lo posible y respetando lo que imponga la entrada de terceros como patrocinadores o financiadores, se intentará mantener la imagen de marca TCUE que, en los últimos años, se ha convertido en un referente potente en este ámbito.

¿Cómo han evolucionado los resultados en los últimos años gracias al proyecto?

Durante el período 2008-2011, las universidades han ingresado anualmente casi 19 millones de euros por trabajos de I+D y consultoría, acumulando un total de 74,99 millones de euros a lo largo de los cuatro años. Estas cantidades representan un crecimiento superior al 61% respecto de los promedios anuales anteriores a la puesta en marcha de la Estrategia Universidad-Empresa. Además, en ese tiempo las universidades de Castilla y León han apoyado la creación de 59 nuevas empresas (35 de ellas de base tecnológica), a razón de 14,75 anuales, lo que supone un incremento del 195% respecto del período anterior. Ha mejorado sustancialmente el promedio anual de solicitudes de patentes ante la oficina española competente en la materia (crecimiento del 191,35%) y el promedio anual de Registros de la Propiedad Intelectual (crecimiento del 172,50%) y, lo que es más importante, se han empezado a comercializar esas patentes y registros. Finalmente, entre 2008 y 2011, las ocho universidades participaron en la elaboración de 314 propuestas con empresas para programas nacionales de apoyo a la I+D+i y de 263 para programas internacionales, fundamentalmente europeos.