jueves, 20 de septiembre de 2018

Intuición, sagacidad y visión de negocio

INSPIRADORES: Carlos de Vega, presidente de Vega Piel Hermanos S.L. Traemos este mes la semblanza de un empresario de Salamanca dedicado a una actividad atípica, la compraventa de pieles en bruto de ovino, bovino y caprino, principalmente de origen español. Son apreciadas en el mundo entero, pues la cabaña española de ovino es probablemente la mejor del mundo en cuanto a calidad de piel, aunque paradójicamente se ha reducido casi a la mitad. Su actividad es sencilla en apariencia: compra y vende, mantiene una estructura empresarial elemental con 18 trabajadores, realiza mínimas inversiones en activos fijos y mantiene una fuerte y fluctuante inversión en capital circulante.

Mariano García-Abril    I   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I   Síguenos en @Mercados21    I    21/05/2013

Ejerce un oficio que heredó de sus mayores, un vieja actividad que a uno le transporta por asociación hasta los tiempos de La Mesta, hasta la época de aquellos mercaderes burgaleses que vendían la lana merina castellana en los mercados de Flandes.

La empresa familiar que Carlos dirige, Vega Piel Hermanos, es líder de su sector en España.

Su abuela fue ‘pellejera’ de Negrilla de Palencia, en la comarca de La Armuña. Compraba pieles y grasas a tratantes, carniceros, plazas de toros y particulares; las adobaba y secaba y revendía después el género a curtidores, guarnicioneros o fabricantes de jabón en las poblaciones cercanas. Su padre –Mariano de nombre– se dedicó a lo mismo, pero con más visión y ambición. Comenzó recogiendo las pieles con mula hasta que pudo hacerlo en moto y a finales de los 60 ya se había instalado en Salamanca. Pronto se hizo con un pequeño camión para el transporte de la mercancía y empezó a tratar con grandes almacenes y fabricantes. Logró hacerse un sitio y un nombre a nivel nacional, pero murió en 1982 al caerse de la nave del negocio con 52 años. Carlos todavía estaba en el colegio.

No otorgo al hecho más que un valor anecdótico, pero llama la atención que ocho de los 10 empresarios retratados hasta ahora en esta sección tuvieran que enfrentarse a la muerte del padre durante la infancia o primera juventud. Aunque eran tiempos de menor esperanza de vida, un varón español de 40 ó 50 años, en 1940 y 1960, respectivamente, podía esperar vivir hasta los 67 ó 76 años. Alguna relación debe guardar una circunstancia así con el carácter emprendedor: quedar huérfano a edad temprana obliga a madurar de inmediato para salir adelante, a tomar conciencia prematuramente de la responsabilidad sobre el propio destino.

Es lo que debió suceder en la personalidad de Carlos. Gente que lo conoce bien le considera un genio y un visionario en su negocio. Pero, a decir de su propia familia fue un adolescente algo rebelde. Todo empezó a cambiar a partir de aquel triste suceso y, definitivamente, a partir de 1985, tras acabar la mili y recibir de su madre una ayuda de 10 millones de pesetas.

En la imagen, se encuentra Carlos de Vega entre sus hermanas Goyi y Alicia.

Tanto él como sus hermanas –involucradas desde muy pronto en la empresa, salvo la menor–conservan pocos recuerdos de su padre, pero guardan como un tesoro en la memoria los instantes de felicidad de aquellos domingos en que los llevaba en el camión hasta la nave. Carlos, además, viajaba con él frecuentemente y aprendió muy pronto lo que eran las pieles, las distinguía, las clasificaba y las apreciaba como nadie a su edad. Pero desconocía por completo el mercado en el que muy pronto tendría que moverse.

El negocio sufrió inicialmente un fuerte retroceso, pero se mantuvo gracias a un puñado de clientes amigos de su padre. Mariano, extrovertido y juerguista, amó siempre la vida social y nunca tuvo horarios. Jamás dejó de sacar a bailar a su mujer los sábados por la noche. Fue un hombre generoso y esos clientes pagaron al hijo con lealtad.

Decíamos al principio que Carlos se ha dedicado a un oficio antiguo. Sin embargo, lo que conoció su abuela en nada se parece a lo que él ha vivido. La enorme transformación del sector ejemplifica a la perfección la transformación del mundo en estos últimos 70 años; un profundísimo cambio en lo económico y social nacido de la revolución en las telecomunicaciones, el transporte y la tecnología, de la globalización del comercio en una escala sin precedentes.

Recorrió desde el principio casi todas las fábricas de curtidores de España. Conoce todo de una piel con solo verla, sabe dónde encontrarla y a quién comprarla, cómo seleccionarla y a quién vender. Dicen que se parece a su padre, siendo muy hábil comercialmente. Pero en el mundo en el que Carlos ha luchado, esos conocimientos y habilidades no hubiesen sido suficientes. En las últimas décadas, el negocio se ha sofisticado, el modo de gestionarlo ha cambiado, pasando a ser eminentemente financiero e internacional, y lo ha dominado sin más idioma que el español y estudios de Bachillerato. Los curtidores han desaparecido prácticamente de España. Las fábricas y los mercados más importantes están ahora en China, Turquía, India, Rusia y Pakistán. Una de las claves de su negocio está en intuir los movimientos de las divisas, “la madre de todas las batallas financieras”. El mercado que conoció su padre era relativamente estable, absorbía su oferta y no tenía riesgo divisa. Carlos vende mayoritariamente a la industria del lujo y si hay una verdad fundamental sobre esa industria y el mercado de divisas es que oscilan, a veces de forma brutal por breves periodos de tiempo. Una operación grande y apalancada puede llevar a la quiebra en un abrir y cerrar de ojos, como ha sucedido a muchos de sus competidores, grandes y pequeños.

En los 70, su padre compraba el género exclusivamente a los mataderos. El despegue definitivo de Vega Piel se inició a finales de los 80, cuando comenzó a comprar cantidades importantes a otros almacenes.

Decía el legendario André Kostolany que las cualidades de un buen especulador son la sagacidad, la intuición, la fantasía, la humildad para reconocer errores y corregir, la paciencia y unos nervios de acero. Carlos ha de poseerlas en algún grado para haber colocado su empresa a la cabeza del sector en España. Y es que la suya es una actividad esencialmente especulativa. Jugando con los cambios en las divisas, trata de comprar barato y vender caro en el momento adecuado, arte difícil donde los haya en el que casi todos fracasan. Psicológicamente casi nadie está preparado. Somos seres sociales y gregarios, compramos cuando otros compran y vendemos cuando vemos hacerlo a los demás. Sin embargo, el cableado mental de un especulador es totalmente distinto: está equipado para hacer lo contrario que la mayoría.

Pocos conceptos tienen connotaciones más negativas en el imaginario social que el de “especulador”. Gobernantes de todas las épocas han hecho de su arquetipo el culpable de casi todos los males que los propios gobernantes han causado. No es lugar para elogiar la figura del especulador, baste decir que asume la mayor parte del riesgo y crea mercado. Es un elemento imprescindible y beneficioso cuando no juega, ni cree jugar, con las cartas marcadas –sin asumir riesgo– ni cuando posee la fuerza suficiente para mover un mercado a su antojo.

En 1984 sufrió el primer impago importante, lo que le obligó a tomar un crédito para estabilizarse financieramente. Más tarde llegaron otros impagos de envergadura y se ha visto en serias dificultades más de una vez, la última en 2007 ante la brusca caída del precio de la piel de ovino. Una de sus mayores equivocaciones fue invertir en una fábrica de curtidos entre 2000 y 2005. Pasa las 24 horas del día trabajando mentalmente, comercializa alrededor de un millón y medio de pieles al año y mantiene existencias de más de 400.000 piezas.

Durante nuestra entrevista en su despacho austero, descolgó el teléfono para hablar unos minutos con un intermediario chino. Quería varios contenedores urgentemente. Con aplomo lo llevó a su terreno sin cerrar el trato. Colgó y volvió a nuestra conversación. Los manuales de ventas aconsejan no posponer una oportunidad cuando el cliente está ansioso por comprar. Tuve la impresión de que Carlos había hecho justo lo contrario.