lunes, 17 de diciembre de 2018

GAM PELUQUEROS se suelta el pelo en tiempo de crisis

Acaba de abrir su cuarto local en Valladolid. Un salón de peluquería VIP que nace de una amplia experiencia como empresario del sector con locales de tamaño medio en tres zonas de la ciudad a los que ahora suma su proyecto más ambicioso. Se llama Luis Ángel Martín Cermeño y es el gerente de GAM Peluqueros.

M. Martínez García   I    Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    I   Sigue al autor en @m_pinciana   I    25/03/2013

Nacido “por circunstancias de la vida” –la movilidad laboral de su padre– en Talavera de la Reina, Luis Ángel Martín llega a Valladolid en 1984. Estudia peluquería en la ciudad y se especializa en Madrid antes de comenzar a trabajar. Muy joven, con tan sólo 23 años, se convierte en empresario junto a un socio y, desde entonces y pese a haber pagado “la inexperiencia en los comienzos”, como señala, no ha dejado de serlo. A mediados de los 90 y ya en solitario inicia la aventura de GAM Peluqueros. “Fue un recomienzo”, señala.

Luis Ángel Martín Cermeño, gerente de GAM Peluqueros.

Su primera peluquería con el nuevo nombre y en la que todavía pasa la mayor parte del tiempo se encuentra en la calle Catalina Adulce desde 1998. Poco después pondría los ojos en el barrio de Covaresa, pero se desvinculó del local que abrió allí para dejárselo a su socia poco después. Hace cuatro años inauguró establecimiento en Delicias –San José de Calasanz, esquina Granada– y a mediados de 2011 comenzó a trabajar en Panaderos 57. Tres peluquerías las que ahora suma unas grandes instalaciones en Paseo de Zorrilla 194 que han supuesto la contratación de cuatro personas más y acercan la plantilla de la empresa a la veintena.

Su negocio ha experimentado, pues, un significativo crecimiento justo en época de ‘vacas flacas’ y dentro de un contexto de “salvaje” subida de impuestos que enerva a Luis. “El IVA se ha incrementado más de 10 puntos para mi negocio de golpe y, si lo repercutes a la clientela, la pierdes”, señala antes de reconocer que ha notado especialmente la crisis desde que se han producido los recortes a los funcionarios. “La mayoría ha espaciado el servicio”, reconoce.

Pero, ¿cuál ha sido su fórmula para ampliar negocio en estos momentos tan complicados? “Ajustarnos mucho el cinturón, perder beneficios, no rebajar plantilla e intentar ir poco a poco recuperándonos con el nuevo salón, que pretende captar más clientela. Hay que jugársela y ahora los locales están algo más baratos. Si te quedas esperando lo único que puede pasar es que cada día tengas menos clientes porque mantenerse es un lujo. Las peluquerías que por lo general suben el precio cada 1 de enero un euro, por poner un ejemplo, no tienen futuro porque las economías no aguantan después de que haya subido el autobús, la luz, el agua… Si además sube la peluquería van cada tres meses en vez de una vez al mes”, explica. Por eso, GAM lleva cinco años sin incrementos de precios y mantiene su tarifa de siete euros por peinar.

Otro de sus éxitos ha sido, señala, no abordar cosas que desconoce. Por eso, lo suyo es la peluquería, aunque cuente con unos pocos “alicientes” de estética: manicuras, pedicuras, maquillajes y depilación en la cara. “Es mejor explotar bien menos que no querer tocar muchos ‘palos’”, indica el empresario. Una más de sus claves, amén de sus precios asequibles, es cobrar lo marcado, sin engordar la factura final con ningún extra. Y vender “sociabilidad y buen ambiente”.

Nuevo salón

El nuevo salón supone un salto cualitativo para la compañía por las instalaciones –mucho más amplias y con un mobiliario y decoración especial– y porque no cierra, como el resto de locales, a mediodía. Un proyecto que Luis llevaba tiempo acariciando pero que ha tenido que esperar un poco para hacerse realidad. Su público es, asegura el empresario, muy heterogéneo y fiel en busca, sobre todo, de una atención y un servicio óptimos, algo que implica la constancia y la permanencia del equipo que trabaja en GAM. “Cuesta, pero se consigue”, apunta antes de comentar que la escasa rotación que se da en su plantilla tiene como responsables los contratos fijos, que afectan al 90% de la plantilla.

El empresario ha ido ampliando negocio gracias a sus ahorros y a préstamos avalados por él mismo y su empresa. “No he tenido problemas para recibirlos, incluso ahora, aunque haya que avalar un poco más de lo acostumbrado”. Sus previsiones con el nuevo negocio pasan por crear empleo y atraer a clientes, cuantos más, mejor. ¿Y por ganar dinero? “Claro, también, pero primero tiene que empezar a rodar” porque “el mejor futuro de un negocio es la generación de ingresos, no que se pueda amortizar de forma rápida”, asevera. Algo que requiere muchas horas de dedicación. “Soy el primero que abre y recibo a los primeros clientes, el negocio me absorbe mucho, pero compensa”, concluye.