miércoles, 25 de abril de 2018

Fernando Andrés: Gestión basada en valores

Tiene fe en las personas y en “dos instituciones básicas: la familia y la empresa”. Su quehacer como empresario estaría incompleto sin su implicación en la sociedad, pues “el que da, recibe”, en su más amplio sentido, asegura. “El éxito abre muchas puertas. Eso debe ponerse al servicio de proyectos humanitarios y sociales en los que uno cree”. Es parte de la filosofía del empresario burgalés Fernando Andrés.

Mariano García-Abril   I    Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I    Síguenos en @Mercados21   I    18/03/2013

Fernando Andrés ha desarrollado su vida empresarial en alianza con marcas de grandes grupos automovilísticos a las que localmente ha imprimido su propio sello y estilo. AutoCid Ford Burgos, concesionario de Ford España en esa ciudad, es el buque insignia de su conglomerado de concesionarios. Tras un negocio en apariencia poco glamouroso encontramos a un hombre que ha asumido riesgo y aplicado rigor empresarial donde otros han fracasado, una figura destacada e implicada en “sus dos ciudades”: Burgos y Jerez.

Ford regresó a España en 1972 y en el 75 anunció el inicio de la fabricación de su nuevo modelo, el ya legendario Fiesta, bautizado así porque Henry Ford II “conocía España, sus celebraciones y sus costumbres…”. Mientras Chrysler agonizaba en nuestro país, Ford comenzaba a desplegar su red de concesionarios. Venían grandes años para la compañía automovilística y Fernando no dejó escapar la ocasión. Conociendo su opciones, su genio de negociante espetó a los altísimos directivos de Ford durante una comida allá por 1975: “No sé si me interesa la concesión…”. Al final, Ford lograría firmar con él.

Proveniente de una familia de empresarios madereros, su padre había abierto la concesión de DKW y Mercedes a principios de los 50 en Burgos, después de reconstruir vehículos tras la Guerra Civil. Ante su prematura muerte en 1968, Fernando –quien nunca llegó a trabajar con su progenitor– decidió hacerse cargo del negocio. Lo hizo a los 21 años, sin haber acabado aún sus estudios de empresa y comercio en la Escuela del Este de San Sebastián –hoy integrada en la Universidad de Deusto–, donde fue durante tres años delegado de curso.

En esta tesitura compaginó la dirección del negocio, los estudios y las milicias universitarias como alférez en Mérida. Por aquella época pudo haberse ido a Estados Unidos a estudiar un máster que le propusieron en San Sebastián. Qué curso tan distinto hubiese tomado su vida.

Andrés en su concesionario de Ford en Burgos tras el encuentro mantenido con MERCADOS21.

Pasan los años y monta la concesión en Burgos de International Harvester, época en la que su hermano se incorpora también al negocio. En 1976 es cuando firma con Ford. ¡Pero qué lejos estaba el proyecto de hacerse realidad!. A punto estuvo de irse al traste por un sinfín de trabas burocráticas. La licencia dependía del Colegio de Arquitectos, lugar en el que por lo visto se argumentaba con contundentes evidencias técnicas que un concesionario a pie de una carretera nacional sería un peligrosísimo punto negro, un cementerio para conductores. No sólo eso: había quien se vanagloriaba de “parar los pies a la poderosa Ford” y a “no dejarse colonizar por esos yanquis”. Los pretextos se han sofisticado, pero la oposición a la libertad de empresa esgrimiendo nobles propósitos sigue viva como entonces. “Había ilusión y creía en lo que hacía”, asevera Fernando, que se creció ante la dificultad, como cree haber hecho siempre, y buscó alternativas, aunque el proyecto se mantuvo inalterado en lo esencial, incluyendo lo que era motivo de oposición por parte del Colegio.

Fue una gran época la que siguió, con crecimientos increíbles en las ventas de aquellos populares modelos de Ford. En el 84 fue elegido presidente de la asociación de concesionarios Ford de España, lo que le permitió conocer por dentro la gran compañía de la que formaba parte y el mundo corporativo de entonces. Con perspectiva y cierta nostalgia, añora la altura, la autoritas y la visión a largo plazo de los directivos que conoció en aquellos tiempos, quizá más en consonancia con la educación en valores humanistas cristianos recibidos en casa, en el colegio y en la Escuela de San Sebastián; una formación que ha determinado su modo de entender al hombre, las relaciones humanas, la gestión empresarial y la forma en que una empresa ha de estrechar vínculos con su sociedad y reinvertir en su entorno.

La aventura andaluza

El protagonista de la semblanza durante la inauguración de Atalaya Motor en Cádiz.

Otro momento decisivo llega en 1986. La concesión de Ford en Jerez de la Frontera –cuidad a la que ya estaba muy unido porque de allí es su mujer– se encuentra en una situación delicada por un cúmulo de circunstancias. Burgos ha sido un gran éxito para él, pero Jerez puede ser una historia muy distinta. Sin embargo, confía en los principios en los que se asienta su modelo, en el que la gestión del factor humano, la ilusión, la austeridad, la administración disciplinada, el valor de la reputación y las decisiones marcadas por el sentir del cliente son primordiales. El precio es bueno, negocia, da el paso y toma la concesión. Con apoyo financiero de su familia política avala un gran stock de vehículos y conserva los puestos de trabajo. No sin quebraderos de cabeza –pues el mercado y la idiosincrasia allí eran muy distintos–, endereza y rentabiliza el concesionario. El mayor desafío fue “cambiar la cultura de aquel lugar”, cuenta Fernando.

Tardará en surgir la siguiente ocasión, pero había descubierto que sabía y podía sanear concesiones en dificultades si las condiciones eran las adecuadas. No parará, aplicando siempre un esquema similar y respetando el empleo. Será un reto que su espíritu de negociante no podrá resistir, sabiendo además que tiene la espalda cubierta por Jesús Ruiz, su irreemplazable mano derecha ocupada en mantener durante la “aventura del Sur” el espíritu y principios defendidos por Fernando. En el 97 surge la oportunidad de la concesión de Audi-Volkswagen en Jerez. Se la queda. Y después muchas más: Fiat y Alfa Romeo en Jerez, Algeciras y Cádiz; Audi en Cádiz y Algeciras; Audi-Volkswagen en Burgos (dirigido por su hijo mayor), Hyundai, Mazda... Algunas de ellas en plena crisis. En algunos casos con sus hermanos o su familia política, en otros sólo con sus hijos. No siempre con la misma fortuna, pero con un balance en definitiva extraordinario.

El mundo del motor nunca le atrajo especialmente. Lo que le apasiona es la vida del comerciante, la relación con el cliente, ponerse en su lugar y lograr la mejor experiencia de compra. Tiene fe en las personas y en “dos instituciones básicas: la familia y la empresa”. Su quehacer como empresario estaría incompleto sin su implicación en la sociedad, pues “el que da, recibe”, en su más amplio sentido, y esa es la esencia de las relaciones humanas. Desde hace años es patrocinador y vicepresidente del CB Atapuerca –nacido de la cantera de su colegio, los Maristas–, el cual, viniendo desde abajo, ha logrado ser varias veces finalista de la fase de ascenso a la ACB. Colabora con Proyecto Hombre, el Banco de Alimentos, Esperanza y Vida, Cáritas... Es tertuliano en televisión y miembro del Consejo Social de la Universidad de Burgos. “El éxito abre muchas puertas. Eso debe ponerse al servicio de proyectos humanitarios y sociales en los que uno cree”, afirma.

El empresario junto a su ‘mano derecha’ en Andalucía, Jesús Ruiz.

Piensa que “en momentos de dificultad, uno tiene que medir sus fuerzas y, si con un proyecto hay viabilidad, debe tirar para adelante”. Honrando la máxima anglosajona Put your money where your mouth is, a finales de 2012 Fernando inauguró, en sociedad con sus hijos, el Audi Center Campo de Gibraltar, el segundo concesionario más grande de Audi en España, en un momento en el que prácticamente nadie, y menos en su sector, se atreve con un desafío de esta envergadura.