viernes, 21 de septiembre de 2018

EL LOBO FEROZ, hambre de libro infantil … para atenderte mejor

Trabajar entre libros, entre palabras que aguardan a que alguien les dedique una mirada, entre volúmenes que nos trasladan a otros mundos y nos hacen vivir otras vidas… En fin, entre todo lo que implica leer, es, para Lola Tejada, un sueño cumplido. Porque la vallisoletana se convirtió, hace algo más de año, en librera. Un deseo latente desde tiempo atrás que algunos consideraron “una locura” cuando decidió poner en marcha su negocio. “Ánimos, recibí pocos. Apoyos, sí, de la gente que te quiere, pero creo que el espíritu debería ser otro”, refiere.

M. Martínez García   I   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I    14/12/2012

Lola Tejada en su librería

Con recuerdos muy vivos de una infancia rodeada de libros y una gran afición por la lectura –“para mí, y también para mi hermano, volver del colegio, comer y meternos en una habitación con un cuento era el plan más maravilloso del mundo”–, Lola empezó a barajar la posibilidad de embarcarse en la aventura al detectar que en la zona en la que residía no había ninguna librería. Hasta que vio el local, le gustó y valoró el hecho de que a la literatura infantil y juvenil no le ha afectado tanto la crisis como a otros segmentos. “Los niños leen, los padres potencian esa afición y es muy raro que utilicen ejemplares viejos, se suelen comprar nuevos. Además, es uno de los ámbitos donde más novedades se publican”, comenta.

Tomó la decisión de apostar por El Lobo Feroz en marzo de 2011 y en septiembre abría sus puertas el establecimiento, que debe su nombre a una feliz idea de su madre tras un brainstorming familiar. “Me gustó porque tenía mucha fuerza y el logo fue un gran acierto”, expresa. El consabido “papeleo” hizo que la puesta en marcha de la librería fuera más lenta de lo que hubiera deseado, pero para esta titulada en Empresariales y con experiencia en consultoría fue sencillo elaborar un plan de empresa. La Cámara de Comercio de Valladolid solventó alguna de sus dudas. “Fue farragoso, pero no difícil. Eso sí, hay que tener muchos ánimos porque tienes que comenzar a pagar desde el principio”.

Con una decoración muy llamativa gracias a colores vivos y a un entorno que invitan a entrar y una ambientación musical estupenda –la de una buena melómana–, en sus estanterías se encuentra una cuidada selección de libros, desde volúmenes para bebés a ejemplares para adolescentes. “Hasta los 10 años se lee bastante, luego se deja progresivamente”, señala Lola antes de confesar que se hace con los títulos de los autores que más le gustan, como Roald Dahl y Michael Ende, clásicos que siguen funcionando.

“Da mucho gusto que un niño regrese y te diga que el libro que le recomendaste le ha gustado y que quiere otro. Puedes estar creando un lector porque, el que lee de pequeño, lee de mayor”. Y eso a pesar de que, como apunta, la lectura no siempre es amable. “Hay libros que se te atascan, unos con los que buscas pasar un rato agradable sin pensar mucho y otros que quieres que te remuevan, que te aporten información, un punto de vista diferente al tuyo… Los niveles de lectura son diferentes. Hay publicaciones para el autobús o la playa y otras que reclaman pausa y reflexión”.

Su vasto conocimiento literario hace que esté al tanto de las novedades para solicitárselas a los distribuidores porque considera esencial estar atenta a todo lo que se publica –una tarea que ya abordaba encantada antes de ser librera– y también tener un criterio claro para que el cliente sepa lo que va a encontrar en su local.

“Traemos libros con ediciones muy particulares y especiales, yo me leo prácticamente todo, conozco por tanto muy bien mi fondo bibliográfico. Para vender un libro tienes que conocerlo: cómo está escrito, de qué trata, a quién le puede gustar…”, expone. Guillermo Brown, El pequeño Nicolás y un cuento que le regaló su padre, Sueño de una noche de verano en versión comic, están entre los favoritos de sus años infantiles. Como El hombrecillo de papel, que no pudo evitar pedir.

“La forma de publicar actual es distinta a la de hace años, ahora todo es mucho más políticamente correcto. Yo recuerdo por ejemplo los Cuentos rusos del abuelo Pedro, de un autor inglés, que eran muy sanguinarios. Hablaban además del padrecito zar y la madrecita Rusia… Cosas que hoy no se entienden o no se tratan igual. A los niños actuales les gustan los vampiros y los dinosaurios”.

Público fiel

Lola Tejada con una clienta.

Las navidades, el Día del Libro en abril y la Feria del Libro de la ciudad en mayo han sido los tres momentos que han concentrado la mayoría de sus ventas. Y, a pesar de su ‘juventud’, la librería cuenta ya con un público fiel. “Casi todos los días viene alguien que ya ha comprado anteriormente”, comenta la responsable. “Es importante ser amable y enseñar las cosas con calma a quien ves que le puede apetecer. Con muchos clientes se ha creado ya una relación de amistad”. Madres y abuelas son las principales compradoras. Pero también llegan niños.

Muy observadora, Lola relata que, una vez adquirido un ejemplar, las personas a quienes les gustan los libros siguen mirando y es habitual que se lleven alguno más. Por otro lado, los hay también que acuden buscando un título, dan a la librera cuatro pautas y se dejan aconsejar. Con ánimo de atraer a clientes a conocer el espacio, El Lobo Feroz organiza talleres –para niños y adultos, entre otros para madres con bebés con animación a la lectura– y cuentacuentos. Incluso, ha albergado un concierto.

La joven se da por satisfecha, tal y como está el panorama, con aguantar. Sobre todo porque, enamorada de un negocio que no le va a hacer rica, considera “un lujo” poder vivir de algo que le gusta tanto. “Me encantaría mantenerlo a largo plazo, pero la realidad es que me planteo cada día como un reto, porque si pienso en tres años vista, igual me angustio y no quiero, aunque suene ingenuo. No trato de ganar una cantidad de dinero en un determinado tiempo, puesto que hay bastantes variables que escapan a mi control. Si desde el Gobierno se decide por ejemplo que bajen las pensiones, a mí me afectará mucho. El precio del libro no se puede tocar, está protegido, así que trato de traer buenos volúmenes y de ofrecer un buen servicio para que la gente disfrute cuando venga”, concluye.