miércoles, 25 de abril de 2018

El hombre tranquilo y familiar que levantó un 'castillo' llamado Priasa

Inspiradores: Luis Miguel Prieto, fundador y presidente de Priasa


Mariano García-Abril I Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. I 26.06.2012


Luis Miguel Prieto en el despacho de la sede de su compañía en Tordesillas.

Durante los peores momentos de los 70, este zamorano afincado en Tordesillas fundó su empresa de construcción, Priasa. Hoy, 35 años después, sortea la peor crisis de los últimos 50 años con especialización y una trayectoria basada en la constancia y el rigor. El periplo vital de Luis Miguel Prieto invita a creer en que el buen hacer da sus frutos.

España está estancada. La situación viene agravándose desde la crisis de 1973. Junto a la delicada coyuntura política, el mayor problema del país es la inflación, disparada un 40%, 30 puntos más que otras economías europeas. El paro está subiendo, alcanza a 900.000 personas (un 5,9%) y no dejará de crecer. El deterioro de la balanza por cuenta corriente es preocupante y la deuda pública se ha triplicado en dos años. Es 1977, momento en el que Luis Miguel Prieto funda con otro socio -al que después compraría su participación- una empresa de construcción: Priasa. Tiene 33 años y se establece definitivamente en Tordesillas. Había llegado a esta localidad en 1968, recién titulado en ingeniería de obras públicas por Madrid, para trabajar como jefe de obra en Agronor y levantar la urbanización El Montico. Priasa se hizo esperar. Gozaba de prestigio y se encontraba cómodo en Agronor. No parecía albergar ambiciones empresariales, pues quizá se sintiese “un técnico” ante todo. Sin embargo, la compañía en la que había desarrollado su carrera atraviesa una grave crisis, al igual que España, por lo que ante el incierto futuro decide emprender una primera aventura, antesala de Priasa, mientras continúa en Agronor: construye un par de chalets y asfalta alguna calle. Prueba, y comprueba que sabe y que puede.

Con ojos actuales, podría parecer poco sensato iniciar una aventura como ésta en pleno estancamiento. Pero lo cierto es que ni Estado, ni familias ni empresas sufren la carga de un descomunal endeudamiento. Por lo demás, todo está a punto para que en 1978 comience el imparable crecimiento de la deuda pública: de 1,5 billones de pesetas en 1982, el 4,5% del PIB, a los más de 150 billones del presente, el 70% del PIB. La competencia -al menos la profesionalizada- es casi inexistente en la zona, muchos españoles están emigrando a la ciudad y los pueblos han de salir definitivamente de un endémico atraso.

Entonces, Tordesillas carecía de muchas infraestructuras básicas, abundaban las viviendas humildes de aquella España rural y muchas de sus calles serían hoy indistinguibles de las de una fotografía de principios del siglo XX. La transformación de la localidad no se entendería hoy sin él. Allí ha levantado más de 400 viviendas y ha ejecutado buena parte de las obras de abastecimiento, saneamiento y pavimentación.

Pero vayamos por un momento a sus orígenes. El menor de nueve hermanos, nació en 1944 en Zamora, a donde el matrimonio de sus padres, con sólo dos hijos aún, se trasladó en busca de mejor suerte. Su progenitor puso una carbonería en la que nuestro protagonista ayudó desde niño, especialmente cuando su padre y su hermano mayor salían a los fríos páramos y viajaban de un cuartel a otro pujando en las subastas de carbón. El negocio prosperó y su padre emprendió con éxito otros negocios. Sus hermanas aún recuerdan que “era un comerciante y un negociante nato” y Luis Miguel es, según ellas, la viva imagen de su padre.

Luis Miguel Prieto posa en la sede de su compañía junto a sus tres hijos: Lucrecia, directora general adjunta de Priasa; Beatriz, directora de Prieto Palacio y Nicolás, director técnico de Priasa.

Confianza y seguridad La serenidad del ademán y su voz inspiran enorme confianza y seguridad a quien está con él. Su padre cerraba los tratos con un apretón de manos y el hijo sigue haciéndolo igual. Por sí solo, esto podría explicar quién es Luis Miguel si no fuera por una imprescindible anécdota de su época universitaria que nos revela una mente sumamente metódica, lógica y perfeccionista, así como pasión por resolver retos de índole técnica. Elaboró un manual de geometría descriptiva que de forma sistemática y exhaustiva daba solución en diédrica a numerosos problemas planteados para su transformación posterior a la perspectiva originaria. La obra, editada por la imprenta de su Escuela de Obras Públicas, se vendió poco y el original acabó perdiéndose, pero le granjeó fama entre el alumnado y dio clases a un buen puñado de estudiantes de arquitectura. Estos rasgos de su intelecto, que van unidos a la prudencia, son un don para quien desarrolla actividades de alta cualificación técnica. Por el contrario, son un arma de doble filo en quien debe dirigir equipos y acometer un proceso de crecimiento. “Lo bueno está siempre reñido con lo mejor”, reza la máxima. La excelencia y la acción se ven limitadas ante un afán de perfección excesivo y éste obstaculiza el aprovechamiento de oportunidades.

Sin embargo, esos rasgos probablemente han jugado a la postre a favor de Priasa. Reacio a delegar, mantuvo la empresa dentro de unos límites que le han permitido un control total en todo momento. El estudio concienzudo y la planificación detallada de las obras hechas por él mismo, le permitieron encontrar un nicho en el sector industrial, donde no se perdonan lagunas en el rigor técnico o errores de ejecución.

La promoción residencial fue una parte importante de su actividad en el pasado, de hecho así comenzó, y la sede de la compañía -inusitadamente austera- se levanta en el primer terreno comprado al constituir Priasa. La última adquisición de suelo se hace allá por el año 2004, pero porque -según sus propias palabras- “estaba encaprichado de él desde hacía mucho tiempo”. Ya entonces, Luis Miguel era consciente del sombrío futuro que se cernía sobre el sector. Los bloques de viviendas construidas sobre ese terreno se terminaron en 2007.

Su primera gran obra, finalizada en 1985, fue el Casino de Boecillo. Después vinieron un sinfín de trabajos industriales (automoción, agroalimentación, etc). Esta especialización, junto a la confianza cimentada durante tanto tiempo y la capitalización constante de los beneficios, permiten a Priasa mantenerse en pie mientras el sector paga el precio de la locura.