lunes, 15 de octubre de 2018

“Desaprender” para progresar

Por Jesús Ortiz, Consultor senior de Estudio de Comunicación

Suele suceder que las pequeñas y medianas empresas que funcionan bien están haciendo una buena gestión de la Comunicación sin apenas darse cuenta de ello. Pero también es moneda corriente que descuiden esa gestión o que adopten fórmulas inadecuadas cuando progresan un poco. Es el momento de revisar su propia historia y “desaprender” algunas cosas que están perjudicando su imagen.

Cuando una pequeña empresa inicia su andadura, los emprendedores que la dan vida suplen con intuición aquello a lo que no alcanzan con recursos económicos -“es que no da para todo”, oímos muchas veces-. Y la Comunicación, o lo que la mayoría entiende por tal, suele quedarse “para cuando esto marche un poco, cuando tengamos más masa critica”. Pero, como decía Descartes: “La intuición es una concepción no dudosa de la mente pura y atenta que nace de la sola luz de la razón”; así que esos emprendedores intuyen las bondades de compartir directamente con su equipo la idea, su evolución, lo que esperan de ella, lo que puede significar para las personas a las que va dirigido el producto o servicio, qué futuro ven en todo ello, cuáles son sus temores… Y conocen a cada empleado por su nombre, con sus circunstancias… Sin ser, probablemente, conscientes de ello están haciendo una campaña de Comunicación Interna en toda regla. Imprescindible, por otro lado, para que la imagen externa de la empresa se asiente sobre un buen cimiento y se proyecte con fortaleza.

El tiempo pasa y la apertura de nuevos mercados o la llegada de expertos necesarios para crecer cambian el mapa de las relaciones, de las prioridades... Y sucede que “ya no hay tiempo” para hablar con la gente, para compartir como al principio… En el mejor de los casos, alguien encarga a un administrativo que se acuerde de felicitar los cumpleaños y mandar un oso de peluche a los que han tenido un bebé.

Es entonces cuando toca “desaprender” todo lo que se fue incorporando en el proceso evolutivo, que no viniese de la mano de considerar la Comunicación como herramienta estratégica de la empresa. Es el momento de revisar qué se hacía cuando todos funcionaban al unísono y buscar ayuda especializada para replicar su esencia adaptada al nuevo tamaño o las nuevas circunstancias. No hacerlo es caminar a ciegas hacia los primeros “exámenes” (el lanzamiento de un nuevo producto, un convenio laboral, una salida al MAB…). Y afortunado el emprendedor que en ese momento se da cuenta de que trabajadores y empresa caminan a la vez, como mucho, pero no juntos. Quienes no entienden la importancia de alimentar el orgullo de pertenencia y se enrocan en que la única relación es “tu trabajas, yo te pago”, pierden.