sábado, 23 de junio de 2018

Cosméticos naturales y de producción limitada desde la huerta murciana

Aceite de jojoba, rosa mosqueta, aloe vera, extracto de crisálida y proteínas de seda son sus materias primas. 

M. Martínez García   I   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I    09/01/2013

Calidad e investigación son las dos señas de identidad de la sociedad Quivera Cosméticos, fundada en abril del año 2000 por José Antonio Caravaca y sus hijos Javier, Rodrigo y Ana Ruth, que decidieron poner en marcha la empresa con la idea, aseguran, de “hacer llegar al cliente productos naturales selectos”, lo que implica, además de la elaboración de tan sólo cinco artículos, el control directo por su parte de todo el proceso, desde el cultivo ecológico de las materias primas hasta la llegada de los productos a manos del consumidor. Pero, además, teniendo muy presente el entorno en el que se mueven –están radicados en la localidad murciana de Fuente Álamo–, lo que les ha impelido a apostar por las plantas que más se adaptan a su entorno “para evitar técnicas agresivas, ahorrar mano de obra y conseguir los mejores principios activos posibles”, explica Javier Caravaca.

Semillas de jojoba.

Las materias primas que utilizan para su pequeña producción son el aceite de jojoba, la rosa mosqueta, el aloe vera, el extracto de crisálida y las proteínas de seda y emplean técnicas artesanales en la elaboración, además de colaborar con el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario (IMIDA) en un proyecto sobre aplicaciones de la seda en cosmética y biomedicina, algo que les llena de satisfacción al ser una familia dedicada a la huerta que ha criado gusanos de seda desde antiguo. “Luchamos por recuperar y mejorar lo que consideramos que es un patrimonio cultural y una fuente de salud y bienestar. Además, realizamos talleres y cursos donde mostramos lo que sabemos sobre la seda”, expone Javier.

La idea de poner en marcha Quivera surgió del convencimiento de contar con dos productos con grandes propiedades, comenta el emprendedor, el aceite de jojoba y el extracto de crisálida. “Con la idea de hacerlos llegar a los consumidores contactamos con varias empresas del ramo, tanto fabricantes como distribuidoras, pero no llegamos a ningún acuerdo que nos pareciera satisfactorio así que vimos que la única manera de llevar a cabo el proyecto tal y como queríamos era formando una empresa y así nació Quivera, como paso necesario para materializar una ilusión”.

A partir de ahí, su primer obstáculo fue “el desconocimiento de los procesos a seguir para constituir una empresa y conseguir financiación”. Por ello, presentaron un proyecto inicial a un programa de formación de emprendedores que les resultó provechoso como fuente de ideas. “Aprendimos que no era posible conseguir subvenciones si no se dispone de un capital”, apunta Caravaca, “así que renunciamos a seguir ese camino y empezamos a construir las que iban a ser nuestras instalaciones en la finca donde vivimos y cultivamos las plantas”.

Pero no recibieron los permisos necesarios por parte de la Administración para desarrollar su actividad en ese lugar –“no existen normas para pequeñas producciones respetuosas con el medio ambiente”, lamenta Javier– y fue necesario “alquilar un local y pedir un crédito para acondicionarlo”. A partir de ahí, se pusieron manos a la obra para vender sus productos, aunque su principal objetivo es obtener medios suficientes para investigar y difundir sus conocimientos siempre desde el respeto al medio ambiente. “No vamos a desarrollar la empresa más allá de donde podemos abarcar nosotros mismos. Ahora mismo es sostenible y eso nos parece suficiente. Hemos vendido todo lo que elaboramos desde el principio y no hemos subido los precios, de modo que las mejoras que hacemos repercuten directamente en nuestros clientes”, apunta el joven. “Lo mejor de haber puesto en marcha el proyecto es despertar todas las mañanas con ilusión y la idea clara de que te van a faltar horas para hacer todo lo que quieres”, continúa.“Hay veces que pesa mucho saber que algunos planes nunca podrás llevarlos a cabo, pero entonces te planteas un cambio, no tirar la toalla. Después de llevar tantos años trabajando por cuenta propia, me siento incapaz de trabajar para nadie. Adoro la independencia y por qué no decirlo, la auto-explotación”, señala.

Quivera apuesta además por el trabajo en equipo, lejos de las jerarquías, y por la aventura de emprender. “No hay recetas para salir adelante, pero sí cualidades como la observación, la tolerancia al fracaso, el trabajo constante, la formación continua… Cosas que aparecen sin necesidad de esforzarse cuando lo que uno hace le ilusiona y disfruta del camino hacia sus objetivos”, razona Javier. La empresa se encuentra, en estos momentos, enfrascada en mejorar sus cultivos y procesos de producción y ventas y sus responsables, además de “aprender constantemente”, están creando una nueva línea de cosméticos con proteínas de seda, que aportan propiedades como una hidratación duradera, la regeneración de la piel y una protección solar natural.

 

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Quivera Cosméticos, S.L.

Dirección: C/ Saavedra Fajardo, 2   - 30320 Fuente Álamo (Murcia)

Web: www.quivera.es

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