martes, 19 de junio de 2018

Carisma versus dignidad: su peso en el retrato robot del líder

Infova asegura que liderar es en realidad saber dirigir Infova asegura que liderar es en realidad saber dirigir

De entre las cualidades del líder, qué pesa más en la balanza: la dignidad o el carisma. Qué duda cabe que hay líderes que son más carismáticos que otros, al menos más mediáticos. ¿Qué grado de carisma tiene Bill Gate frente a Steve Jobs? ¿Y qué decir de Amancio Ortega?

¿Hasta qué punto es necesario el carisma a la hora de conducir una organización o empresa a su máximo potencial? Para responder a estas preguntas, sepamos la opinión y puntos de vista de Gonzalo Mártinez de Miguel, autor de varios libros sobre liderazgo y director de la consultora Infova.

Empecemos por el principio. Definamos qué es carisma y qué liderazgo. Para el experto de Infova, carisma es "esa capacidad para resultar atractivo a los demás, que se podría definir como encanto personal o poder de seducción, para atraer a otros". Por su parte "liderar es la habilidad de influir en otras personas, para que decidan actuar en la dirección que se les propone y mantenerse en esa intención".

Desde la consultora, advierten que en el proceloso campo del liderazgo existe una tendencia preponderante a relacionar ambos conceptos. De modo que para ser un buen líder, en el imaginario colectivo, es necesario reunir las dos cualidades. Pensemos en la multitud de seminarios y jornadas de todo tipo que no dejan de recordarlo. Parece que el retrato robot del buen líder o directivo no estará completo si éste no es carismático.

Martínez de Miguel prefiere ser más prudente y delimitar la frontera de ambos conceptos en el paisaje de la realidad más que en el de la teoría. Todo está muy bien en los libros, pero la evidencia, que es tozuda, pone a cada uno en su lugar.

Liderar es saber dirigir

El experto hila más fino y subraya que "el carisma es un recurso del líder pero, contar con él, no es sinónimo de tener la capacidad de saber dirigir". A su juicio, el carisma sí que influye en aspectos como las dotes para la oratoria de una persona, para ser capaz de armar un argumento y defenderlo con brillantez. Esto no es poco, pero tener habilidades para elaborar un buen discurso, no te asegura ser buen jefe.

Por contra, poner en practica las ideas que se plantean y que estas funcionen, sí convierten a un directivo en un líder, ya que no se trata solo de saber decir, sino de saber hacer. Por ello hasta que una persona no tenga el poder para tomar decisiones e influir en la labor de sus empleados o sus compañeros, no podrá demostrar la naturaleza real de su liderazgo.

La verdad del buen criterio

Martínez de Miguel lo ilustra con meridiana claridad: "hemos conocido líderes empresariales poco carismáticos que, sin embargo, han liderado con mucho criterio, como es el caso de Amancio Ortega en nuestro país o Bill Gates en Estados Unidos. Este último tiene mucho menos carisma del que tenía Steve Jobs y no ha sido peor líder que él. Harriet Tubman, que va a poner su cara en los billetes de 20 dólares americanos fue otra líder excepcional y sin embargo tenía muy poco carisma. Y es que liderar supone marcar una dirección e inspirar a otros para que la sigan, dando lo mejor de sus capacidades, superando incluso sus propias expectativas, sin duda un gran valor en las empresas".

Para el director de Infova las recomendaciones del gurú Stephen Covey están vigentes y a la orden del día. "Para conseguirlo antes que con el carisma, se debe inspirar desde el ejemplo, desde la claridad, desde la convicción en las propias ideas y en la capacidad compartida de alcanzar los objetivos deseados. Demostrando integridad, vocación de servicio, carácter sólido y capacidad para superar la adversidad. Si nos paramos a pensar, no es la falta de carisma lo que hace mella en líderes, empresarios o políticos conocidos, el problema comienza cuando se enfrentan a situaciones que cuestionan su integridad", explica. No hay más que ver lo que le está ocurriendo en España a un número nada despreciable de políticos que han ocupado altos cargos.

Así, que ante la dignidad, el carisma se queda corto. Al final las conclusiones llegan a la orilla de esa playa, no siempre tan ancha como debiera, llamada sentido común. Y recuerdan que el liderazgo es básicamente trabajo, esfuerzo y consecución de resultados.

Martínez de Miguel recurre a otro de los nombres propios de la disciplina: Peter Senge. Quien afirma que el liderazgo natural que observamos en algunas personas es el subproducto de una vida entera de esfuerzos. Mientras el carisma puede suponer su perdición, cuando los vuelve inflexibles, los autoconvence de que pueden llegar a ser infalibles, les incapacita para escuchar a otros y no les permite cambiar.

"La vida nos recuerda que ser un buen líder no es fácil. Hay mucho líder cosmético, que luce muy bien con el viento a favor, pero que falla estrepitosamente cuando las situaciones se complican, o simplemente cuando llega la hora de tomar decisiones", concluye el directivo de Infova.