sábado, 17 de febrero de 2018

Arquetipo de emprendedores

Inspiradores: Juan Posadas Calzada, presidente de Transportes Posadas y Metales
Extruidos


Mariano García-Abril   I   Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I   31.07.2012   


Volvemos la vista atrás en este número a la segunda mitad del siglo XX para dedicar nuestra tercera semblanza a Juan Posadas Calzada, un hombre de acción, inquietudes y talento poco frecuentes. Por encima de su intensa biografía, son los rasgos de su personalidad lo realmente fascinante; rasgos que, como adentrándose en el tiempo, fueron silenciosamente abriendo el surco del triunfo por delante de él. Era un hombre carismático y de optimismo desbordante que contagiaba ilusión e irradiaba confianza en los demás.

Hay habilidades directivas que pueden desarrollarse con el entrenamiento de técnicas, pero la capacidad de arrastrar personas nace de una disposición natural del ánimo y de la educación constante del carácter y del pensamiento. Y hay que mirar dentro e indagar en lo que nos empuja a actuar para tocar las mismas teclas en los otros.

Con su inteligencia estudiaba a las personas y, a menudo, las abordaba con una pregunta directa: “A ti, ¿qué te gusta hacer?”. Mucho más corto hubiese sido su periplo empresarial de no haber actuado como un general que supo disponer las piezas en el tablero con sensibilidad y astucia. Como gran iniciador necesitaba a su lado personas que diesen continuidad a lo que emprendía, por lo que trataba de detectar qué era lo que los otros mejor sabían realizar, qué les gustaba. Comprendía que sentirse valioso haciendo aquello para lo que se está dotado saca lo mejor de uno mismo. Un rasgo impagable de generosidad. “Sombrero en mano se conquista el mundo”, reza el dicho. Hubiese podido ser su divisa vital. Con un don especial, e independientemente de la opinión personal que tuviese, siempre demostraba respeto sincero a su interlocutor, logrando que se sintiese estimado y confiado en su presencia. Esto atrae a las personas como un potente imán al metal y la vida le mostró desde muy temprano que abría casi todas las puertas, incluidas las más importantes.

Nacido en 1924, convirtió una pequeña empresa de transporte de mercancías en una de las grandes del sector. La compañía la había fundado su abuelo, un hombre humilde de la localidad vallisoletana de Quintanilla de Onésimo. En un golpe audaz, el abuelo adquirió en una subasta un lote de mulas procedentes de la construcción del Canal de Panamá. Junto a su hijo -el padre de Juan- subían vino de Castilla hasta Santander, cargaban vagones y transportaban cosechas. Trajeron y aclimataron caballos de la raza Postier Bretón e importaron los primeros camiones “USA”. Audacia y visión innovadora se transmitirían a la siguiente generación.

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En 1960, y en pocas semanas, reunió 30 millones de pesetas de industriales amigos y conocidos para levantar Metales Extruidos

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Juan tenía 20 años cuando su padre murió durante la posguerra. Dejó dicho a su mujer que vendiese la empresa, pero él logró convencer a su madre de lo contrario. Sin terminar sus estudios de peritaje mercantil, se hizo cargo con su hermano de Transportes Posadas y, en 1956, acaba por heredar el negocio, mientras su hermano se queda con una finca familiar.

Tuvo que propulsar vehículos con aceite vegetal y petróleo de contrabando en pleno periodo autárquico y, más tarde, en la misma época que Barreiros, transformó motores gasolina en diesel, después de viajar a Italia a conocer sus secretos. No era transportar lo que amaba, sino la mecánica de los vehículos. Aún sin educación formal al respecto, la técnica eran su gran pasión. En el taller-negocio era donde se encontraba a gusto de verdad; sin embargo, el transporte era la principal fuente de ingresos y a ello se aplicó de forma decidida.

En Sabadell, familiares industriales de su mujer le abrieron el comercio internacional y los viajes de retorno le proporcionaron las divisas con que modernizar la flota, plenamente consciente del valor de la tecnología. No es de extrañar que, a finales de los 60, alquilase una computadora a IBM para la facturación, adelantándose a grandes compañías.

Con la liberalización parcial del transporte de mercancías, en 1957 obtiene una licencia y abre en Barcelona la primera delegación de carga fraccionada. La empresa crece de forma imparable en España a partir de 1959. Suministra a Renault de tren a fábrica, potencia el transporte internacional, es pionera del desarrollo logístico, abre agencias y adquiere otras firmas hasta abarcar todo el territorio español.

Otros proyectos

Melómano y ávido lector, fue un cosmopolita -con amigos en todas partes- que asistía asiduamente a ferias internacionales, a pesar de no hablar otros idiomas, una de sus grandes frustraciones, porque además devoraba libros de mecánica en alemán que trataba de entender cómo podía, tras haber revuelto en las librerías de Barcelona hasta dar con ellos.

Con la facilidad que otro abre las páginas de un periódico, él constituía sociedades anónimas. Puso en marcha una fábrica de relojes con un joyero local haciendo cajas para Omega; montó con un amigo alemán una planta de radiotransmisores; con equipamiento desechado de los pozos petrolíferos de La Lora (Burgos) fundó una empresa de perforación…

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Lector voraz, atesoraba libros de mecánica en alemán, un idioma que desconocía

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La otra gran aventura empresarial de su vida nació del viaje a la Exposición Universal de Bruselas. Apreciando el potencial del aluminio, decidió junto a varios amigos construir una planta de extrusión de aluminio, Metales Extruidos, la segunda del sector montada en España y líder durante 50 años. A principios de los 60 se puso en marcha el proyecto y “el encantador”, en tan sólo unas pocas semanas, logró levantar la astronómica cantidad de 30 millones de pesetas. Pocos, aparte de él, podían hacer algo así. Siempre supo encontrar, o le buscaban, los aliados adecuados.

Ninguna obra personal permanece incólume a través del tiempo. Uno sólo puede aspirar a que le sobreviva o sea semilla fértil sobre la que otro edifique la suya. Corpulento y amante de la buena mesa, comenzó a padecer serios problemas de salud a principios de los 80. Una nueva generación y directivos profesionales estaban para entonces al frente de Transportes Posadas, mientras él perdía el interés y se centraba en la escudería que patrocinaban. Se producen entonces cambios legislativos de hondura en el panorama del transporte mientras ellos acometen fuertes planes de inversión. En 1988, su mayor competidor adquiere el 60% de la empresa y él recoge el fruto de más de 40 años de trabajo. Pero la crisis económica de principios de los 90, problemas financieros y de gestión internos, así como diferencias insalvables entre los accionistas complican mucho la situación y en 1993 la compañía echa definitivamente el cierre, con él aún en la presidencia que no quiso abandonar. Murió en julio de 1995, siendo presidente de Metales Extruidos.