martes, 22 de mayo de 2018

Dos hombres y un destino

INSPIRADORES: VICENTE CASTELLANOS Y PETER ROWING, fundadores y socios de Agroindus.- Son dos empresarios unidos en un proyecto de negocio durante más de 25 años. Uno es tordesillano; el otro, británico de Kent, condado conocido como ‘El Jardín de Inglaterra’, salpicado de fortalezas medievales que defendieron durante siglos sus costas y donde se yergue la histórica catedral de Canterbury. Tordesillas, en la vega del Duero, se encarama sobre un promontorio en plena meseta castellana, en tierra de cereales y castillos, donde España y Portugal acordaron el reparto del Atlántico y las tierras del nuevo mundo.

Mariano García-Abril   I    Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I   Síguenos en @Mercados21   I    26/03/2013

De izquierda a derecha: Vicente Castellanos y Peter Rowing.

Al igual que los lugares en los que cada uno nació y creció, las personalidades de Peter Rowing y Vicente Castellanos, socios desde 1985, cuando fundaron Agroindus, ofrecen claros contrastes. Los dos parecen hombres serenos, son simpáticos, hacen gala de un gran sentido del humor –uno más british que el otro, naturalmente– y se muestran extrovertidos y francos. Pero junto a estos rasgos afines, cada uno ha exhibido cualidades que se han complementado de modo casi perfecto y que han reforzado el respeto y la admiración mutua a lo largo de los años.

Peter nació en 1940 en plena Batalla de Inglaterra, bajo el implacable y sostenido bombardeo alemán. Su familia pertenecía a la industriosa clase media inglesa. El abuelo tuvo una empresa de fabricación de maquinaria para herrería, mientras que su padre montó un estudio de ingeniería. En una de las paredes de la oficina de Agroindus cuelga el título apergaminado de una patente industrial concedida por Su Majestad a principios del siglo XX a una máquina diseñada por su abuelo.

Coincidiendo con el fin de la Segunda Guerra Mundial, muere su padre y, siendo todavía un niño, es enviado al Ardingly College, un internado en pleno campo inglés, en Sussex, asentado en un señorial y magnífico edificio decimonónico de ladrillo rojizo, con una capilla católica de estilo gótico y rodeado de un extenso campus, como de novela de Foster o película de Ivory. Allí permaneció nueve años y tuvo su primer grupo de música.

Imagen de la patente que Jorge V concedió al abuelo de Peter Rowing.

Los motores sonaban para él como música celestial, así que no es de extrañar que quisiera ser ingeniero. Pronto comenzó a trabajar para General Electric. Tenía espíritu de trotamundos y la compañía se lo ponía en bandeja. Llega por primera vez a España en 1967, a Sestao, para trabajar en un equipo de ingeniería inglés para Altos Hornos. Allí conocería a su mujer. Trabaja también en las minas de Río Tinto, en otro proyecto, para volver después a Inglaterra durante un año. Una nueva oportunidad lo lleva de regreso a Huelva por un tiempo. De camino al destino, se casa en España el 2 de enero de 1971, en mitad de uno de los inviernos más fríos que se recuerdan y, en luna de miel, atraviesa en coche de norte a sur una tierra helada para incorporarse a su nuevo puesto como director de obra. Volvió una vez más a Inglaterra. Un anuncio en el Telegraph para trabajar en una ingeniería de molinería lo traería de nuevo a España, esta vez definitivamente.

A finales de los 70 llega a Valladolid, a Coagro, una ingeniería especializada en la industria de piensos. Es Peter quien, estando allí, entrevista a Vicente como candidato a un puesto vacante. Se caen bien. Vicente reconoce con su habitual franqueza que no tiene la más mínima experiencia para el puesto. Se entienden y Peter lo contrata.

Una firma propia

Vicente nace en Tordesillas unos años después que Peter. Su padre era abogado y tenía fincas de cultivo. Con 12 años, se traslada a Valladolid. Estudia en los jesuitas y es un buen alumno. En Madrid hace la carrera de Agrónomos y, tras dos años de trabajo en la capital, surge la oportunidad de asentarse en su tierra, por lo que se ve mucho más apegado a ella que Peter a la suya.

En Coagro están dos años, pero la compañía se deshace en 1980. Cambian de trabajo y continúan juntos en otra empresa durante otros cinco años, pero las circunstancias se vuelven desfavorables y se encuentran ambos en la calle. Vicente pensaba en establecerse por su cuenta: fue siempre su plan. Sin embargo, eso nunca entró en los planes de Peter: él era un técnico acostumbrado al trabajo por cuenta ajena en proyectos de ingeniería, un amante de las máquinas y gran estructurista de estudio y obra que disfrutaba proyectando, aunque en más de una ocasión había pensado, o más bien soñado, “lo bueno que sería tener alguna vez” su propia ingeniería. Ante la perspectiva del “hambre” –según sus propias palabras–, no tuvo más remedio que decir a Vicente: “Vamos a intentarlo… Adelante”.

Se conocían bien después de tantos años, así que tácitamente se repartieron los papeles desde el primer momento pensando en realizar proyectos de “fábricas de piensos, criaderos y naves de cereal”. Vicente, extremadamente hábil para las relaciones sociales, con amigos en todas partes y buen negociador, llevaría el peso comercial de la ingeniería recién fundada, con la tranquilidad de saber que tenía las espaldas bien cubiertas en la retaguardia del estudio con un tipo de la talla de Peter.

Estuvieron un año prácticamente sin ingresos, pero poco después llegó su primera gran obra: la Cooperativa de San Agustín de Ataquines. Desde entonces, han ejecutado alrededor de 3.800 proyectos y direcciones de obra, entre ellos más de 100 para bodegas como Vega Sicilia, Emilio Moro, Matarromera, Liberalia, Museum, Pintia, Tamaral, Protos y Pingus.

Muy centrados en el sector agroalimentario hasta entonces, en 1999 deciden diversificar y extender su actividad a otros ámbitos industriales, incorporando progresivamente un amplio equipo de ingenieros y arquitectos.

 

Amar su profesión, hablar y pedir opiniones, ser humildes, tener aguante y no demostrar ignorancia son sus claves. Convertidos en una de las grandes ingenierías de Castilla y León, son muchas las grandes obras firmadas y dirigidas durante todos estos años por Agroindus: Agrocesa, Entrepinares, Islabor, San Cayetano, Metales Extruidos… Y han trabajado con grandes arquitectos como Foster, Rogers y Moneo. Sienten aún una enorme satisfacción al pasar por delante de todos esos proyectos hechos realidad en los que colaboraron.

Peter se retiró hace algunos años. Siendo un dechado de “las peores costumbres inglesas y españolas” –de lo que presume con socarronería–, ahora dedica su tiempo libre a su grupo de música –Peter´s Friends, donde toca el banjo–, a beber buen whisky y a cuidar de su “rebaño de motos”.

Vicente está a punto de retirarse, mientras siente que la sociedad no esté sabiendo explotar la tecnología a favor de las personas.

Ambos tienen relevo generacional. Helen, hija de Peter, y Miguel, hijo de Vicente, llevan un tiempo incorporados a la compañía que fundaron sus padres. Han atravesado malos momentos y los actuales no son los mejores. Pero se están dando pasos importantes para internacionalizar y diversificar aún más los servicios de Agroindus en nuevos nichos. Una nueva etapa seguramente esté gestándose.