martes, 22 de mayo de 2018

Urbanismo y obstetricia

Por Miguel Ángel Fonseca, arquitecto.

Hubo un tiempo en que existía un lugar llamado espacio público. Hubo un tiempo en que este espacio era el escenario de la acción humana. Después, la evolución, el desarrollo tecnológico, la búsqueda del confort... hicieron saltar los límites de lo visible y de lo habitable, convirtiéndose en espacio de LO PÚBLICO, donde albergar una maraña inmensa de tubos y venas, órganos y cámaras, ventilaciones, recorridos, purgadores, alcantarillas, reguladores... Todo lo necesario para tener escondido y bien aislado lo requerido para el bienestar, la salubridad y el confort, cada vez mayor, que habíamos pretendido.

Así, este espacio, que un día fue público, debe ser medido, regulado, planificado, organizado. Nace el URBANISMO como “ciencia y técnica de la ordenación de las ciudades y el territorio” (Wikipedia). Pero su pretensión avanza un paso más allá. Como la construcción en lo privado también había evolucionado gracias a la técnica (ascensores, climatizadores, iluminación, hormigón, sanitarios, acero, carpinterías estancas...), esta ciencia se obliga a responder a las injerencias de lo privado en lo público. Regula alturas, dimensiona anchuras y fondos, crea normas… e incluso organiza usos y cambia el lenguaje.

"Parece que se ha conseguido un extraño trueque: ...público, ...lo público, ...los gestores de lo público, ...de los gestores de lo público. Así ya no es nuestro, es de los que “gestionan” lo nuestro".

Ya no hay calles, jardines, ni plazas, sino viarios, viales o zonas verdes. Ya no vivimos en casas, sino en áreas residenciales. No compramos en tiendas sino en zonas comerciales. Y el colegio... es dotacional educativo. Todo bien equilibrado, denominado y racional... ¿Entonces? ¿Dónde se fue el escenario del hombre? ¿Dónde su flexibilidad/libertad de acción? ¿Es una suerte de autómata que actúa como incógnita de una gigantesca fórmula matemática impuesta? ¿Recuerdan aquel famoso “¡Circulen, circulen, no se aglomeren!” de aquellos no tan lejanos ‘grises’?

La ciencia urbanística, trabajando con el lugar de las personas se olvida de estas y se queda sólo con el lugar. Como si un obstetra olvidara que detrás de la placenta, o del nivel de progesterona, hay una mujer, que no lo es para ser pesada, pinchada y manipulada, sino para ser cuidada y atendida en los momentos justos y adecuados con precisión y ciencia. No es el paciente para el médico; no es el hombre para la norma... El resultado es “el declive en la vitalidad de los espacios urbanos… perdiéndose la idea de unidad integradora” (sir Richard Rogers).

Los varios kilos que pesan los tomos de legislación urbanística de nuestra región (perdón, Comunidad Autónoma) aplastan nuestras ansias de disfrute del espacio público (bueno, ahora menos con los PDF digitales). Parece que se ha conseguido un extraño trueque: ...público, ...lo público, ...los gestores de lo público, ...de los gestores de lo público. Así ya no es nuestro, es de los que “gestionan” lo nuestro. Es por tanto fundamental reclamarlo para usarlo, con libertad, porque ES NUESTRO... No para nosotros.