miércoles, 26 de septiembre de 2018

Suma y sigue, lo ecológico crece sin pausa

Expositor de alimentos certificados ecológicamente de la tienda Écolo de Valladolid.

Mientras el sector agroalimentario convencional vive anclado en una guerra eterna de márgenes comerciales, la agricultura ecológica suma hectáreas año a año. Pese a que España es el primer país en superficie cultivada, las cifras de consumo interno no son tan halagüeñas y dejan percibir una cultura de alimentación poco ecológica y muy industrial. En el camino, muchos establecimientos hacen la promoción por su cuenta y ‘levantan’ las cifras del sector.

Las cifras en el sector de la agricultura ecológica suben como la espuma año tras año. La superficie que España destina a estos cultivos ascendió en 2010 a 1.674.119 hectáreas y en once Comunidades se produjeron aumentos de la superficie total destinada a estos cultivos. Un ejemplo de ello es  la Comunidad Valenciana, que ha pasado de 38.753 hectáreas a 56.627 en 2010 según los datos aportados por el ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.

La superficie ecológica roturada en 2010, descontando la dedicada a pastos, praderas, forrajes y bosques, ascendió a 604.147 hectáreas, lo que supone un incremento del 5,62%. Los cultivos de legumbres para consumo en seco incrementaron la superficie en un 91,24% y las hortalizas aumentaron un 46%, situándose su área en 39.367 y 10.156 hectáreas, respectivamente. Los cereales siguen ocupando el primer lugar, seguidos del olivar y los frutos secos.Por otro lado, el número de productores del sector primario, también ascendió a 27.887 en 2010, siendo Andalucía la Comunidad donde hay mayor número de ellos establecidos.

Esta Autonomía, que hasta hace bien poco tenía entre sus figuras administrativas una Dirección General sobre la materia, “siempre ha apostado políticamente por la agricultura ecológica y ha apoyado la producción con una fuerte orientación exportadora”, explica el coordinador técnico de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica, SEAE, Víctor Gonzálvez. España es el primer país europeo en superficie, pero con escaso consumo interno, concretamente, menos del 1% del volumen de mercado, según aclara Gonzálvez, que además se muestra muy contento con el texto que se está esbozando de la nueva PAC, ya que, “por primera vez, se menciona este sector y se impulsa y promueve la agricultura ecológica”, apunta.

Productos cosméticos ecológicos.

En cuanto a las industrias ecológicas, el total de establecimientos industriales o de elaboración ascendió en 2010 a un total de 3.327, un incremento del 9,3%. Andalucía encabeza esta lista con 794 locales, seguida de Cataluña con 609 y la Comunidad Valenciana con 399. Aunque Castilla y León no ocupa nigún lugar preferente en las estadísticas del sector, también cuenta con gente dispuesta a vender e impulsar una cultura por lo ecológico y la comida saludable. Es el caso de Écolo, una tienda de productos ecológicos certificados de Valladolid. Sus propietarias, Susana y María José García, son dos hermanas que en 2008 decidieron dar respuesta a sus inquietudes personales sobre la alimentación y plasmarlo en un establecimiento en el que todos sus productos, tanto comestibles como de droguería y cosméticos, gozan de la certificación correspondiente. El Consejo Regulador de cada Comunidad  es quien certifica que la tierra donde se producen esos artículos está limpia y no ha sufrido ningún tratamiento de pesticidas ni de químicos de síntesis. Con los alimentosenvasados se certifica que la materia prima que se utiliza es ecológica y no ha sido sometida a procesos de industrialización agresivos. “No vale con tener la etiqueta de producto ecológico, tiene que tener un sello”, explica Susana.

Los medios de distribución de este tipo de productos son principalmente la venta directa y los canales cortos de comercialización directa, con una relación cercana entre productor y consumidor. Para Susana, este ámbito está muy poco desarrollado porque hay pocos distribuidores y además se está intentando no reproducir los errores que se están cometiendo en la convencional, como el aumento de precios. “Lo que se suele hacer es que los distribuidores compran el artículo a los productores que no se pueden dedicar a labores de comercialización, y marcan entre ellos un pequeño descuento”, matiza antes de añadir que son productos un 20% más caros por su calidad.

Cristina González Navas