domingo, 27 de mayo de 2018

Las diferencias en la duración de las bajas laborales, cuestión de género y nivel

Los profesores Helena Corrales y Ángel Martín.

Las mujeres tardan un 15% más de tiempo que los hombres en incorporarse al trabajo después de sufrir una baja por esguinces, lumbalgias, contracturas o torceduras. Una tendencia que, sin embargo, se invierte cuando se trata de puestos de responsabilidad. Son entonces ellas las que demuestran “un comportamiento más profesional o esforzado que sus homólogos varones”, según el estudio de la Universidad de Valladolid al que ha tenido acceso MERCADOS21.

¿Se puede hablar de un patrón de absentismo laboral en función del género? La respuesta es afirmativa si atendemos a la investigación Glass Ceiling or Slippery Floors? Understanding Gender Differences in the Spanish Worker’s Compensation System, de la que son autores los profesores de la Facultad de Económicas de la Universidad de Valladolid Alfonso Moral, Helena Corrales Herrero y Ángel Martín Román. Su estudio revela que las mujeres tienden a presentar bajas de mayor duración por los llamados accidentes de difícil diagnóstico: torceduras, lumbalgias, luxaciones, esguinces y similares, que son los analizados por los tres docentes.

En concreto, ellas tardan en incorporarse a su puesto de trabajo tras uno de estos percances un 15% más de tiempo que sus compañeros. Y, aunque como señala Helena Corrales, no es posible descontextualizar este dato de las diferentes realidades de los puestos laborales y los lugares de trabajo que corresponden a los dos sexos, en el modelo planteado por los investigadores, que tiene en cuenta estas circunstancias, las divergencias en la temporalidad de las bajas se mantienen entre hombres y mujeres.

Dicho de otro modo, tras analizar los efectos diferenciales de los factores, el equipo ha observado que continúa existiendo una dismilitud en la persistencia de las bajas por género que “no está justificada porque esos grupos tengan características diferentes”, comenta Corrales Herrero.  De hecho, razona, un 40% del total de esa diferente duración se explicaría por esas circunstancias desiguales de la ocupación de hombres y mujeres, pero otra parte algo mayor no podría atribuirse a esas circunstancias, lo que llevaría a la conclusión de que “podría tratarse de un comportamiento más oportunista por parte de las mujeres ante la situación de tener cubierta la contingencia del accidente de trabajo”, señala la experta.

Se trata, aduce por su parte Ángel Martín Román, de bajas muy comunes, ya que constituyen “la mitad del total” y han ido aumentando sensiblemente en las dos últimas décadas. El especialista llama además la atención sobre una de las conclusiones más novedosas del paper, el descubrimiento de que, cuanto mayor es el nivel ocupacional del trabajador, más se invierte la regularidad empírica detectada. Así, las mujeres con cargos de responsabilidad tienen, expresa, “un comportamiento más profesional o esforzado que sus homólogos varones” ya que, en esos casos, las bajas laborales por los accidentes mencionados son más largas entre el colectivo masculino que el femenino en términos porcentuales.

Algo que el profesor de Económicas atribuye a “la mayor presión a la que pueden verse sometidas las féminas en puestos directivos debido a los roles estereotipados que existen la sociedad”, lo que explicaría que sus bajas fueran más cortas. “Hemos corroborado lo que ya venía diciendo la literatura de otros países en cuanto a la duración de las bajas por género para el tipo de accidentes seleccionado, pero nosotros, y eso es lo más novedoso, hemos percibido que el patrón no se repite en todo tipo de ocupaciones”, remarca Helena Corrales.

“Pese a que, en términos globales la temporalidad de las bajas es mayor en el caso de las mujeres, no se puede generalizar, ya que en las que detentan puestos de responsabilidad no se observa ese comportamiento”, subrayan. Los años, en cambio, recalca Helena Corrales, no son un factor clave para determinar diferencias en el comportamiento absentista entre los dos géneros, ya que el modelo que distingue entre las conductas de  hombres y mujeres se repite en los diferentes grupos de edad.

La información recabada para elaborar la investigación se ha extraído de la estadística de accidentes de trabajo publicada por el Ministerio del ramo entre 1997 y 2001, referida siempre a datos administrativos y no basados en encuestas y elaborada gracias a los partes de accidentes laborales, que aluden a características tanto de la lesión como del trabajador y de la empresa.

La muestra seleccionada por los docentes para elaborar el paper se ocupa de los trabajadores que han estado al menos un día de baja a consecuencia de un accidente de difícil diagnóstico, apunta Helena Corrales. La razón, interviene Ángel Martín, reside en su objetivo de buscar “cierto comportamiento oportunista o uso estratégico de la baja por parte del trabajador”, ya que se trata de un tipo de lesiones que son propicias para “alargar o acortar el permiso médico en busca de incentivos económicos”, que es la dimensión que les interesaba analizar.

A estas cuestiones intentan responder en las conclusiones del texto sin dejar a un lado la dificultad de medir una magnitud como el absentismo laboral. “Como nadie lo reconoce, lo que se hace es contabilizar bajas por enfermedad o accidente por contingencia común o laboral” -extremo, este último, al que se refiere su investigación- con el fin de detectar los casos que no puedan justificarse por una cuestión médica. “No nos planteamos los motivos de la lesión o, incluso, si ésta es más o menos cierta”, explica Martín Román.

Los docentes llevan varios años trabajando en el absentismo determinado por accidentes de trabajo con una metodología de modelos de duración. “La siniestralidad ocupacional es un tema poco estudiado desde la perspectiva económica, puesto que suelen preocupar más los accidentes más graves, que no dejan de ser un drama”, matiza Ángel Martín, “pero buceando en el asunto descubres pautas muy curiosas”.

El 'paper' se ha elaborado con datos de la estadística de accidentes de trabajo publicada por el Gobierno entre 1997 y 2001.

Un millón de accidentes

Así, en 2007, que se puede considerar un año previo al inicio de la crisis en España, se registró en torno a un millón de accidentes laborales en nuestro país entre cotizantes en el régimen general de la Seguridad Social. La mitad, indica el docente, fueron torceduras, esguinces y lumbalgias. “Medio millón de este tipo de lesiones, con los costes de incapacidad laboral que generan, es un fenómeno muy relevante y mueve importantísimos recursos públicos”, manifiesta. Además, atendiendo a la duración de las bajas, los investigadores han realizado análisis por regiones y comparativas entre trabajadores por cuenta ajena y autónomos, con un resultado “muy significativo”, según Corrales Herrero, respecto a este último particular: las duraciones son mucho más altas en el caso de los segundos en relación a las de los asalariados con factores como el género y el ciclo económico que podrían justificar este hecho en parte.

Algo que, por lo demás, desmiente una primera intuición, que llevaría a pensar en lo contrario al contar los autónomos con menos prestación por baja laboral. ¿Qué puede ocurrir entonces? Ángel Martín lo desvela: “Estamos teniendo en cuenta las bajas que se han registrado y sucede que los autónomos suelen solicitar solamente las bajas muy graves para evitar faltar a su puesto de trabajo, a diferencia de los asalariados, de ahí que sus tiempos de recuperación sean más largos al tratarse de accidentes más graves”.

En cuanto a sectores, la representatividad de los servicios en los accidentes del tipo contemplado es alta. “Cuando uno estudia este fenómeno por primera vez se sorprende porque existe la idea que hay más bajas en la industria, y es cierto que en ese ámbito se producen los accidentes más severos, pero muchos de los leves ocurren en otros, quizá por las características del trabajo en las oficinas”, indica el profesor Martín Román.

La principal literatura al respecto procede de países como Estados Unidos y Canadá, pero el hecho de que los sistemas de cobertura sanitaria sean diferentes hace difícil la comparación de los comportamientos estudiados en España con los revelados por investigaciones similares en otros países. “No hay que perder la perspectiva del énfasis que el empresario pone en el absentismo laboral y reconocer que la gente abusa de un seguro por accidente es lo que puede ofrecer relevancia a estos estudios, esclarecer la realidad para poder tomar medidas económicas”, señala Ángel Martín. “Es un tema a debate del que empresarios y sindicatos son conscientes y estos trabajos permiten conocer en qué sectores o bajo qué circunstancias se puede producir más, en qué tipo de contratos o trabajadores está más presente y qué factores hay detrás, lo que puede ayudar a encontrar soluciones al problema”, concluye el profesor.

M. Martínez García