miércoles, 26 de septiembre de 2018

La necesaria internacionalización de la empresa española

Marisa Moreno, responsable de la Oficina de Internacionalización de Gaona AbogadosPor Marisa Moreno Castillo, responsable de la Oficina de Internacionalización de Gaona Abogados

En función de cuál sea la causa última de las ventajas competitivas de la empresa en su sector, ya sea coste o especialización en un segmento, la internacionalización de la empresa se producirá de forma diferente.  La exportación, frente a la inversión,  es la forma más común, rápida y fácil de internacionalizarse, porque en contraposición  a otros modos de entrada, requiere menos compromiso de recursos.

El enfoque tradicional considera que las etapas de la internacionalización de la empresa responden a un compromiso creciente y progresivo: la secuencia sería iniciarse a través de la exportación ocasional, continuar por la exportación pasiva, y pasando a la exportación activa hasta alcanzar la etapa del establecimiento de filiales comerciales y productivas, en los países de destino. En la actualidad, este planteamiento secuencial está superado, dado que los límites materiales del negocio se han ido modificando a gran velocidad, lo que impone una internacionalización acelerada en muchos entornos. 

Las características del mercado actual han hecho que se modifiquen los plazos y modos en los que las empresas se internacionalizan, apareciendo la internacionalización casi como una necesidad para asegurar la continuidad de la actividad empresarial. Es evidente que factores como el abaratamiento de los transportes han propiciado la movilidad de personas, mercancías e ideas y ello ha facilitado la globalización de tendencias y patrones de consumo, creando así el concepto de “Aldea Global” que ha dado paso a una más que evidente homogeneidad planetaria.

Exportación e internacionalización "En la actualidad, el planteamiento secuencial está superado, dado que los límites materiales del negocio se han ido modificando a gran velocidad, lo que impone una internacionalización acelerada en muchos entornos", asegura.

Por otro lado, la celeridad de las telecomunicaciones, el alcance de internet y la generalización de las tecnologías de la información han supuesto que la competencia de cada actividad empresarial provenga no solo de una forma local, sino que tenga, en la mayoría de las ocasiones, un carácter internacional. Obviamente, en la necesidad de internacionalización de las empresas está presente, también, el hecho de los desplazamientos de los centros económicos financieros hacia las zonas del Asia-Pacífico e Iberoamérica, así como la disminución de la demanda nacional motivada por la crisis económica.

Todo ello está motivando que la prestación del servicio y la comercialización de los productos se tengan que realizar, necesariamente, de forma más eficiente y directa.

La clave estratégica para internacionalizarse supone que la empresa deba conocer cuáles son las oportunidades y amenazas concretas de su producto o servicio, tanto en el mercado de origen como en el de destino; por otra parte, la empresa debe conocer cuáles son las ventajas competitivas que tiene el mercado de origen, y debe poder pronosticar  y planificar cómo reproducirlas en el mercado de destino.

El valor de las empresas reside hoy en lo que saben, en la gestión de ese conocimiento; en el manejo óptimo del proceso de generación del conocimiento y su uso para la toma de decisiones, lo que hoy se conoce como la inteligencia competitiva. Por tanto, parece obvio que lo inteligente no es aspirar a que nada cambie, sino entender mejor y antes que nadie qué es lo que está cambiando.  De esta manera, se podrán tomar las decisiones adecuadas que llevan a maximizar el efecto positivo y minimizar el negativo de los cambios, y aún más: ser capaz de convertirse en el protagonista del cambio, impulsándolo y promoviéndolo.

El desarrollo de la actividad empresarial en el exterior y su posible éxito, es más complejo en el mercado internacional  que en el mercado interno, básicamente porque nos movemos en un marco legal distinto, porque las prácticas comerciales pueden ser diferentes dependiendo del país y porque las diferencias culturales son determinantes a la hora de afrontar relaciones comerciales.

En el comercio exterior, a pesar de los procesos de integración económica, todavía existen restricciones entre países y bloques económicos que pueden condicionar, retrasar e incluso impedir que el desarrollo de la internacionalización se produzca. También existe una incertidumbre y un riesgo mayores, por ser más vulnerables a cambios repentinos y drásticos en el país donde se va a realizar el negocio, especialmente si se trata de economías en vías de desarrollo.

Para diseñar y aplicar la estrategia de internacionalización es imprescindible que la empresa obtenga, analice y tome decisiones con base en información sobre mercados exteriores en los que expandirse, pero igualmente es necesario contar, dentro de la empresa, no solo con una estructura interna adecuada, sino con una cultura de la internacionalización y hacer un uso eficaz de la misma.

La planificación estratégica de la posible internacionalización es fundamental para el éxito. Con independencia del tamaño de la empresa, siempre será necesario maximizar los recursos destinados a la internacionalización.

Una vez que la empresa haya decidido los países en los que va a realizar su proceso de internacionalización, el siguiente paso es decidir cómo hacerlo. Hay que tener en cuenta que llegar a los clientes en mercados internacionales es más complejo y difícil que en el mercado doméstico, ya que hay una mayor distancia tanto geográfica como cultural.

Es evidente que no podemos abstraernos de la realidad que conforma esta “Aldea Global”, por lo que  la internacionalización deviene en un proceso necesario para toda empresa que pretenda sobrevivir a la próxima década. Se trata de un proceso que requiere tiempo, planificación e inversión, pero si se afronta de forma correcta, los resultados, con casi toda seguridad, irán llegando.