sábado, 22 de septiembre de 2018

La globalización y los alimentos

Por Dámaso Arias, socio-director de Planet Cluster

Durante los años 80 los reajustes económicos y la integración internacional de los mercados obligaron a los países a ajustar las producciones agrarias y ganaderas por, según el momento, el bien de la economía mundial. Lamentablemente, la economía mandaba sobre los índices de mortandad por falta de alimentos. En la última década, el medioambiente ha sido el que ha vuelto a apretar aún más el cinturón con dos acciones nefastas. En primer lugar, la puesta en marcha de las energías alternativas, que ha transformado el mapa agroalimentario en un mapa agroindustrial o agroenergético. Se están produciendo alimentos pero destinados exclusivamente para la producción de energía, lo que ha reducido aún más las producciones alimentarias.

En segundo lugar, debido a la política de apoyo a la reforestación del planeta, a lo que se ha denominado creación de espacios de oxigeno o absorción de CO2. Esta política medioambientalista básica y simplista ha hecho que se planten árboles en entornos naturales de sabana, cambiando tanto los ecosistemas como la climatología de muchas zonas. Si el objetivo es recuperar áreas de bosques robadas por la industria de la madera, la minería y la agricultura, no se puede hacer a costa de otras zonas naturales no creadas por el hombre.

El impacto de todo esto en la alimentación es importante. Ahora, los países asiáticos que despiertan a la necesidad alimentaria se encuentran con que sus necesidades alimenticias no pueden ser cubiertas por los países con capacidad productiva y no por la falta de extensiones de terreno para la producción ni por la inversión necesaria, sino por la propia logística del transporte. Se siguen haciendo las cosas mal. La alimentación no es un elemento de tránsito global, es un elemento local que debe ser solventado de forma local, al menos en su mayor parte, dejando sólo ciertos lujos a la globalización. Son las producciones energéticas y otras del mismo campo las que deben buscar esa globalización sin alterar el mapa de la necesidad alimenticia mundial. La simple reducción de los abusos en las facturas energéticas promovidas por todos los gobiernos del planeta sería suficiente para comenzar a pensar que el hombre y su alimentación tiene que ser algo más prioritario que el medioambiente, la industria y cualquier otra bandera que se quiera enarbolar.

No digo con ello que haya que ir contra el medioambiente, sino que las cosas han de pensarse, dejarse de altruismos planetarios y recordar que ante todo somos personas y tenemos que ser la prioridad, algo que entre todos hemos conseguido olvidar. La tan alabada globalización nos ha deshumanizado, curiosamente. Los terrenos que existen en medio mundo y que sin impacto ambiental podríamos poner a producir serían suficientes para garantizar la alimentación, así como toda la energía necesaria sin estropear el medioambiente. Sin olvidarnos nunca de seguir siendo humanos.