sábado, 18 de agosto de 2018

La eficiencia energética se 'apuntala' con la rehabilitación de edificios

Exterior del edificio Envite del Grupo Lince, un ejemplo de edificación energética. J.Enjuto.

Los compromisos con el medio ambiente en la edificación de edificios comienzan desde su construcción, pero no hay que olvidar el papel que juegan los inmuebles ya existentes. Ellos son el futuro a la hora de aplicar políticas de eficiencia energética, puesto que las nuevas promociones se encuentran en pausa y la rehabilitación y reforma se perfilan como unas salidas sostenibles en el camino de la implantación de la normativa europea.

Cuando se habla de sostenibilidad y de cuidado del medio ambiente, la mente viaja a realidades cotidianas como cerrar el grifo del agua durante ciertas tareas domésticas, aprovechar la luz natural y un sinfín de ‘normas de buen comportamiento’ en el ámbito privado. Ahora bien, si esto se traslada a los edificios al completo resulta una ecuación con muchos factores a cuadrar en una operación de uso eficiente de su energía.

Lo fundamental es que el inmueble esté bien ubicado, es decir, que tenga buen acceso de transporte público y que pueda llegarse a él caminando o en bici. En un segundo término, hay que fijarse en la utilización de los recursos, como por ejemplo si dispone de algún sistema de aprovechamiento de luz natural, que el aparcamiento sea cubierto, la utilización de pinturas de colores claros o de pavimentos permeables... La aplicación de todas estas estrategias es imprescindible en edificios de nueva construcción y la mejor tarjeta de presentación es que no cuesta dinero y tiene efectos múltiples para la sostenibilidad. Pero, en el momento actual, es necesario dirigir la lupa hacia la eficiencia energética, no tanto en las nuevas promociones sino en la mejora de los edificios existentes. Desde el criterio de la sostenibilidad no tendría sentido que para hacer sostenible un inmueble ya en pie “se tirara abajo y se volviera a construir”, afirma el responsable de Energía y Sostenibilidad de la consultora CB Richard Ellis, David Lázaro. La evaluación y el diagnóstico de mejoras no solo se dirige a la fachada o la configuración o distribución del parking sino a las operaciones de mantenimiento. “El primer criterio para que un edificio sea sostenible en esta época en la que no hay obra nueva sería cómo se gestiona de forma eficiente”, apunta Lázaro.

Para ello, hay que tener en cuenta cuánto consume el edificio comparado con la media de edificios de la misma categoría situados en el mismo sitio con el mismo horario, superficie, gente, número de ordenadores y de coches y, a partir de ahí, habría que monitorizar los consumos de energía y aplicar una política de reducción de costes. En palabras de Lázaro, se debe tener en cuenta “en qué cantidad se consume, con qué intensidad y, lo más importante, cuándo se consume. Es como si quieres adelgazar y no tienes báscula”. Hay que identificar dónde están esas oportunidades, medir y establecer un plan para conseguir la mejora continua de la eficiencia energética del edificio.

Inspecciones técnicas

Las inspecciones técnicas de los inmuebles fijan los puntos débiles de los mismos y establecen los procedimientos de mejora de la ‘salud’ del edificio. Los aspectos fundamentales de estas revisiones se centran, sobre todo, en garantizar la seguridad del complejo, las condiciones de salubridad y de las instalaciones del edificio. Para la arquitecta y directora ejecutiva de Cité, María Jesús Llanos, un inmueble es sostenible “cuando el gasto energético es el mínimo con la máxima confortabilidad deseable”. Para que un edificio responda al adjetivo de eficiente energéticamente debe haber una labor del técnico, que tiene que dar soluciones constructivas y de diseño; del constructor, que ha de emplear todo lo que se refiere a nuevas técnicas de obra; y del usuario-propietario; que tiene que mantener el edificio con los criterios de sostenibilidad pertinentes. La inversión en reformar o construir un inmueble de forma eficiente tiene que ser una respuesta, según Llanos, a una actitud por garantizar el confort de las viviendas, mantenerlas con el mínimo gasto y, sobre todo, no destruir el medio ambiente.

En esta tarea de uso racional y consciente de los recursos juegan un papel importante las auditorías. Son el inicio de toda acción en aras de la eficiencia de un edificio, ya que establecen un diagnóstico energético y un estudio de viabilidad. Una serie de medidas concretas de actuación valoradas por medio de una auditoría energética tiene una traducción inmediata en el consumo de ese edificio. Por ejemplo, en cuanto a la iluminación, los tubos de reactancia aumentan un 25% el consumo de la lámpara mientras que los balastros electrónicos reducen un 40% la potencia que se necesita contratar, según la consultora Geyca Energía, que participó en una jornada sobre eficiencia energética organizada por la Confederación Vallisoletana de Empresarios. Una medida estrella para la recuperación de energía es un aparato de transferencia térmica destinado a recuperar energía residual y dirigido, sobre todo, a instalaciones industriales. Es un proceso que necesita un estudio muy detallado pero que ofrece unos efectos muy satisfactorios porque reduce el consumo de gas o gasoil y de electricidad, según la consultora.

Fachada ventilada fotovoltaica de Onyx Solar.

Costes de la energía

Una de las cosas que más duelen y hace reaccionar es cuando el gasto eléctrico afecta al bolsillo. Por eso, mientras se asiste a una escalada creciente del coste de la energía es cuando se observa un uso más racionalizado y consciente de la misma o, como lo describe David Lázaro: “Cuanta más concienciación, más oportunidades de mejora suele haber”. En concreto, el precio de la factura eléctrica ascendió en enero de 2011 un 9,8%. En España, el ‘ticket’ eléctrico contempla dos partidas: Por un lado, el coste de la energía y, por otro, las tarifas de acceso, es decir, los costes que incluye el Gobierno. Solo el 50% de lo que se paga corresponde al coste real de la energía eléctrica consumida; el resto son impuestos, primas al régimen general y elementos de política energética, entre otras cosas. La ‘carrera’ que hoy en día corre España en relación a políticas energéticas parte de una posición de desventaja porque la preocupación básica nacional en este tema ha girado en torno a la garantía de suministro. Mientras, otros países de la Unión Europea, con otra climatología y otra mentalidad y cultura, han crecido a otro ritmo.

Ahora, la UE se enfrenta al reto de armonizar todas las políticas energéticas entre sus miembros, para lo que cuenta con el poder de la directiva europea 2012/31 relativa a la eficiencia energética de edificios, en la que se establece, entre otras cosas, un compromiso de reducción para 2020 de las emisiones totales de efecto invernadero en un 20% como mínimo con respecto a los niveles de 1990, e insta a los Estados Miembros a establecer unos requisitos mínimos de eficiencia energética de los edificios y sus elementos. En esto, España se encuentra en una posición desigual, puesto que, a día de hoy, “no se mide cuánto consume un edificio existente, solo se pone límite a las nuevas promociones”, explica Lázaro, lo que le ha costado al Estado una denuncia por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que exige que se establezcan métodos eficientes y se creen certificados para todo tipo de edificios.

Parón de las primas

Las fotovoltaicas han sufrido un revés con la reciente moratoria fijada por el Gobierno suprimiendo las primas a las nuevas instalaciones del régimen general, en su mayoría renovables. Este cierre de la ventanilla de ayudas económicas responde, según el Ejecutivo, a la necesidad de corregir el desequilibrio entre los costes de producción y el valor de las primas que los ciudadanos pagan en la tarifa de acceso. Una explicación que no contenta al sector fotovoltaico al que le ha faltado tiempo para responder a la medida con duras críticas. Para la empresa fabricante de paneles fotovoltaicos Yohkon, siempre se ha ‘acusado’ a la energía solar fotovoltaica y a las renovables en general de causar los aumentos de tarifa, “pero nadie ha hablado de sus virtudes y de la reducción de dependencia energética de terceros. Esto pasa por la adopción de un sistema similar al de otros países como Italia y Alemania, donde a un usuario se le permite solamente pagar la diferencia entre la energía consumida de la red y la producida por su sistema fotovoltaico”. Puede que la alternativa de la instalación de estos paneles para el autoconsumo sea válida en términos de sostenibilidad. Lo que no es admisible en este sentido, para el responsable de Energía y Sostenibilidad de CB Richard Ellis, es si la producción de esa energía se vende, porque entonces, “la motivación es especulatoria”. Además, la fabricación de módulos fotovoltaicos requiere “muchísima más energía que la que producen, con lo que, a nivel energético, no es muy sostenible”, apunta.

Todos los países tienen una previsión de consumo energético muy alta para los próximos años, con lo que los costes de producción se van a encarecer, la energía será más cara y esto va a conducir a una racionalización de su uso. El futuro estará en diferenciar a las empresas que asimilen las pautas de eficiencia energética como un punto más dentro de su plan de responsabilidad social corporativa.

Palencia ahorra el 10% del gasto anual en iluminación

El plan de ahorro energético puesto en marcha por el ayuntamiento de Palencia en junio de 2011 ha conseguido ahorrar en seis meses 90.000 euros con respecto al gasto de 2010, es decir, el 10% del total anual en iluminación que ronda, según el Consistorio palentino, el millón de euros. Este paquete de medidas está compuesto de iniciativas como el apagado selectivo de luminarias y el descenso de la potencia de las mismas. El objetivo de estas actuaciones es la búsqueda de la eficiencia a la vez que se presta un servicio público con un gasto ajustado al coste real. El Ayuntamiento ha puesto en marcha estas medidas de forma coyuntural para contribuir a equilibrar el presupuesto y a la espera de iniciar el nuevo sistema de gestión inteligente de la energía.

Cristina González Navas