domingo, 23 de septiembre de 2018

La banca española protagonizó la mitad de las fusiones europeas

El repunte lo marcó la reestructuración de las cajas, que tienen ahora cuatro alternativas.

El valor de las fusiones y adquisiciones en el sector financiero en Europa creció un 54% en el tercer trimestre de 2010 -un 87% si se compara con el mismo periodo del año anterior-, y alcanzó los 16.800 millones de euros, según el último análisis de la consultora PricewaterhouseCoopers, que destaca cómo la banca española estuvo presente, como parte compradora, en tres de las seis mayores operaciones del trimestre -con una inversión de 3.643 millones de euros, el 29% del valor total de esas 6 transacciones-.

Independencia o cuotas El informe de PwC concluye que “dadas las circunstancias, no parece realista ni recomendable permanecer ajenos a los cambios que potencia la reforma normativa. Menores márgenes, reducción del volumen de actividad, incremento de morosidad o las exigencias de Basilea III obligarán a las entidades a trabajar de manera distinta a como lo han hecho hasta ahora. Aunque hay cajas que siguieron políticas de riesgo estrictas y no se plantean acometer cambios estructurales a corto plazo, es preciso tener en cuenta que éstas podrían encontrarse con nuevos retos si se produjera un encarecimiento significativo del pasivo y un endurecimiento de la política monetaria”.

Una de las ventajas de esta opción es que “la mayor exposición de las cajas a los mercados supone aceptar una mayor disciplina por parte de éstos”. Entre los inconvenientes, cabe destacar que “las cuotas participativas son instrumentos financieros menos reconocidos que las acciones de los bancos, por lo que será preciso favorecer su homogeneidad, sencillez, liquidez y solvencia. Si no se consigue hacer de las cuotas una opción atractiva, se resentirá su potencial para captar capital de calidad”.

Traspaso o SIP En un tercer escenario, “el traspaso del negocio financiero a un banco sería la mejor fórmula para reforzar y ampliar los recursos propios de las entidades, debido a la mejor aceptación de las acciones que de las cuotas participativas por parte de los mercados”, explica el estudio. Además, “aumenta la exposición de las cajas a los mercados, lo que refuerza la disciplina y la presión para conseguir mayores niveles de eficiencia. Esta opción puede reforzar su potencial para atraer capital si se apoya en un sólido ejercicio de valoración”.

Esta alternativa también plantea inconvenientes, como, por ejemplo, “ciertas indefiniciones regulatorias que persisten, especialmente en lo relativo a las competencias reguladoras de las comunidades autónomas. Además, la existencia de accionistas externos puede generar tensiones, que podrían aumentar a medida que disminuya el porcentaje de capital del banco poseído por la caja”.

En cuanto a los SIP, permiten la integración sin llegar a tener el alcance jurídico y económico de una fusión. Aunque en la práctica el funcionamiento de un SIP “reforzado” no debería ser muy diferente al de una fusión, las cajas preservarían la personalidad jurídica, los órganos de gobierno, las marcas, las obras sociales y las sedes. Los objetivos y la normativa sobre los SIP han cambiado en los últimos meses para permitir una verdadera reestructuración del sector. Así, si los SIP superan ciertas dificultades de gestión, “podrían ser una de las fórmulas más positivas y con capacidad para generar sinergias. Entre los inconvenientes, cabe citar los posibles conflictos entre los grupos de interés de las entidades que integran el SIP”, concluye el análisis.

M.C.F.