sábado, 18 de agosto de 2018

Indización y dolarización en hiperinflación

Por Daniel Sorichetti, especialista en Comercio, Marketing y Relaciones Económicas Internacionales

Algunas funciones de la moneda-dólar (de reserva, de unidad de cuenta y, en fin, para los bienes durables de medio de circulación) sustituyen a las funciones de la moneda nacional. No se trata de una sustitución de moneda, salvo cuando se declara la hiperinflación, sino de una sustitución de las funciones de una moneda por las de otra. Esto explica que dos monedas existan parcial y conflictivamente en las fases de hiperinflación galopante cuando cada función la satisfacen en diferentes grados de intensidad. Es por lo que a veces se dice que en este caso hay dos monedas, la de los pobres y la de los afortunados.

Las primeras tienen poco acceso al mercado financiero y no pueden preservar su poder de compra adquiriendo seudodólares (por eso, compran el máximo de bienes de consumo en cuanto perciben un ingreso); las otras se benefician de esta indización. Para algunos, cuyo nivel de ingreso no es muy elevado, esta indización se identifica con una demanda de moneda en seudodólar como precaución y, para otros, los más ricos –que son los menos–, con una demanda de moneda de especulación. Estos últimos son los que se benefician a la vez de esta especulación, porque sus ingresos están indizados con una variable (la tasa de cambio paralela vía la tasa de interés) que predice una inflación futura.

El mercado paralelo anuncia de modo más creíble que el mercado oficial las tasas de cambio del futuro, pues tiene en cuenta las expectativas de inflación. Es por esto que la tasa de cambio establecida en este mercado puede servir como indizador de los precios y los expresados en la circulación de estos seudodólares son menos estables. La indización de precios puesta en práctica por las empresas de acuerdo con el valor de los bonos del tesoro preserva un mínimo de coherencia de sus precios relativos.

El mercado conserva entonces la legibilidad propia de un periodo con débil inflación, salvo cuando los precios no tienen la capacidad de seguir con fidelidad la variación prevista del tipo de cambio, de modo que éste se define por el tipo de cambio paralelo. Esta indización constituye una dolarización de la economía porque la moneda nacional no cumple la función de unidad de cuenta, sino estos bonos que desempeñan el papel de seudodólares. Es pasiva en la medida en que constituye una respuesta de los agentes económicos al desorden de los precios que sigue a la hiperinflación y a la pérdida de legibilidad del mercado. Se la llama activa cuando la decreta el Gobierno, como fue el caso de Argentina con el Plan Cavallo en abril de 1991.