domingo, 19 de agosto de 2018

El Papa tiene 76

Por Puri Paniagua, socia de Pedersen & Partners

Resulta curioso que una de las organizaciones con mayor número de stakeholders del mundo –la Iglesia Católica– haya escogido como líder a un energético argentino jesuita de 76 años. ¿Es mayor o es joven para el puesto? Debe estar en la media de edad de los sucesivos Papas y a la Iglesia no le ha ido nada mal... Probablemente, es la organización más antigua de nuestra civilización. A ver si aprendemos algo.

Fuente: clarin.com

En nuestro país, por encima de los 70 años sobreviven en su función escasamente algunos presidentes de multinacionales o empresas familiares. Aquellos que funden empresa, negocios y vida y tienen la suerte de que no hay nadie en su organización que les pueda echar. Vivimos la disyuntiva de estar alargando, por decreto ley, la vida laboral hasta los 67 o más allá, mientras que toda empresa que puede se desprende de los ‘talluditos’ que han cumplido los 50 años.

Asumo mi parte de culpa y me flagelo, pues yo también les pido a los candidatos de un proceso que no cuenten su edad en el encabezamiento de sus credenciales, que retrasen el momento de contarlo –cual trágico pecado– hasta haber conseguido interesar lo suficiente al empleador. Como si fueran Sherezade encantando al Sultán.

Quizás debemos plantearnos de donde viene el mito actual de la juventud. Todo lo nuevo es atractivo, adorable, deseable. Nadie ridiculiza los contorneos y grititos de Justin Bieber, un imberbe adolescente que mueve masas, pero todos nos reímos de las imágenes de los abuelos en Benidorm bailando al sol de Los Pajaritos. ¿Por qué Justin es mejor que María Jesús la del acordeón?

Consumimos fast-food, nos adornamos con fast-fashion, practicamos fast-sex, cambiamos de pareja y valoramos la juventud como un triunfo, como un valor. Divino Tesoro. En las noticias de los distintos canales, es difícil encontrar presentadoras que pasen de los 35 años. Hombres sí hay, dirigiendo el timón en la mayoría de ocasiones. Pero las copresentadoras suelen ser jóvenes veinteañeras. Indicio de que la exigencia de juventud es mayor en la mujer que en el hombre. Es probable que todo tenga que ver con la asunción en estas generaciones de la satisfacción inmediata, del placer como máximo sentido de la vida.

Los mayores de 50 años, profesionales con amplia experiencia en su sector e industria, suelen haber desarrollado en profundidad sus capacidades técnicas, han aprendido la necesidad de comprometerse con un proyecto para hacerlo mejorar y para aprender uno mismo, tienen necesidad de contribuir en una empresa, puesto que la mayoría tienen todavía hijos adolescentes a quienes mantener y dar ejemplo, han desarrollado el empowerment, se hacen cargo de las situaciones y las decisiones.

Hay quien cree que tienen menos energía, interés o que son menos dúctiles que un profesional con 10 ó 15 años menos. Desde mi experiencia, la energía y el interés no tienen edad, sino personalidad. Hay personas de 30 años que no tienen energía y el Papa Francisco parece que va sobrado de ella. Será el mate.

Por eso, los empleadores debemos concienciarnos a la hora de valorar y aceptar profesionales de edad. Debemos promover otros tipos de relación profesional que contemplen las colaboraciones puntuales de expertos, los supertemps (super temporales), que faciliten la incorporación al mercado de personas con mucha experiencia y que puede que tengan dificultades en encontrar posiciones de su nivel en un mercado en recesión como es el nuestro. Apostar por la diversidad no es solo facilitar oportunidades a mujeres, discapacitados... También, considerar a los de más edad. Los profesionales ‘talluditos’ –con cariño– tienen que insistir en su valor y diferenciación. Y como dice el Papa Francisco, rezar mucho. A él le funcionó.