lunes, 21 de mayo de 2018

¿Cómo se valora una empresa?

Artículo de Francisco Hidalgo Mozos, responsable del área de Empresas de TINSA. Departamento de Valoración y Grandes Cuentas.

Francisco Hidalgo, responsable del área de Empresas de TINSA.

Llevar a cabo un proceso de valoración de una empresa es cada día una necesidad más importante y básica. El incremento de los distintos negocios jurídicos que se realizan entre las empresas y entre éstas y otros agentes económicos hacen necesarias cada vez más estas actuaciones. Es precisamente en épocas de incertidumbre y de dificultad en la predicción y previsión de los acontecimientos económicos futuros, cuando se hace más imprescindible resaltar el concepto de valor y los procesos que ayudan de forma objetiva a determinarlo.

En todo proceso de valoración de una empresa es precisa una primera reflexión: ¿para qué? y ¿para quién?, es decir, cuál es la finalidad de la misma. La respuesta a estas preguntas nos lleva a conocer las finalidades y motivos múltiples por los que tanto agentes internos, como propietarios o accionistas, y externos, como inversores o entidades financieras, se posicionan como posibles demandantes de este valor.

A lo largo de la vida de una empresa son muchos los motivos que originan la necesidad de ser valorada: operaciones de compraventa, ampliaciones de capital con entrada de nuevos socios e inversores, salidas a bolsa o valoración de empresas que se encuentran en proceso de expansión, herencias y testamentos así como disolución de sociedades conyugales, daciones en pago de deuda, procesos de reestructuración de deuda y obtención de líneas de financiación, concurso de acreedores y un largo etcétera.

Conceptualmente se puede definir la valoración de una empresa como el proceso mediante el cual se busca la cuantificación de los elementos que constituyen su patrimonio, su actividad, su potencialidad o cualquier otra característica intrínseca de la misma, susceptible de ser valorada. En definitiva, un buen procedimiento de valoración lleva implícita la posibilidad de medir el impacto de las diferentes políticas futuras en la creación de valor de la compañía, pudiendo existir diferentes escenarios.

Para seleccionar una metodología de valoración es importante hacer unos correctos análisis e interpretación de la situación financiera del negocio y definir la estructura operativa que mejor engloba la realidad de la compañía. Igualmente importante es realizar un exhaustivo estudio de los aspectos financieros de la empresa y de la industria en que se desenvuelve, con un contraste sectorial.

La metodología más reconocida y financieramente aceptada es estimar el valor mediante el descuento de flujos de caja, ya que de esta forma se puede concretar la potencialidad o el recorrido que tiene la empresa en cuanto a la posible generación de valor, tanto para accionistas como para terceros interesados. Mediante el método del descuento de flujos de caja libres, inicialmente se parte de un escenario de valoración de la empresa en continuación, estimando las posibles expectativas de generación de flujos de caja mediante la realización de las actividades que le son propias.

Igualmente, este método permite conocer o determinar cuáles serán las hipotéticas necesidades de financiación de la empresa a lo largo del tiempo, así como sus excesos de liquidez, lo que finalmente ha de permitir una mejor gestión y planificación de la misma.

Desde otro punto de vista, una valoración patrimonial de la empresa parte de la hipótesis de estimación del valor de mercado de los activos, ignorando las posibles expectativas de generación de flujos de caja provenientes de la explotación de esos activos. Por lo tanto, en esta metodología se convierte el valor de mercado en hipótesis de liquidación, partiendo de la contabilidad (método estático), en el primer referente del hipotético precio a pagar por un tercero ajeno, fijando el valor objetivo de mercado a través de las tasaciones de los distintos activos realizadas por los profesionales del sector correspondiente. Obviamente, se trata de una valoración estática que supone prestar atención al valor patrimonial y que tiene muy en cuenta el ratio precio/valor contable como estimación de la hipotética diferencia entre los apuntes contables históricos y el valor de mercado actual, con especial relevancia e importancia de los bienes inmuebles.

Se valora la empresa en función del valor en venta de sus activos, ajustando el valor contable de los mismos a valor de mercado y deduciendo las deudas igualmente ajustadas a valor de mercado, todo ello después de impuestos e incluyendo activos y pasivos contingentes. Es decir, partiendo de los datos contables proporcionados por la empresa, se ajustan los mismos a valor de mercado para calcular el neto patrimonial y estimar así su valor de liquidación.

Por último, y no por ello menos importante, siempre que sea posible hay que aplicar el método de comparación, bien analizando operaciones similares a las que se haya tenido acceso o bien haciendo un análisis de aquellos ratios que mejor puedan captar la realidad operativa y financiera de la empresa, homogeneizando sectorialmente los mismos a efectos de hacer más factible la comparación. A pesar de las dificultades que conlleva todo proceso de valoración de empresas y de que el valor pueda verse afectado por diferentes circunstancias que rodean al propio proceso, éste siempre debe manejarse con profesionalidad y confidencialidad.