sábado, 20 de octubre de 2018

Comercio internacional y normas laborales

Por Daniel Sorichetti, especialista en Comercio, Marketing y Relaciones Económicas Internacionales

Las teorías de los mercados laborales de las corrientes clásica, neoclásica y keynesiana comparten algunos rasgos pero tienen marcadas diferencias: todas buscan explicar precios y cantidades en el mercado laboral, aunque difieren en las bases axiomáticas que utilizan para determinarlos. Según la teoría clásica tradicional, en el mercado laboral se intercambia la mercancía fuerza de trabajo a su costo de producción. El salario real se fija al margen de las cantidades y éstas se determinan por las condiciones de la demanda. Desde esta perspectiva, el laboral operaría como un mercado de precios relativos autónomos, por lo que puede funcionar con desempleo; es decir, hay exceso de oferta de mano de obra o, lo que es lo mismo, sobrepoblación en la economía. Debido a la naturaleza conflictiva de las relaciones sociales entre capitalistas y trabajadores en cualquier país, el exceso de mano de obra desempeña un papel muy importante en el funcionamiento del mercado laboral, pues impide el aumento de los salarios reales ante incrementos de la demanda y disciplina a los trabajadores.

Para la escuela neoclásica, en el mercado laboral se intercambian servicios laborales por dinero. Los mercados laborales, como cualquier otro, operan como si fueran walrasianos, esto es, cuando precios relativos y cantidades se determinan de manera simultánea e independiente de la estructura del mercado. Esta teoría postula que el exceso de oferta de mano de obra debería ser cero. Sin embargo, todos los países capitalistas tienen tasas de desempleo positivas y variables, lo que revela la inconsistencia de esta teoría.

"No sólo no hay algo parecido a la libre movilidad internacional de la fuerza de trabajo, sino que en todas las economías centrales los trabajadores migrantes se han usado políticamente como chivos expiatorios de los graves problemas de desempleo que las aquejan".

Para Keynes, el mercado laboral es distinto de los demás: las relaciones sociales son más impersonales y su funcionamiento depende de lo que dure la relación de trabajo. Además, es decisivo el papel del sindicato, pues a) resiste la reducción salarial en términos nominales y b) presiona para que los salarios relativos (en términos reales) sean inflexibles a la baja. La realidad de América Latina muestra incluso que en algunos países (Colombia, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Perú y Uruguay) los salarios mínimos reales urbanos han disminuido, lo que pone en evidencia los planteamientos keynesianos.

Los sindicatos de los países industrializados son los que pugnan con mayor beligerancia por la homologación de las normas laborales y ambientales a fin de evitar que las empresas de sus economías se trasladen a las naciones con menores costos y ellos pierdan su trabajo.

Desde la óptica metodológica, se puede afirmar que la globalización, entendida como el aumento acelerado del comercio, los flujos financieros y la integración económica, ha traído consigo la tesis de que por efecto de los procesos de integración se ha entrado en un mercado mundial de la fuerza de trabajo. Ello se fundamenta en que la extraordinaria movilidad del capital ha permitido el cambio de un espacio geográfico a otro en busca de las mayores ventajas relativas, incluidos de manera destacada los diferenciales de salarios.

Sin embargo, esa globalización está muy lejos de ser realidad ya que entramos en la era del fin de las migraciones libres. No sólo no hay algo parecido a la libre movilidad internacional de la fuerza de trabajo, sino que en todas las economías centrales los trabajadores migrantes se han usado políticamente como “chivos expiatorios” de los graves problemas de desempleo que las aquejan. El tema laboral, al igual que el ambiental, son aspectos cruciales de las actuales negociaciones comerciales multilaterales y bilaterales. De temas debatidos por diplomáticos, académicos, empresarios, gobiernos y sindicatos, se han convertido en “asuntos comerciales”, pues el cumplimiento de las normas laborales y ambientales se ha constituido en una herramienta política muy atractiva por su carácter eminentemente internacional.

Las normas ambientales y el comercio exterior se han tratado en diversos estudios que consignan argumentos a favor o en contra del establecimiento de políticas homologadoras. Por otra parte, los asuntos relacionados con las normas laborales y el comercio internacional se han estudiado con menos rigor. De ahí que el acercamiento a ese tema se considere un reto teórico-metodológico sin duda relevante.