jueves, 24 de mayo de 2018

Cajas rurales, nadie cierra la puerta a nadie

No podían permanecer ajenas a la concentración que condiciona el día a día del sector financiero español. Con la vista puesta en consolidar su posición en el nuevo marco económico y tras años de resistencias por parte de sus directivos, las cajas rurales, urgidas por el Banco de España, que pretende poner fin a su atomización en algunos territorios, empiezan a moverse

Todas las posibilidades están abiertas en los próximos meses en la batalla campal que están librando las cajas rurales por consolidarse dentro del sector financiero. Tras muchos años de resistencias por parte de sus directivos estas entidades de crédito han empezado a moverse. Todavía es necesario esperar la evolución de unos acontecimientos que se van sucediendo a ritmo acelerado y que están poniendo patas arriba esta porción del sistema financiero español, un 2,5% de los activos totales. Los contactos entre los responsables de las diferentes cajas rurales de toda España son continuos, según han explicado a MERCADOS21 círculos próximos a estas entidades financieras. Nadie cierra la puerta a nadie, como ha demostrado el reciente acuerdo de fusión entre los dos ‘gigantes’ del sector: Cajamar y Rural Caja. La entidad resultante se denominará Cajas Rurales Unidas, Sociedad Cooperativa de Crédito. Y es que las cajas rurales, esas ‘grandes desconocidas’, son una parte significativa del entramado financiero español. Sin embargo, tan sólo una veintena, entre cajas rurales y entidades de crédito cooperativo, registró beneficios superiores al millón de euros en el primer semestre de 2011 y se pueden contar con los dedos de una mano aquéllas con resultados significativos. En primer lugar, la almeriense Cajamar, con 12,4 millones de euros, es una de las que está jugando un papel decisivo en la transformación y consolidación del sector, tanto vía fusiones convencionales (Caja Rural Toman posiciones tras la reciente fusión de las dos grandes del sector, Cajamar y Rural Caja del Duero, Caja Rural de Castellón, Caixa Balears y CajaCampo) como frías, a través de asociaciones con entidades de crédito cooperativo. Al dificilísimo entorno financiero provocado por la crisis, estas entidades añaden entre sus deficiencias la escasa formación de los miembros de sus consejos rectores, su falta de competitividad al carecer de balance y su gran concentración en determinadas comunidades autónomas.

Este panorama ha sido el que movió al Banco de España antes del verano a mover ficha, urgiendo a las cajas rurales a iniciar jetivo es poner fin a una gran atomización que se hace especialmente aguda en algunos territorios, como el de Valencia, y cuyo papel en el actual escenario financiero está aún por definir. Concretamente, la intención hecha pública por el Banco de España es que las 73 cajas existentes en la actualidad queden reducidas a 15 que se encuadren en dos grandes grupos. El proceso sigue en curso y se están dando importantes pasos, aunque todavía queda un largo camino por recorrer no exento de muchas dificultades. Una buena prueba de ello lo constituye el rechazo mostrado días atrás por la Asociación Española de Cajas Rurales a la petición de la mayor de ellas, Rural Caja, para crear un gran grupo consolidado. En una carta enviada a la mencionada asociación los responsables de Rural Caja lamentaban no haber podido reunir los apoyos suficientes para unir el cooperativismo de crédito español y anunciaban que continuarían trabajando para conseguir procesos de integración con el objetivo de mejorar la eficiencia del sector.

Las cajas rurales, marca conjunta utilizada por las entidades cooperativas de crédito autónomas, se han aglutinado hasta la fecha en torno a la Asociación Española de Cajas Rurales, que nació en 1989 y que hoy cuenta entre sus filas con 73 de estas instituciones, entre las que no figura la Caja Laboral, una de las sociedades cooperativas de crédito más importante, y la propia Cajamar, que se salió después de un largo proceso judicial. Estas entidades, que tienen una singular personalidad jurídica, siguen jugando un papel razonable dentro del escenario financiero tanto por activos como por la amplitud de su clientela, que ahora quieren aumentar aprovechando el espacio territorial que está dejando la reordenación del sistema y, muy especialmente, de las cajas de ahorros. Se trata de una figura existente en toda Europa y a esta categoría pertenecen nombres tan importantes como la francesa Crédit Agricole o la holandesa Rabobank.

Un nuevo mapa

Desde un primer momento, se ha trabajado con una ‘hoja de ruta’ que pasa por el proyecto de crear dos grandes conglomerados con la intención de que, posteriormente, deriven en un solo bloque, algo que, hoy por hoy, no es todavía una realidad. El primero de los movimientos ha sido canalizado a través de Rural Caja y su grupo cooperativo Cajas Rurales del Mediterráneo, al que hasta la fecha se han sumado más de 30 cajas rurales de todo el territorio. En esta opción se encuadran también la Caja Rural de Granada, la de Navarra y la de Canarias, que representan el 82% del capital del Grupo Caja Rural. El segundo estaría conformado por otra treintena de cajas rurales y liderado por la Caja Rural de Toledo, la de Ciudad Real y la de Canarias , que representan casi el 10% de los activos del Grupo Caja Rural. Lo cierto es que, al margen de la mencionada ‘hoja de ruta’ marcada por el Banco de España, se están produciendo importantes movimientos con la finalidad de acaparar parcelas de poder con las que posicionarse mejor cara a la formación de estos dos conglomerados.

Hasta la fusión de Cajamar y Rural Caja, el mapa ha quedado de momento formado por tres SIP y dos grandes fusiones, además de la protagonizada y por Cajamar. Este grupo cooperativo, nacido de la fusión de Caja Rural del Duero, Caixa Rural Balears y Caja Campo, es el primer grupo de crédito cooperativo y sigue creciendo y fortaleciéndose a base de fusiones y asociaciones con otras entidades (ocho entidades de Almería, Comunidad Valenciana y Baleares), Cajas Rurales del Mediterráneo (formado por una quincena de entidades de la Comunidad Valenciana que lidera Rural Caja), el Grupo Cooperativo Ibérico (dos andaluzas y una extremeña, liderado por la Caja Rural del Sur), Soventia (formado por cinco andaluzas y una extremeña) y dos fusiones regionales: Globalcaja en Castilla-La Mancha (cuatro entidades) y Nueva Caja Rural de Aragón (dos entidades). Por otro lado. Ipar Kutxa, una cooperativa de crédito del País Vasco, ha llegado a un acuerdo de integración con Bankoa, del grupo francés Crédit Agricole. Uno de los movimientos más importantes lo acaba de protagonizar Castilla y León, que cuenta con seis cajas rurales: Salamanca, Soria , Zamora, Burgos, Segovia y Fuentepelayo. Las tres últimas decidieron a principios de noviembre unir sus rurales en una nueva cooperativa, tratando de ocupar el terreno que han dejado las cajas de ahorros ya incluidas en entidades de mayor tamaño. Presumiblemente, estas cajas darán nuevos pasos en 2012 para integrarse en algunos de los grandes bloques antes referenciados. Esta nueva caja tendrá su domicilio social en Segovia y la sede operativa en Burgos. Su Consejo Rector lo integrarán 17 miembros: nueve designados por Burgos, cuatro por Segovia y uno por Fuentepelayo, un consejero laboral y dos de carácter independiente.

A diferencia de lo ocurrido con las fusiones en las cajas de ahorros, el reparto de poder no ha sido en esta ocasión ningún obstáculo en las negociaciones que se han mantenido para conducir a buen puerto esta fusión fría y el proceso ha sido complejo pero relativamente breve y rápido, ya que ha concluido en un año. La nueva entidad estará presidida por Pedro García Romera (Caja Rural de Burgos) y sus dos vicepresidencias recaerán en Félix Moracho (Segovia) y Juan Cruz Serrano (Fuentepelayo), mientras que el cargo de director general será asumido por Ramón Sobremonte (Burgos).

El objetivo de la operación es hacerse con la vinculación territorial y la cercanía que han perdido las cajas de ahorros y poner en marcha la nueva entidad en el mes de mayo. Contará con una plantilla de 270 empleados y una red de 107 oficinas que operará en Cantabria, La Rioja y cinco provincias de Castilla y León: Burgos, Segovia, Ávila, Palencia y Valladolid. Andalucía y Extremadura son otras regiones afectadas por estos movimientos. La Caja Rural de Utrera ha logrado sacar adelante Soventia, su fusión con otras cuatro cordobesas y la de Almendralejo. Esta fusión ha creado una entidad con más de 1.000 millones de euros en activos, 205 empleados y 61 sucursales. La creación de este nuevo grupo ha sido de hecho la respuesta de la Caja de Almendralejo a la decisión de la Rural de Extremadura de incorporarse al grupo de Crédito Cooperativo Ibérico, impulsado por la sevillana Rural del Sur y al que se ha sumado también la Rural de Córdoba.

Redacción Castilla y León.