domingo, 27 de mayo de 2018

Antonio Papell: “Ya no se pueden concebir opciones ideológicas a la medida de un solo país, han de ser a escala europea”

Antonio Papell, nacido en Palma de Mallorca de familia ampurdanesa, es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y periodista. Entre 1977 y 1981 fue director general de Cultura con el ministro de UCD Pío Cabanillas y asesor del presidente Adolfo Suárez en Moncloa hasta incorporarse en el 82 a la Administración y ha sido hasta hace muy poco director del Servicio de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional. En su “otra vida”, la periodística, ha sido editorialista de Diario 16 y de La Vanguardia y director adjunto de Ya y es desde los 80 editorialista y articulista político de Vocento. Mantiene una columna diaria en Colpisa desde hace décadas, es colaborador asiduo de El Economista y ha publicado artículos en muchos periódicos, habiendo recibido diversos premios profesionales. Participa o ha participado en tertulias políticas en CNN+, Cuatro, Telecinco, TVE24H, La Sexta, la televisión autonómica de Castilla-La Mancha y ABC Punto Radio, entre otros medios. Ha publicado varias novelas, la última titulada El sol sobre la nieve, que, editada por Algaida, obtuvo el VIII Premio de Novela Corta de la Diputación de Córdoba. Es autor de varios ensayos, como Zapatero 2004-2008. La legislatura de la crispación (Foca/Akal) y acaba de publicar El futuro de la socialdemocracia en la misma editorial. Hace unas semanas fue nombrado director de la Revista de Obras Públicas y asesor de comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

M. Martínez García   I    Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    I    16/01/2013

Sostiene Antonio Papell que la izquierda europea ha entrado en una profunda crisis que afecta a la solvencia del sistema democrático. “Hoy tenemos que sortear la amarga paradoja de combatir la crisis con los criterios que nos han traído hasta ella”, señala en El futuro de la socialdemocracia, su último libro, en el que reflexiona sobre la necesidad de que la ciudadanía se rebele a la condena “de vivir en una sociedad desarticulada, sin valores éticos de convivencia, sin redes de solidaridad, sin instituciones de socorro mutuo y sin sistemas de previsión social que la protejan contra la inseguridad, el dolor y la muerte”.

Antonio Papell, ingeniero, periodista y escritor, asegura que “los estados de bienestar, construidos con mucho trabajo tras la II Guerra Mundial, salen muy laminados de la crisis y se necesita una ideología que programe su recuperación”.

En su reciente libro, El futuro de la socialdemocracia, defiende que la crisis es responsabilidad de un liberalismo exacerbado y sin control…

Sí, es el modelo dominante prácticamente desde el 75, tras los años gloriosos de la socialdemocracia, y nos ha conducido a la mayor crisis de la época contemporánea, ya que la del 29 fue menos intensa y más corta. Por eso, se debe rescatar esa opción ideológica que fue arramblada por un liberalismo no siempre honesto intelectualmente y que ha mantenido una serie de sofismas intencionados. Sus marcos del lenguaje han arrinconado a la socialdemocracia, que tiene que ser resucitada para restituir una dialéctica de poder entre dos opciones, porque la democracia se fundamenta en que los problemas tienen como mínimo dos soluciones. Hay que volver al centro-derecha y al centro-izquierda y al debate entre ellos como síntesis para que la democracia evolucione.

Los estados de bienestar, construidos con mucho trabajo tras la II Guerra Mundial, salen muy laminados de la crisis y se necesita una ideología que programe su recuperación para los que hoy lamentan verse desprovistos de los grandes servicios públicos universales y gratuitos que eran una conquista occidental y que dejan de serlo de forma precipitada. Con todos estos mimbres, mi ensayo propone una serie de recomendaciones para el resurgimiento de un centro-izquierda a escala europea, porque no se pueden concebir opciones políticas a la medida de un solo país. En Europa existe una derecha muy bien organizada que gobierna y una izquierda desunida a pesar de que Hollande ha ganado unas elecciones en Francia. Por eso, propongo una socialdemocracia europea, que no tiene nada que ver con la internacional socialista, en el marco de la federalización a la que hay que someter al Eurogrupo.

Es decir, a su juicio tiene futuro la socialdemocracia y también el Estado de Bienestar.

No tengo dudas. El segundo proviene de un deseo de los seres humanos de seguridad, que es un anhelo tan importante como la libertad. No hay una sin la otra. La derecha y la izquierda han dado hasta ahora predominio a uno de los dos conceptos. La izquierda ha sido partidaria de una seguridad en el sentido de que exista una solidaridad para todos y la derecha ha sido más partidaria de la libertad. Son dos polos que, moderados y sin radicalismos, deben seguir existiendo y esa dialéctica es la que nos puede proporcionar un futuro cada vez más perfeccionado.

En cambio, vivimos momentos en los que muchos economistas defienden el liberalismo.

Pero estoy convencido de que la ciudadanía, no. El Estado de Bienestar tiene prestigio y la gente está entusiasmada con una Sanidad y una Educación universales, de calidad y gratuitas que se están perdiendo a ojos vista. Es un anhelo que no se va a conseguir coartar, aunque los ricos siempre prefieran pagar menos impuestos y costearse ellos mismos los servicios que quieren consumir. En cambio, hay que mantener la idea de un Estado civilizado y nivelador que nos hace a todos iguales en el origen, aunque a partir de ahí cada uno siga su destino. Es inmoral no tener en ese origen las mismas oportunidades y que una persona capacitada para estudiar no pueda hacerlo por falta de medios, y no digamos que alguien se muera por no poderse tratar un cáncer, como pasa en muchos países del mundo como Estados Unidos.

¿Pero esa igualdad de oportunidades es tal? Porque, aunque los alumnos partan, digamos, de la misma línea, no todos lo hacen con las mismas zapatillas para llegar a la meta. Algunos, por ejemplo si su familia no puede ofrecerles apoyo económico o intelectual, salen descalzos…

Estoy de acuerdo y por eso ha de haber un periodo de acompañamiento, de ahí que la reforma del ministro Wert sea tan reaccionaria al establecer itinerarios educativos demasiado pronto. Los niños llegan a la escuela con diferentes condiciones, los hay que han vivido un ambiente de libros y otros no. Allí se trata de darles un bagaje parecido y algunos llegan a los niveles del resto antes y otros más tarde, pero el hecho de que a los 13 años el que no dé la talla sea desviado a la Formación Profesional y no vaya a la Universidad es una marginación muy prematura. Yo creo que hay que mantener un itinerario único hasta los 15 ó 16 años. Hay que apostar por cursos de apoyo e integración para que los que rindan menos traten de coger el paso de los adelantados, eso es un Educación progresista y democrática.

¿Y si hubiera muchas posibilidades de trasvase entre itinerarios más adelante?

Pero es que, a la hora de la verdad, no se producen. Los sistemas tienen recursos limitados. Los mayores de 25 años pueden ir a la Universidad pero sólo existen casos individuales muy aislados. Lo importante es que el sistema general sea muy integrador.

¿No supone esto retrasar y no potenciar al excelente para que el más torpe alcance un nivel parecido?

Creo que el excelente saldrá adelante en la vida y que por eso es prioritario ayudar al otro con un tratamiento especial para no retrasar las clases hacia el menos capaz, aunque eso suponga más recursos económicos. No se trata de paralizar el progreso de los escolares, pero los que se queden atrás han de tener una ayuda suplementaria. El brillante encontrará su camino y deben existir, claro, centros públicos para superdotados, pero estamos hablando de unas docenas de personas en todo el país cuando el fracaso escolar en España es del 30%. Es un tremendo error, por eso, que los gobiernos recorten en Educación y en I+D, dos partidas que no deberían tocarse, y además es algo contrario a las doctrinas liberales. Estamos intentando incrementar la productividad y para ello reduciendo salarios y despidiendo a trabajadores, pero incrementando la investigación y las inversiones en I+D también aumenta y sin dejar cadáveres en el camino. Las universidades están hoy incendiadas porque se ha reducido un 80% el dinero para la investigación y un 18% el destinado a la educación superior, lo cual es una aberración y es inconcebible que lo defiendan quienes dicen creer en el mercado y en la competitividad.

¿Es partidario de una mayor regulación en términos financieros?

Sí. El Estado ha de tener escasas competencias pero muy concretas y dentro de ellas son fundamentales la regulación y el control. Debe regular los sectores de actividad para que no haya monopolios, ni corrupción, para que se preste atención al bien común. La falta de ese control nos ha llevado a situaciones como las que atraviesan hoy en día las cajas de ahorros, que revelan un tremendo fracaso del Estado y en concreto del Banco de España, que en esta crisis no ha sabido ni establecer las normas ni vigilar su cumplimiento para evitar que hayamos creado una oligarquía que se ha enriquecido en las cajas de manera lamentable y vergonzosa.

Y eso que se nos decía que el sistema bancario español era de los mejores del mundo…

Ha sido un engaño en parte intencionado, porque se ha enriquecido todo el que ha podido en cajas y bancos, y en parte debido al deterioro no previsto a causa de la burbuja inmobiliaria. Ha fracasado la figura del economista, del experto, porque nos hemos dado cuenta de repente de que el suelo, el bien más preciado hasta 2008, empezaba a perder valor. Hoy en día no vale dinero porque no se puede vender y tampoco se puede meter en los balances porque se desconoce su valor. Ha sido algo gradual y unas instituciones que parecían saneadas con muchos activos han visto cómo perdían peso. Ahora, el core capital de los bancos ha caído en picado, se les ha podrido el inmobiliario entre las manos. Parece mentira que nadie se diera cuenta en los años 90 de que esto terminaría así. Algunos decían incluso que era una invención y que no pasaría nada, conviene echar la vista a esas declaraciones de gente muy conocida hace no tanto tiempo.

¿Estamos entonces ante una crisis de valores?

Los valores de la derecha son menos estrictos que los de la izquierda, que tiene una superioridad moral. Los de la derecha, entre los que no está la solidaridad, son más acomodaticios y fáciles de manejar, porque no todo vale en la economía y la empresa. Personas como Díaz-Ferrán han tenido una dilatada carrera empresarial cuando todo el mundo sabía cómo ganaban su dinero, igual que Ruiz-Mateos, que ha cometido la mayor estafa piramidal de este país y no está en la cárcel, algo asombroso. Las hipotecas basura no son más que el timo de la estampita: envolver en un papel lujoso recortes de periódico y venderlos, lo cual es una gran inmoralidad.

¿Quién podría liderar en España esa socialdemocracia por la que aboga?

Eso es muy complicado, no lo sé. Pero sin duda gente nueva y nuevas generaciones. Con toda la razón, el electorado achaca a Rodríguez Zapatero y a los que le rodeaban una parte importante en la responsabilidad de la crisis. Creo que son cómplices, aunque no los principales responsables de algo que viene de atrás como es la burbuja, que procede de los 90. Pero la gente tiene derecho a querer librarse de los que le han metido en este berenjenal, por eso los nuevos líderes han de ser personas que no hayan tenido nada que ver en anteriores legislaturas con el Gobierno. El modelo es el del año 2000. Con el PSOE en una situación extrema con Almunia como reciente perdedor de unas elecciones y tras el follón que hubo con Borrell, se decide convocar un congreso que tuvo cinco candidatos a la secretaría general del partido, todos nuevos excepto Bono. Pues bien, ganó uno que era un perfecto desconocido. Algo parecido habría que hacer ahora, pero ahí no pueden estar ni Rubalcaba ni Chacón.

Se comenta en los medios que bastantes compañeros están animando mucho a Eduardo Madina pero que él no se decide…

Tiene muchos apoyos en el PSOE pero no sé si suficiente entidad para liderar un partido político de los más importantes del país. No sé por qué tanta obsesión con él, hay muchos diputados de su edad que están preparados. Hay que convocar el congreso pronto, dedicar 2013 a reflexionar y a decantar las filias y las fobias en torno al partido y a principios de 2014, no en 2015, como quiere el aparato actual, que se presente quien quiera. Estará seguramente Patxi López, al que le gustan estas cosas, Tomás Gómez, Eduardo Madina, probablemente Chacón, aunque no ganará, el manchego García-Page, que es muy competente pero que como alcalde de Toledo aún no ha demostrado nada… El que se lleve el gato al agua, que se ponga al frente como hizo Zapatero en su momento.

¿Se presentará Rajoy dentro de tres años? Se han hecho largos sus primeros 12 meses de legislatura…

Es un misterio… Creo que saldrá muy achicharrado de esta aventura. Cuando pasan las tragedias las personas quieren olvidarse de ellas. Churchill perdió las elecciones después de haber ganado la II Guerra Mundial. Ojalá Rajoy nos saque de la crisis y luego revalide su mayoría, pero no le auguro un futuro muy boyante.

¿Hay alguna forma de evitar que políticos, mediocres además, se perpetúen en sus cargos y hagan de la política una carrera vital y no un servicio público durante un periodo de tiempo para antes y después dedicarse a otras actividades? ¿No es momento de cambiar un sistema que da mucho poder a los partidos, con listas cerradas y bloqueadas, que tuvo sentido tras una dictadura en la que no existían pero que ha dejado ya de tenerlo?

Está claro que hay que cambiar el sistema de representación. Los políticos actuales están a merced de los aparatos de los partidos, que son quiénes les ponen en las listas y eso implica que no tienen ningún compromiso con el electorado y sí con sus jefes, que disponen de su vida y de su hacienda. En cuanto a cómo hacerlo, la polémica está servida. Yo soy partidario del sistema mayoritario. El británico me parece magnífico: se presenta todo el que quiera por una circunscripción y sale el que más votos tiene. Eso fomenta el bipartidismo puro, con las terceras vías en práctica desaparición y así Izquierda Unida, UPyD… no tendrían nada que hacer. Y en el caso de comunidades nacionalistas como Cataluña o País Vasco, desaparecía de ellas el PP.

Pero también hay otros caminos manteniendo el sistema proporcional, como la apertura y el desbloqueo de listas. Es complicado técnicamente pero se puede hacer, lo que no es de recibo es continuar como hasta ahora por una endogamia partidista que permite cosas tan pintorescas como que una telefonista se convierta en vicesecretaria general de un partido gracias a los corrillos y las amistades que ha acumulado en el aparato. Eso es aberrante. Hay que abrir los partidos y permitir que la diversidad y la empresa accedan a ellos. Y que algunos jóvenes pasen temporadas en un partido, entren y salgan, o que un empresario decida dejar su compañía unos años y se presente a diputado y luego regrese a sus negocios… Eso es muy saludable y pasa en Estados Unidos, donde la política no está profesionalizada. Aquí, en cambio, se consagra la mediocridad y se expulsa a los valiosos porque ninguna lumbrera intenta ser diputado con un sueldo de 3.000 euros al mes toda su vida porque aspira a más. Es urgente abrir las puertas y las ventanas de la política.

“El periodista es un mediador social insustituible”.

¿Para cuándo la reforma de la Constitución? Nadie le pone el cascabel al gato…

Sería buen momento ahora para resolver el problema de los nacionalismos. Habría que cerrar esa cuestión homogeneizando y armonizando el Estado, que son dos palabras que los nacionalistas no quieren ni oír, pero Europa nos va a imponer en breve el fin de los privilegios de navarros y vascos y una forma de quitar dramatismo al tema es apostar por un Estado Federal que contenga el concierto y el cupo. El cupo tendrá que ser mejor y más rigurosamente pagado pero dentro de esa estructura federal, que incluye recomponer el Senado y convertirlo en una verdadera cámara de representación territorial sin elección directa. Los senadores deben proceder de las regiones, como en Alemania, y han de tener capacidad legislativa plena en las leyes territoriales.

Dada su intensa trayectoria en el mundo periodístico. ¿Cómo percibe el presente de la profesión?

Soy bastante optimista. El periodista es un mediador social insustituible y hay que contar lo que pasa, aunque se hayan juntado dos grandes crisis, la económica y la de la comunicación. Ha llegado el colapso financiero en plena digestión de las posibilidades de internet, pero el futuro del Periodismo ha de ser brillante. Habrá muchos menos periódicos en papel, serán casi testimoniales... Con todo lo demás está por construir. La cantidad de medios digitales compitiendo con una calidad cada vez mayor es una gozada. El futuro es bueno aunque diferente, con otros sistemas de comunicarnos e informarnos. La fusión de todos los medios, incluso las televisiones, en un continuo dominado por la red, augura un porvenir rico, gozoso y con trabajo, pero hay que espabilarse y olvidarse de las antiguas formas de contar noticias.

Gestores avariciosos y desaprensivos

La crisis económica ha sido y está siendo un fenómeno complejo que, como ocurrió con la depresión de 1929, tardará años en ser convenientemente diseccionado y ubicado en su contexto por los analistas. Sin embargo, para Antonio Papell –y así lo refleja en su último libro, El futuro de la socialdemocracia– está claro que lo sucedido a partir del crack de las subprime fue el colapso súbito del modelo neoliberal, que, a fuerza de suprimir regulaciones y controles, “permitió el abuso avaricioso de los gestores desaprensivos del sistema financiero, que a la postre lo llevaron a la quiebra”. El autor opina que la hegemonía intelectual de la derecha le ha permitido eludir en buena parte ante la opinión pública global la realidad de la gravísima crisis. “El pensamiento conservador tiene la pretensión de salir indemne del desastre y el cinismo de los neoliberales es tal que, además de pretender sacar al mundo del atolladero por procedimientos semejantes, si no idénticos, a los que se usaron para provocar el desastre, culpan ahora a los gobernantes socialdemócratas de la recesión”, señala, convencido de que la crisis ha puesto de relieve la necesidad de que se mantenga “una opción ideológica partidaria de que el Estado conserve un papel definido como promotor y prestatario de los grandes servicios públicos y como regulador de diversas actividades y mercados que inciden decisivamente en el bienestar colectivo”.