miércoles, 27 de mayo de 2020

La larga marcha hacia la sostenibilidad y la eficiencia energética

A pesar de que el término sostenibilidad se ha convertido en los últimos tiempos en un vocablo de uso común entre responsables de organizaciones y empresas, no suele existir una definición unitaria del concepto. ¿Qué es, pues, el desarrollo sostenible? El informe Brundtland lo definió, allá por 1987, como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas.

M. Martínez García   I    Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   I    Sigue al autor en @m_pinciana   I    26/03/2013

Satisfacer las necesidades de las empresas preservando los máximos recursos para atender a futuras demandas es cada vez más importante y las nuevas tecnologías tienen mucho que decir al respecto.

Mantener o mejorar el medio ambiente y la calidad de vida de la ciudadanía, utilizar los recursos de forma eficiente, desarrollar tecnologías y energías ‘limpias’, restaurar los ecosistemas dañados y promocionar la autosuficiencia son algunas de las características del llamado desarrollo sostenible, pero, ¿se trata de tareas, digamos, voluntarias por parte de las compañías o existen instituciones que velan por su cumplimiento? Entidades como la Fundación Biodiversidad y el Observatorio de Sostenibilidad Española acompañan en este afán a las cátedras creadas en los últimos años que, a través del desarrollo y la investigación y gracias a la formación y la divulgación, inciden en la adopción de innovaciones tecnológicas y energéticas en los procesos de producción con el fin de contribuir a la sostenibilidad.

Reforzar la capacidad de supervisión y control y ampliar las obligaciones de trasladar información a estos organismos son, todavía, temas pendientes. Las normas que el Gobierno incorpora al ordenamiento jurídico en este sentido y en particular en materia de emisiones, ahorro, eficiencia energética y renovables, siguen por regla general las directrices y los compromisos internacionales que asume la Unión Europea. Y existen, no se pueden olvidar, políticas más coyunturales, como los incentivos para la compra de vehículos eléctricos o el apoyo a las energías ‘limpias’ gracias a incentivos fiscales. ¿Y si se prima pero no se obliga? Muchos de los expertos consultados por este periódico consideran las actuales inspecciones insuficientes. A pesar de que la introducción en los planes de negocio de las empresas de medidas encaminadas a reducir el impacto de sus instalaciones y actividad en el medio ambiente y a disminuir el consumo energético con el objetivo de ahorrar a medio plazo es cada vez mayor.

“Lo que se necesita es sentido común y, luego, la letra de las leyes”, señala el sociólogo y arquitecto José María Ezquiaga, Premio Nacional de Urbanismo. Por su parte, el también arquitecto y director del Grupo de Investigación SCI (Sostenibilidad en la Construcción y la Industria) de la Universidad Politécnica de Madrid, Justo García, lo tiene claro: “Ser sostenible suena bien, vende… Y si preguntamos por ahí nos encontraremos con que existe una conciencia medioambiental desarrollada. Pero otra cosa es que la gente, y sobre todo ahora, esté dispuesta a sacar dinero de su bolsillo para ahorrar en energía. Si son conscientes de las ayudas económicas y fiscales que hay e interiorizan que se trata de una inversión que se amortiza en un plazo breve, puede que lo hagan, pero estos extremos se desconocen en gran medida”. Por eso, García apuesta por cambiar las costumbres y fomentar el ahorro gracias a la tecnología. Y cree que las nuevas generaciones tendrán mayor conocimiento de un asunto que beneficia a todos.

La clave estaría, entonces, en satisfacer las necesidades actuales de la sociedad preservando los máximos recursos naturales para atender a las futuras demandas, algo que se antoja esencial para la pervivencia a largo plazo de las actividades empresariales. Y está claro que las bases de este modelo deben ser la I+D+i y la formación. También, cómo no, la financiación. Malos tiempos para que sea la Administración Pública la principal emisora de fondos. Entender que la inversión se amortiza y, a partir de un determinado momento, da beneficios, es hoy más complicado que hace algunos años por la falta de liquidez que lastra las inversiones para acometer las reformas que conducen a ese ahorro. Pero el objetivo es que cada edificio industrial sea autosuficiente en energía porque “eso influye en la productividad, el rendimiento y la calidad de los productos o servicios”, asegura Ezquiaga.

Para ello, la actitud y el cambio de mentalidad es fundamental, reconoce el analista, y a esa toma de conciencia han de ayudar las leyes. “Hay mucho camino por recorrer y cosas aún difíciles de asimilar, en especial por el sobrecoste, pero sí existe cierta inquietud por estos temas”, señalan desde la empresa Lanea. Es importante no olvidar que no son sólo los inmuebles de nueva construcción los que han de asumir mayores compromisos con el medio ambiente, sino también los ya existentes, con una mejor gestión y control de los consumos y la aplicación de una política de reducción de costes de energía.

Entender que la inversión se amortiza y, a partir de un determinado momento, da beneficios, es hoy más complicado que hace algunos años por la falta de liquidez que lastra las inversiones para acometer las reformas que conducen a ese ahorro.

Porque resulta que, en crisis, han aumentado los que consideran que su ahorro es más importante que antes, aunque esta percepción que revelan las encuestas no haya acelerado la adopción de hábitos eficientes. Para Ezquiaga, algunos países como Francia, Reino Unido y los estados nórdicos llevan dos décadas de adelanto respecto a España en este sentido. Pero en toda Europa ‘cuecen habas’ y existen, asevera el urbanista, edificaciones de mediados del siglo XX e incluso anteriores con “grandes déficits en instalaciones y acondicionamiento energético”, algo que no ocurre, a su juicio, con las infraestructuras. Un parque de los 50 del que buena parte está a punto de alcanzar su vida útil.

“No habrá colapsos, pero sí obsolescencia y agravamiento de patologías”, circunstancias que van a requerir mano de obra cualificada en un campo en el que la tecnología tiene un papel protagonista ya que la producción y el ahorro de energía, las telecomunicaciones y el abaratamiento de los sistemas existentes en beneficio de los consumidores dependen, en gran medida, de ella. Pero todavía queda mucho por hacer. “Se han dado pasos, aunque insuficientes”, comentan en Petrus, donde se quejan de la cantidad de diferentes legislaciones regionales y municipales que existen sobre la materia, frente a las estatales, lo que consideran “un hándicap para la iniciativa privada”.

Exportación

El know how que España exporta en sectores como la alta velocidad ferroviaria y las propias renovables es de gran interés cuando la exportación y la internacionalización parecen casi la única ‘tabla de salvación’ de muchas empresas en unos tiempos que “han de estimular la investigación en materiales y tecnologías más eficientes que permitan mejorar la competitividad del sector y su salida a otros mercados”, manifiesta Ezquiaga.

El docente apuesta por incidir en el constante buen mantenimiento de edificios e instalaciones industriales, algo que además convierte esta actividad en inagotable y continua. “Las empresas especializadas tienen una clientela permanente y menos dependiente de coyunturas económicas”, afirma. El profesor de Urbanismo de la Universidad Europea de Madrid, Francisco Javier González, va más allá al pedir que la concesión de un crédito para la renovación de espacios deba obligar a que las intervenciones incorporen “criterios de sostenibilidad como parámetros de calidad”. Sin embargo, para este experto el sector, que ya ha experimentado una considerable reducción en los últimos años, “no volverá a alcanzar las dimensiones de la última década”.

Y eso pese a que el ámbito de actuación para lograr la tan ansiada eficiencia energética es muy extenso: desde la cimentación a las fachadas, pasando por el saneamiento, las carpinterías, la calefacción, el aire acondicionado, los elevadores, el aislamiento… Innovaciones que traen aparejada una nueva estética. “El futuro no está escrito para nadie y el talento se encuentra en cualquier rincón del mundo, pero cuanto más responsable y consecuente sea el bypass riqueza-inversión social, mejor herencia dejaremos para las futuras generaciones, que es el objetivo de una estrategia sostenible”, subraya el economista y profesor del Instituto de Práctica Empresarial, José Antonio Pérez. Una concienciación en la que tienen mucho que ver, más allá de las sanciones, la educación y el tiempo.

 

EnCORTO: Empresas y proyectos eficientes 

Las compañías no paran de anunciar iniciativas relacionadas con la eficiencia energética. Así, Iberdrola acaba de presentar un Máster de Administración de Empresas en la industria energética global denominado MBA in the Global Energy Industry, junto a la Universidad Pontificia Comillas y la de Strathclyde, con el fin de formar a los profesionales del futuro en este sector y desarrollar habilidades de gestión y liderazgo centradas en el contexto global del segmento. Mientras, Gas Natural Fenosa publicaba en fechas recientes su octavo índice de eficiencia energética, cuyo principal indicador registró el pasado año un estancamiento en los hábitos de consumo de energía según el cual los hogares castellanoleoneses tienen un potencial de ahorro superior a los 82 millones de euros en su factura energética. La energía susceptible de ser ahorrada equivale a la que consumen 1,3 millones de ordenadores encendidos durante un año o a la energía necesaria para producir agua caliente para 100.000 hogares.

Un mejor uso de la energía podría, además, evitar la emisión a la atmósfera de 218.000 toneladas de dióxido de carbono, una cantidad similar a la que emitirían 54 vuelos de ida y vuelta entre España y Australia. El estudio analiza además las costumbres que implican un esfuerzo pequeño, pero que suponen un ahorro importante y revela que se mantienen hábitos eficientes, como el apagado de la calefacción cuando no se utiliza, el uso de lavadora y lavavajillas en carga completa o la revisión anual de la caldera, pero que existe una tendencia a la baja en aspectos relacionados con el control. Sus resultados se han obtenido a partir de más de 3.800 encuestas realizadas a finales de 2012 y referidas a cuatro aspectos: cultura energética, mantenimiento, control energético y equipamiento.

 

Las innovaciones, una constante

Por Saúl Torres, profesor de la Universidad de los Andes

En los últimos tiempos, asistimos a infinidad de propuestas innovadoras en el mundo de la generación energética vinculadas al ahorro y a la protección del medioambiente. Hablar de la generación de hidrógeno, por ejemplo, es hablar de innovación, pero la realidad es que hace 3.000 años los griegos ya hacían uso de técnicas para la obtención de hidrógeno a partir del agua. En definitiva, las innovaciones como tales son muy pocas y la ciencia ya las contempla.

La mejora energética tiene mucho que ver con la liberalización de fórmulas más eficientes para su tratamiento. Cuando vemos una termoeléctrica percibimos un sistema potencialmente contaminante, una industria que expulsa al aire miles de toneladas de vapor de agua. Los grandes beneficios económicos que han generado todos estos sistemas han eclipsado el buen hacer y la optimización de la técnica, que como tal existe. Una correcta recuperación de esos vapores de agua nos permitiría generar otros elementos adicionales en el campo de la energía.

Hablar hoy de trigeneración es hacerlo de un elemento obsoleto y poco rentable, pues las eléctricas bajaron los precios para que las gasistas no se transformaran en un competidor, pero la trigeneración a partir del gas se puede obtener a partir de distintos gases. ¿Qué pasaría si este gas fuera el hidrógeno obtenido simplemente del agua? Pues que esa eficiencia pondría probablemente a más de una multinacional ante un conflicto financiero importante.

Un tema latente desde la época de la II Guerra Mundial es el proceso de síntesis de Fisher Tropsch, por el cual se puede sintetizar, a partir del carbón térmico de baja calidad –como el que se tiene en las minas de cualquier punto de España, paradas la mayoría a día de hoy–, energía eléctrica, térmica y derivados combustibles de alta calidad. Sólo Sudáfrica lo está utilizando para generar sus combustibles al no tener capacidad petrolera, pero hasta ahora los costes eran elevados debido a que los catalizadores químicos eran caros y contaminantes. Sin embargo, el mundo evoluciona y los sistemas de generación y sintetización a través de catalizadores, también, de modo que la revolución en la eficiencia energética apenas ha comenzado.

Los catalizadores bioquímicos –un campo de investigación en el que llevo trabajando más de 25 años–, son ecológicos por ser biodegradables y altamente económicos. Constituyen, pues, otra ventana a la oportunidad de ‘romper’ los sistemas y poderes de generación energética. El abaratamiento de los mismos nos proporciona la oportunidad de hacer visibles a sistemas de saneamiento de agua mucho más eficientes, económicos y baratos de mantener y nos ofrece poder sintetizar combustibles y alcoholes a partir del carbón de forma ridículamente económica, así como generar frío a partir del calor de manera más eficaz.

La búsqueda de la eficiencia energética es una constante hace años, la clave radicará siempre en los intereses económicos de los que la manejan. Si es un hecho, ¿por qué la factura eléctrica sigue subiendo permanentemente?

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